Del 24 al 27 de septiembre se realizará en Guadalajara el Festival de Arte Conceptual, organizado por Cuarta Silla. El encuentro reunirá a más de 180 artistas en 15 sedes y 41 actividades, con una programación centrada en temas sociales que aquejan a la región. La iniciativa busca recuperar el carácter crítico del arte conceptual latinoamericano y fortalecer una escena artística independiente y colectiva.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
Del 24 al 27 de septiembre, Guadalajara se convertirá en la sede de la primera edición del Festival de Arte Conceptual, una iniciativa independiente gestionada por la plataforma Cuarta Silla. El encuentro congregará a más de 180 creadores en 15 sedes repartidas por la ciudad, estructurando un programa de 41 actividades distribuidas en 12 eventos principales. La propuesta busca tender puentes entre la ciudadanía y las distintas corrientes de esta disciplina en América Latina, colocando en el centro del debate las problemáticas sociales, éticas y políticas que atraviesan a la región.
El proyecto comenzó a tomar forma a partir de las investigaciones académicas de su director, Alejandro Zaragoza, quien indaga en los cruces e influencias entre la producción conceptual latinoamericana y la corriente estadounidense. Durante su trabajo de campo, Alejandro identificó una notable presencia de propuestas contemporáneas en la escena jalisciense que abrevan directamente de este lenguaje visual, aun cuando varias de sus propias autoras no se reconozcan explícitamente dentro de dicha corriente artística.
En palabras de Alejandro, uno de los hallazgos más contundentes de su análisis es el profundo compromiso político y social que adquirió esta vertiente creativa en el contexto latinoamericano. Mientras la percepción colectiva suele asociar el arte conceptual con los movimientos vanguardistas surgidos en Estados Unidos y Europa durante las décadas de los sesenta y setenta, en el sur del continente la práctica floreció al calor de contextos autoritarios, regímenes militares y dinámicas de violencia institucional.
Para Alejandro, este trasfondo histórico permite entender el lenguaje conceptual de la región no como un mero ejercicio de abstracción formal, sino como una herramienta de resistencia ciudadana. “El arte conceptual latinoamericano va hacia otro lado, surgió al mismo tiempo y va hacia el lado más de la crítica social”, explicó. Desde su perspectiva, esa particularidad faculta a las piezas para abordar dilemas urgentes que forman parte de la experiencia cotidiana de la población en nuestros territorios.
La gestación del encuentro responde también a un diagnóstico de lo que ya se producía de forma dispersa en los espacios independientes de la metrópoli. Alejandro detalló que, tras su labor en el centro cultural Staditche, constató que un porcentaje considerable de las exposiciones locales contenían sólidos elementos de denuncia comunitaria. De esa observación nació la inquietud de articular un foro coordinado que unificara estas búsquedas discursivas bajo un mismo techo conceptual.
Bajo esa premisa, el comité organizador articuló una programación donde la curaduría crítica es la columna vertebral. Las muestras plásticas, acciones de performance, talleres, conversatorios y recitales musicales abordan temas medulares como la crisis de las desapariciones forzadas, la gestión del agua, la soberanía sobre el territorio y los estragos de la violencia. Para Alejandro, esta diversidad de formatos facilita que el público aborde las problemáticas que trastocan tanto a Jalisco como al resto de América Latina desde múltiples enfoques.
Uno de los pilares que sostiene al encuentro es su modelo de producción autogestivo y comunitario. Alejandro destacó que la iniciativa logró convocar a un equipo interdisciplinario de gestores, curadores, artistas visuales y voluntarios que se sumaron al proyecto sin que la selección mediara por un filtro de currículum o estatus dentro del mercado del arte. “Tú ven, ayúdanos, ¿qué sabes hacer? Y lo hacemos entre todos, este festival enorme”, rememoró el gestor.
La estructura organizativa creció a pasos agigantados desde sus primeros bocetos hasta consolidar una red de producción integrada por cerca de 200 personas. Alejandro confesó que, en un principio, proyectó una muestra modesta; sin embargo, el interés generado por la temática provocó una suma orgánica de voluntades que terminó por expandir la escala del proyecto a dimensiones inéditas.
