Musas sonideras: 6 años de cumbia y resistencia

#AlianzaDeMedios

Más de 60 mujeres de México, Estados Unidos y Colombia cumplen 6 años de fundar las musas sonideras, una colectiva que lucha contra el patriarcado y se abre paso en una escena dominada por los hombres

Texto: Alejandro Ruiz

Fotos: Ivonne Rodríguez

CIUDAD DE MÉXICO.  – Marisol luce radiante en su vestido negro mientras camina por el emblemático salón Los Ángeles. Los bailarines le abren paso en medio de la pista, rodeándola. Todos quieren acercarse a ella, y eufóricos repiten su nombre para atraer su mirada “¡Marisol, ven, tomémonos una foto!”. “¡Marisol, Marisol, acá!”.

Los flashes de las cámaras iluminan su rostro, mientras ella habla con todos, con todas, repartiendo besos, abrazos, y palabras de cariño.

Su fama es por un don que muy pocas personas tienen: ponerte a bailar aunque tengas dos pies izquierdos. Sus instrumentos son los vinilos y las tornamesas, pero también su conocimiento amplio de músicas como el cha cha chá, la cumbia, el danzón, la guaracha, la salsa y prácticamente cualquier género tropical.

A sus 44 años, Marisol Mendoza es una maestra de la música tocadita, del sonidero. En la escena le apodan la musa mayor, pues hace 6 años, cansada de ser invisibilizada, tomó la batuta para iniciar un movimiento histórico que ha juntado a mujeres de todo el continente que comparten su talento: las musas sonideras.

“Empezamos siendo poquitas aquí en la Ciudad, pero ahora somos más de 60 y tenemos presencia en todo el país, así como en Estados Unidos y Colombia”, dice orgullosa.

Hoy, todas las musas llegaron al salón Los Ángeles. Están de fiesta, es su aniversario, y como Marisol, todas ellas sonríen. Su alegría no es menor: llenaron una de las máximas catedrales de la música tropical en Latinoamérica.

Marisol Mendoza, la musa mayor, se dice orgullosa de los logros que han tenido las Musas Sonideras en 6 años de existencia. Foto: Ivonne Rodríguez

Cumbia, mami

En las tornamesas, la musa Sol Salsita desempolva viejas guarachas y montunos. El tumbao es lento, cadencioso. La conga marcando el ritmo retumba en el pecho. Los pies se mueven, impacientes, deseando deslizarse en el piso de duela.

La rueda se abre, y Laura y Saúl asumen el reto de bailar mejor que todos. Caminan al centro de la pista, y en perfecta sincronía comienzan a girar desenfrenadamente mientras el ritmo de la guaracha aumenta su cadencia.

Ambos parecen de otra época, casi de otro mundo, uno que habita en las calles y barrios de la Ciudad de México. Un mundo de pachucos, damas y catrines.

Laura y Saúl son una pareja de bailadores que frecuentan salones en la Ciudad de México. Foto: Ivonne Rodríguez.

“El sonidero es importante para la cultura porque es sacar la música a las calles, a los barrios, con la gente”, cuenta Marisol mientras la cumbia retumba en la sala.

“Imagínate, antes no existía el internet, entonces la única forma de llevar la música a lo popular era a través de los sonideros. La música no viajaba en cables, como ahora, sino en aviones, trenes y camiones. Por eso son importantes”.

Desde nacimiento, Marisol es parte de la cultura sonidera de la Ciudad de México. Su padre, José Luis Morales, fundador de Sonido Duende, fue uno de los sonideros más importantes en la capital del país, con una colección de más de 10 mil vinilos que contienen músicas de todas las partes del mundo.

“Ahora nosotros (sus hijos) tocamos la música que recopiló mi papá en sus viajes. Mi hermano, mi mamá, yo, y hasta mi hija somos la Dinastía Duende, y hemos seguido la cultura sonidera”, dice Marisol con orgullo.

Sin embargo, añade, abrirse paso en una escena dominada por los hombres no ha sido una tarea fácil.

Aunque desde hace 18 años Marisol es una figura en la escena sonidera, fue hasta hace 6 que ella decidió tomar las tornamesas.

Primero, cuenta, inició como promotora cultural, organizando foros y escribiendo en libros sobre la cultura sonidera.  Inclusive, sus textos y su trabajo han sido expuestos en museos y centros culturales de la Ciudad de México.

“Ahí yo me di cuenta que había mujeres sonideras, pero no nos tomaban en cuenta”, añade la musa mayor.

Así, en 2014 inicia un colectivo llamado Sonideras de Corazón. Ese año, un espacio de la ciudad las invitó a tocar en un evento. El cártel era de 15 sonideras, y la emoción las desbordaba.

