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Las inundaciones en El Colli y la realidad de los derechos humanos en Zapopan

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Manos Libres

Por Francisco Macías Medina / @pacommedina

Hace ya décadas Angelina y José tuvieron que salir de su poblado ubicado en otro estado de la república debido, principalmente, a la falta de trabajo en las actividades agropecuarias y los bajísimos ingresos que provocaban una situación de sobrevivencia.

Como muchas otras personas en nuestro país, pensaron que en la ciudad encontrarían mayores posibilidades de trabajo, de sueños y de un lugar donde poder volver a imaginar su futuro.

Reiniciar la vida en las ciudades, como la de la Zona Metropolitana de Guadalajara, en muchas de las ocasiones pareciera introducirse a una especie de área gris que refleja la grave condición en las que se encuentra la pobreza urbana: empleos precarios, autoempleos o fijación de un destino en una actividad de la economía informal, tan satanizada por las administraciones municipales; vivienda con rentas ajustadas a una especulación proporcional a las graves necesidades de las personas que poco a poco las disminuye patrimonialmente.

Existencia de territorio, ese que durante muchos años jamás fue regulado por las autoridades para el desarrollo urbano, pero que quedó en manos de “autoridades ejidales” -una especie de pseudo autoridad- que hipoteca el futuro de miles de personas por el sueño de un lugar que se convierta en una vivienda.

En el lugar, amplias zonas son divididas por avenidas que son conocidas porque cruzan el poniente de la acomodada ciudad, pero en realidad fungen como separadores de estatus y de dotación de servicios públicos básicos, los cuales prácticamente se diluyen conforme es más visible la exclusión de las personas.

Los pasados 24 y 26 de julio de 2021, se realizaron eventos de lluvia que cotidianamente llenan los espacios de los medios de comunicación, pero que en esta ocasión el llamado arroyo “seco” se transformó en lo contrario al dañar más de 300 casas de 21 colonias de la zona, lo que significa la paralización de la vida de más de 1000 familias.

El “control de daños” – herramienta de guerra muy utilizada hoy en día en las salas de las oficinas de comunicación gubernamentales- realizado por la autoridad municipal de Zapopan y del Gobierno del Estado, fue tratar de comunicar el apoyo a los damnificados y acelerar la limpieza del lugar, hasta se convocaron a servidores públicos de varios municipios.

Los testimonios de los pobladores surgieron, así como las protestas y las imágenes de la zona, las cuales daban cuenta del abandono histórico de la zona y del reclamo ante la falta de una seguridad humana indispensable. 

Entonces la autoridad comenzó a hablar de ilegalidad en la tenencia de la tierra y de invasión a los cauces del arroyo, como vía tradicional para hacer responsables a los pobladores de su situación y ya estigmatizados, evitar que la sociedad se solidarice con ellos.

Afortunadamente varias organizaciones civiles y universidades integradas en la Red Pro Rehilete – nombre tomado por una de las colonias, cuyo origen era un asentamiento irregular sin servicios públicos-, reaccionaron de forma inmediata al llamar a la solidaridad. Afortunadamente la ayuda urgente comenzó a fluir con prontitud.

Lo ocurrido no es un desastre natural sino una cadena de omisiones de autoridades federales, estatales y municipales, que atentan contra los más elementales derechos humanos de los pobladores de El Colli, ya que el desastre evidencia que más de 6 mil manzanas de la zona se encuentran a 50 metros o menos de cuerpos de agua superficial (INEGI, 2016) por la invasión de causas, donde la unidad de Protección Civil ha documento la existencia de 52 puntos de inundación.

Tampoco la intervención actual de las autoridades puede ocultar las anteriores inundaciones de 2011 y 2016, en las que cuales se proporcionó la misma justificación.

Recientemente a raíz de los incendios forestales del bosque de La Primavera, la misma unidad ordenó la intervención inmediata ante los riesgos de desplazamientos por la impermeabilidad de la zona, lo cual inexplicablemente no se realizó.

Como se aprecia con claridad, hoy la realidad de uno de los municipios con mayores indicadores de desarrollo del país como lo es Zapopan,  pasa por la de su población en mayor situación de vulnerabilidad como lo son los pobladores de la zona de El Colli, donde las condiciones para el desarrollo humano se han detenido.

No bastará la limpieza de calles o la reposición del menaje. Será necesario revisar las condiciones que impiden la autorrealización de esos habitantes, actuar de manera temprana en sus riesgos ambientales y modificar todo aquello que los amenace.

Sin ellos no puede existir ni ciudad, ni mucho menos una para niños y niñas, como dice el lema del municipio-.

Mientras tanto que nuestro oído se afine para la solidaridad y el apoyo a los habitantes, así como a las organizaciones que los acompañan.   

*Para la elaboración se tomaron datos proporcionados por la Red Pro Rehilete

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