Retratos, intervenciones con sal, telas que evocan la piel, álbumes fotográficos y un manual para atravesar el dolor, son algunas de las técnicas artísticas que podemos encontrar en Nosotrxs, un proyecto realizado por la fotógrafa Alejandra Leyva.
Se trata de un trabajo principalmente fotográfico que narra la sobrevivencia de diez personas que fueron víctimas de violencia sexual infantil. Para ello Kendall, Andrea, E, Ada, Ana, P, Andy Alfonso, A y M abrieron su historia frente al lente de la fotógrafa.
Esta obra se convirtió en la primera exposición individual de la artista que fue inaugurada el 01 de febrero y la cual estará expuesta en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas (MUPAG) hasta el 26 de abril.
Texto y fotos por Leslie Zepeda / @lesszep2
Alejandra guarda un álbum fotográfico donde acumula historias de su infancia junto a su familia. Lo sostiene en sus manos mientras cuenta cómo este se convirtió en una pieza detonadora para crear Nosotrxs, su más reciente proyecto fotográfico que la llevó a realizar su primera exposición individual en uno de los museos más reconocidos de Guadalajara.
En la azotea de su casa, abrazada por la panorámica de la ciudad, organizó su estudio. Un cuarto estrecho con un ambiente cálido gracias a la luz directa que entra por una de las ventanas. En el centro de la habitación permanece lo más importante, un escritorio con su laptop, una cámara análoga, lentes y un montón de materiales.

En él también mantiene el la estatuilla emisario que ganó en diciembre de 2024 el Premio Jalisco de Periodismo bajo la categoría de Fotoperiodismo con su proyecto fotográfico Los maestros del Kauyumari, un fotoreportaje. Este galardón significó “uno de los momentos más felices dentro de mi carrera profesional al ser la primera mujer” en ganar el premio bajo esta categoría.
En 2026 reconoce que su estilo se inclina mayormente a una fotografía más experimental, más abierta a la incomodidad, aquella incomodidad que viene con el cambio y la vulnerabilidad.

¿Cómo crear un proyecto fotográfico donde también se cuenta tu historia?
El Diccionario de la lengua española define “nosotros” como la forma de nombrar a un grupo del que quien habla también es parte. Es esta idea la que atraviesa el proyecto fotográfico de Alejandra Leyva, donde la obra no solo se aprecia: se habita, se comparte e invita a reconocerse dentro.
La creación de esta obra surgió desde el año pasado, cuando Alejandra Leyva se postuló en la convocatoria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Tomó el riesgo de dar un salto de fe por su trabajo, ya que era su única y última oportunidad para participar en éste, debido a los criterios de límite de edad. La fe encontró certeza: Nosotrxs fue elegido entre los cientos de proyectos —entre 200 y 300— que se presentan cada año.
Sin prever lo que vendría, Alejandra estaba por enfrentarse a una de las etapas más retadoras. Su carrera profesional que conlleva 10 años se enfocó en su mayoría al fotoperiodismo, por lo que este proyecto revolcó lo que ella concebía de su obra y estilo:
“Voy a contar la historia de otros, pero yo también estoy involucrada emocionalmente me lo destrozaron porque uno venía con su ego bien puesto, yo recién había ganado el premio, entonces me sentía bueno, divina. A mí me llegó un punto en que yo ya no podía ver las fotos. Las veía ahí y me ponía de malas, las editaba así sin querer verlas”.


El arte siempre trae consigo claroscuros, a los que Alejandra se enfrentó al tener críticas duras y concisas sobre su trabajo en una etapa donde creía tener todas —o al menos la mayoría— de las respuestas sobre su obra. A pesar de ello este no fue el momento más confrontativo sino aquel cúmulo de momentos que dieron pie a que se gestara Nosotrxs.
Vivir un evento de violencia sexual infantil entorpece la memoria, así lo cuenta Alejandra. El dolor, el miedo y lo que ella nombra como “vergüenza prestada” dificulta reconocer que se fue víctima de un abuso y más en un contexto de niñez, donde no se concibe un hecho así.
La violencia sexual en la infancia desordena los recuerdos, así lo cuenta Alejandra Leyva. El dolor, el miedo y esa “vergüenza prestada” como la nombra, vuelven difícil reconocer el abuso, más aún en una etapa en la que no existen las palabras, ni entendimiento para lo ocurrido. Para ella pasaron años, hasta la adolescencia, atravesando esa bruma en la memoria.
Me di cuenta cuando tenía 15 años y empecé con mis clases de sexualidad y dije, ‘Ah, cabrón. Esto no era no era adecuado que se hiciera’.
La vergüenza prestada a la que ella hace referencia tiene una relación con el enjuiciamiento social que viven las personas que viven algún acto o evento de violencia, así lo reconoce la fotógrafa, quien asegura que el peso recae en las víctimas, a quienes se les asigna culpa, responsabilidad que no es suya:
“La vergüenza de ninguna persona que vive un episodio de violencia desde los más crueles como la desaparición, la violencia en la infancia o la discriminación, ninguna es de nuestra. Ninguna le pertenece a la persona que la está viviendo. Se la prestaron”.
Esa vergüenza prestada, impuesta socialmente, se transforma en silencio: un silencio que agranda al monstruo de la violencia sexual infantil. Aunque este es intangible, significa una barrera que impide a las víctimas nombrar lo ocurrido y a la sociedad reconocerlo y prevenirlo. Así se genera un círculo que se repite: vergüenza, silencio y la permisividad que contribuye a que la violencia continúe.
“Te trastoca, lo agarras, lo conviertes y te lo quedas. Nadie sabía que había pasado mi abuso, ni siquiera yo sabía que había pasado mi abuso. Me di cuenta de la importancia de hablar de las violencias no solo es por el hecho, sino por lo que queda”, reconoció.