“Nos emocionaba mucho eso, e hicimos promoción en muchos lados, pero el día del evento llegamos al lugar y estaba cerrado. Eso nos decepcionó mucho”, cuenta Marisol.

Pero la pena no la detuvo, y ella y sus compañeras siguieron insistiendo y tocando puertas.

“El 15 de junio de 2017 nos abren un espacio en el salón Candela, y ahí tocábamos todos los miércoles. En ese momento empezamos a nombrarnos como Musas Sonideras. Después hicimos nuestros aniversarios, y primero eran en banquetas, con poca gente, eso nos decepcionaba. Pero después, en el cuarto aniversario, llenamos el Foro Alicia, y eso nos motivó”.

Sol Salsitas sigue sonando sus vinilos en la consola. Manda saludos, anima a la gente a bailar. La pista está llena.

“Cumbia, mami”, dice al micrófono mientras  Laura y Saúl siguen dando vueltas.

Sudorosos, con las endorfinas al máximo entre el baile y la felicidad, dicen:

“Nosotros hemos bailado con muchos sonideros y artistas, y las musas claro que son de nuestras favoritas”.

Estas mujeres se han ganado su lugar en la escena sonidera. Su trabajo no es en vano.

Marisol, rompe en llanto, y emocionada dice:

“Hemos tocado en las peores banquetas y en los mejores salones, y siempre damos todo: este aniversario significa mucho para nosotras, porque estamos llenando el salón Los Ángeles ¡quién lo diría!”.

Luego, lejos del bullicio confiesa:

“A mi me cuesta creer que soy una figura, o que soy reconocida. Yo considero que todavía me falta mucho para eso porque en un ambiente dominado por hombres es difícil que una mujer como yo sobresalga. Lo único que hago es hacer lo que me gusta, y siempre ser honesta con lo que digo, con lo que quiero, y también apoyar a otras mujeres como yo”.

Lupita la cigarrita dirige una rueda de montuno en el Salón Lós Ángeles. Foto: Ivonne Rodríguez.

Luchar a contracorriente: el sonidero como arma política

Lupita la cigarrita llega a las tornamesas. La gente la ovaciona. Su vida en el sonidero también es antaña.

La musa del barrio de Tepito, antes de iniciar con su ritual, deja en claro que el movimiento sonidero está más unido que nunca.

“Nadie nos puede dividir porque somos unidas”, dice al micrófono.

Luego, suelta las salsas, guarachas y cumbias que ponen a toda la gente a bailar.

Mientras toda la pista baila el montuno, Marisol define los principios de su quehacer.

“Nosotras hemos tomado posiciones muy claras: nos consideramos activistas. Y lo mismo hemos tocado afuera del reclusorio, por nuestras compañeras, que en marchas, manifestaciones, salones, fiestas. Siempre con la sororidad como bandera”.

Por ejemplo, las musas sonideras han acompañado el andar de la Glorieta de las mujeres que luchan, a las familias y amigos de los periodistas asesinados en la Narvarte, así como a distintas colectivas y organizaciones que luchan por la justicia y el respeto a los derechos humanos.

“Nuestra colectiva también hace cambios en la cultura sonidera, por ejemplo, en nuestros espacios puedes ver ruedas de mujeres trans y gays, y ahora, algo que no pasaba antes, hasta podemos ver una rueda de  mujeres lenchas. Es una apuesta política”.

Lupita la cigarrita sigue con el sonidero. Define sus preferencias políticas, y hace una invitación al primer sonidero de puras mujeres que se hará en la plaza central de Iztapalapa.

“Es tiempo de las mujeres”, añade. Y después, orgullosa, recuerda en el micrófono que las musas fueron las primeres mujeres sonideras en tocar en el zócalo de la república.

En una mesa al fondo, Marisol reflexiona.

“Todavía falta mucho, pero claro que este día es histórico para las musas y para la cultura sonidera: llenamos el salón Los Ángeles, casi puras mujeres, pues el 90 por ciento de las asistentes son mujeres, es algo muy bonito que nos lena de gusto”, añade.

Encima de ella, en un muro del salón Los Ángeles, las placas y cárteles de los artistas que han tocado ahí le dan la razón a Marisol y sus compañeras, pues ninguno de esos nombres es de alguna mujer.

Pero ahora, junto a la Matancera, Pérez Prado, Willie Colón o Héctor Lavoe, el nombre de las musas pasará al muro de la historia, mientras sus andadas apenas comienzan.

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Este trabajo fue publicado originalmente en Pie de Página que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar la publicación original.

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