El financiamiento del evento implicó sortear marcadas limitaciones económicas. Alejandro relató que en las etapas iniciales tocó puertas en instituciones y dependencias gubernamentales en busca de fondos públicos. Aunque obtuvo ofertas de apoyo en especie, consideró que esos insumos resultaban insuficientes para solventar la infraestructura técnica que requería el programa, por lo que fue necesario acercarse a otros espacios para cubrir rubros de iluminación, mobiliario y audio.
Entre los respaldos recibidos destaca la aportación de un patrocinador anónimo, quien otorgó un fondo económico con la condición expresa de destinar un porcentaje de los recursos al acompañamiento de familias y colectivos de búsqueda de personas desaparecidas. Alejandro subrayó que este gesto no solo brindó solvencia operativa al festival, sino que reforzó el compromiso ético del proyecto con una de las causas más dolorosas del país.
La dimensión política de la propuesta se refleja con claridad en el diseño itinerante de los recorridos por los distintos espacios. Alejandro explicó que cada una de las 15 sedes aborda un eje temático específico, de modo que las actividades de cada recinto responden a un hilo conductor. El circuito inicia con una revisión del archivo histórico del arte conceptual en la región y avanza hacia indagaciones sobre el despojo del territorio, la violencia estructural y el dolor por los ausentes.
Para Alejandro, reivindicar el valor del arte conceptual latinoamericano resulta indispensable frente a la coyuntura crítica que atraviesan México y los países vecinos. A su juicio, la crisis de acceso a la vivienda, el desabasto de agua potable y la inseguridad exigen espacios públicos de reflexión donde la creación sirva para denunciar.
“Creo que hace falta que los festivales, que el arte, que los gestores, que los curadores, que todas las personas que están en el circuito del arte que tienen esa herramienta para poder hablar, la utilicen”, aseveró.
El director enfatizó que la creación contemporánea debe recuperar su función de contrapeso frente a las narrativas dominantes. Desde este enfoque, el festival propone trascender la contemplación meramente estética para activar a las obras como detonantes de diálogo ciudadano, abriendo debates sinceros sobre las realidades que afectan a Guadalajara, al país y a otras latitudes del continente.
Esta apuesta por la democratización del arte explica la instalación de un pabellón inflable de 10 metros de altura en el espacio público, ubicado a un costado del Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA). Esta infraestructura efímera busca descentralizar la experiencia de las galerías convencionales para salir al encuentro de los transeúntes, presentando piezas con un alto contenido de crítica hacia los vicios institucionales.
La formación de nuevos públicos constituye otra de las metas prioritarias para los organizadores. Además de las intervenciones en vía pública, la cartelera contempla mesas de debate, talleres prácticos y acciones en vivo diseñadas para que las personas que se acercan por primera vez al lenguaje conceptual encuentren herramientas de interpretación accesibles durante los cuatro días de jornadas.
Al mismo tiempo, la iniciativa busca desmontar el prejuicio que subordina la producción teórica y artística local a las tendencias dictadas por los centros de poder en el Norte global. Alejandro expresó que una de sus mayores expectativas es que el público reconozca que América Latina posee una tradición conceptual propia, vigorosa y con una identidad histórica diferenciada que merece ser difundida y estudiada.
Con una nutrida delegación de más de 180 creadores, 41 actividades en agenda y una red de 15 recintos culturales, el Festival de Arte Conceptual ofrece un mapeo integral de las distintas formas en que el arte dialoga con las luchas sociales. La estructura operativa, respaldada por 200 colaboradores independientes, demuestra que es posible articular proyectos culturales de gran calado desde la horizontalidad y el apoyo mutuo.
El Festival de Arte Conceptual Latinoamericano se realizará del 24 al 27 de septiembre en Guadalajara. El programa completo, las sedes, horarios y actividades pueden consultarse en el perfil de Instagram @festivaldearteconceptual y en www.festivaldearteconceptual.com