Cuando Aldejandra inició el trabajo de producción de Nosotrxs (se) encontró similitudes en las ideas y sentimientos de aquellos testimonios que reunió para su proyecto. Kendall, Andrea, E, Ada, Ana, P, Andy Alfonso, A y M: así les nombra ella para cuidar su identidad, con la intención de resguardar las vivencias que le confiaron y que aún conservan rastros, como esporas, de esa vergüenza prestada.
A partir de estas reflexiones la fotógrafa se preguntó qué pasa después. Por supuesto, el hecho en sí parte la vida de las infancias, pero ¿qué puede llegar a significar eso?. Puede desencadenar relaciones violentas, suicidio, la violencia siempre escala, ella supuso. Ahí fue donde llegó con Nosotrxs. Lograr retratar y visualizar mediante la fotografía las sensaciones, las emociones que quedan para las infancias que la viven — “Lo primero que pregunté es, ¿qué recuerdas?” —
Frío, soledad, enojo, oscuridad fueron las palabras donde más se encontraron lxs participantes del proyecto. Materializar emociones no es sencillo, además al crear arte, como la fotografía, también tuvo en cuenta que no fuera monótono visualmente. Es decir, afrontó el reto de expresar lo que vivieron cuidando la armonía y contraste de los colores, las texturas.
“Fueron las tres palabras que más escuché y, por ejemplo, se contravenía contra una de fotos de Ada, que es la que están en Rosita, que decía cálido o cercano”, añadió.
En el caso de Alejandra, las palabras que mayormente reconoce son rojo y coraje, una emoción y un color que ella utilizó para darle vida a su proyecto Cuando desaparecimos. Se trata de su obra previa que también la encaminó hasta Nosotrxs. El coraje se adhirió a gran parte de su vida, una palabra que trabajó y que interpretó como una manera de sobrevivencia ante el dolor.
“En Cuando desaparecimos hay una intervención que en lo personal me pareció muy interesante porque pongo un suéter que me hizo mi abuela paterna, lo pongo con hilo atravesado con la foto y el fondo es morado. Entonces, justamente me di cuenta que yo tenía una repulsión al rojo”.

Entre líneas se percibe cómo la vulnerabilidad forma parte del arte de Alejandra Leyva, e incluso se vuelve una de sus premisas. Esta palabra toma vida desde su decisión de abrir su propia historia de abuso, de desenredarla a través del arte y la fotografía, y de sostener la fuerza necesaria para compartir, escuchar y retratar los diez testimonios que hoy conforman Nosotrxs.
Para lograrlo identifica que fue necesaria la calma y la empatía para dar tiempo a cada testimonio, sobre todo cuando el llanto le demandaba las pausas necesarias para continuar:
“Nosotros como artistas, periodistas o fotógrafos, el dolor o las vivencias son nuestra carne de trabajo. La importancia es ser vulnerable, de crear desde la vulnerabilidad, porque evidentemente nosotros contamos las historias de otros. Y si no somos vulnerables frente a las historias de otros, ¿qué carajos estamos haciendo? Lo estamos haciendo, contando y diciéndonos narradores cuando a la otra persona se le despedazó el alma con lo que nos está narrando”.
Alejandra Leyva lleva 10 años de carrera profesional, estudió la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de Guadalajara, ha trabajado como fotógrafa en medios nacionales como La Jornada y El Universal, ha publicado en medios internacionales como el The New York Times. Y aunque todo esto alcanza a nombrarse en un párrafo no hay relación con las dificultades que ha atravesado.
Llegar a esta etapa de su vida ha implicado el esfuerzo de una fotógrafa que enfrentó negativas en su trayectoria profesional y que fue relegada con la llegada de la maternidad. Una experiencia marcada por el cansancio y la multiplicación de tareas, pero también por la apertura de nuevas posibilidades para crear y mirar su obra desde otros lugares.
Los cambios que ha abrazado en los últimos años la llevan a afirmar que “Nosotrxs no fue pensado para ser estéticamente correcto”. Su búsqueda se expande más allá de la fotografía: sal, brillantina, cabezas de muñecas y otros materiales aparecen como parte de un lenguaje que materializa esa idea.
Después de todo, la historia que nos cuenta Alejandra y los diez testimonios que encarnan Nosotrxs son muestra de lo que se vive hoy en el estado. Durante 2024 Jalisco concentró el mayor número de casos de niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual, lo que lo posiciona en el primer lugar a nivel nacional con un 17.3%; esto refiere a un grupo de edad desde 1 año hasta los 17 años.
Hoy, las paredes del Museo del Periodismo y las Artes Gráficas exhiben las historias de sobrevivientes del abuso que durante años intentaron ser silenciadas. Esa vergüenza prestada pierde fuerza frente a la valentía de esas diez voces y a la de Alejandra Leyva, quien como fotógrafa y sobreviviente de la violencia sexual en la infancia decidió poner en primera persona una problemática que ya no permanece oculta.
“Hace 4 años no me hubiera pasado ni por la mente hablar de ello o que estas personas mañana, pasado o en un mes vayan a ver estas fotos, que reconstruyan una parte, que se den cuenta de lo valioso que es contar sus historias cuando cada quien tenga ganas, fuerza y cabeza y corazón para contarlas”, finalizó Alejandra Leyva.







