Este lunes 23 de febrero la población del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) salió a las calles desoladas en busca de alimentos. Los supermercados permanecen cerrados, así que han sido las tiendas, los puestos de fruta, los pequeños comercios quienes han solventado las necesidades de la población ante los diversos ataques y bloqueos que dejó el abatimiento del Nemesio Rubén Oseguera Cervantes ‘El Mencho’, la mañana del 22 de febrero.
Texto y fotos por Leslie Zepeda / @lesszep2
La mañana de este lunes inició tal como terminó el domingo más violento que ha vivido Guadalajara y todo el estado en décadas: grandes avenidas vacías, la mayoría de los comercios cerrados, transporte público sin servicio, familias resguardadas en casa y un silencio aplastante, resultado de un temor que aún no se disipa.
Marisol y Lourdes son dos hermanas que salieron a buscar alimentos en pequeños comercios de la colonia Loma Dorada en Tonalá, Jalisco. Tuvieron que salir a buscar alimento, ya que permanecen juntas y juntos hasta 15 integrantes de su familia. Recorrieron distintos negocios de la colonia donde hicieron hasta dos horas de fila para comprar tortillas, donde la tensión inició con personas que estaban haciendo compras de pánico.
“En la tortillería hubo un problema porque la gente quería que los atendieran rápido, como que se imaginan que ya no iban a alcanzar”, añadieron.

Ayer cuando el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, dio a conocer la activación del Código Rojo en el estado, Marisol se encontraba de visita en la casa de sus papás en dicha colonia, por lo que ante la alerta que generaron los diferentes hechos de violencia decidió quedarse ante el riesgo que implicaría regresar a su hogar ubicado a 47 kilómetros de distancia en Chulavista en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga.
“Ayer estaba muy peligroso. Entonces, por eso decidí ya mejor quedarme, hasta que vea cómo está y eso la ventaja es que por ahorita no hay clases para mis hijos”, afirmó Marisol.
Marisol y Lourdes mencionaron lo importante de hacer compras conscientes para que los alimentos disponibles en los pocos comercios que abrieron alcancen para la población que el 22 de febrero no pudo hacer sus compras habituales ante los bloqueos:
“Yo creo que nada más comprar lo indispensable, nosotros estamos comprando mucho porque sí somos muchos. Pero nada más pues sería comprar un poquito para que todos alcancemos”.

Una de las pocas carnicerías abiertas en Loma Dorada mantenía una fila de más de una decena de personas esperando su turno para comprar. Mientras aguardaban, el temor a lo incierto parecía formarse también a su lado. No se escuchaba más que el paso esporádico de un par de autos y las órdenes de los clientes que finalmente llegaban al mostrador. Entre la fila se alcanzaban a oír, apenas, algunos pensamientos en voz baja, atravesados por el miedo:
“Estamos peligrando aquí porque no quieren que abramos el negocio”.
“Venimos a trabajar con miedo porque ya teníamos todo el maíz listo”.

En el caso de Tonalá se registraron dos bloqueos con automóviles incendiados, en Av Tonaltecas, así como en Periférico. Sin embargo, no fueron los únicos hechos de violencia, en el tianguis que se realiza cada domingo en el centro del municipio hubo presencia de hombres encapuchados y armados que amenazaron a los vendedores para dejar sus puestos, así lo narraron Joselyn y César, jóvenes comerciantes que presenciaron estos actos.
Ambos hermanos viven en el Rancho de la Cruz, en Coyula, una localidad del mismo municipio de Tonalá, pero a 7 kilómetros de distancia del tianguis de Tonalá. César expresó que nunca había sentido un temor así al ver a estos hombres. Joselyn, su hermana, contó que su familia y ella corrieron hacia donde pudieron, cada uno por su cuenta y se resguardaron por más de media hora en la pensión donde guardan sus camionetas.
“Yo corrí hacia la esquina para ir por mis sobrinos, los niños, hijos de mi primo. Yo me fui a encerrar a la pensión en mi camioneta y él se encerró en una casa, con unos compañeros de ahí mismo, pero yo estaba asustada y yo dije: ‘Ya, ya valió esto’, comentó Joselyn.
Ambos hermanos forman parte de alrededor de nueve familias que se dedican a la venta de frutas y verduras en distintos tianguis de Tonalá y Guadalajara. Desde su infancia se dedican a ello, cada uno con 21 y 20 años. En todo este tiempo nunca habían pasado por algo así, ni siquiera cuando el Covid, afirmó César.
“Nos arrimamos como unos aproximadamente unos 40 tiangueros para ver cómo estaba la situación y poder salir cuando vimos que estaba calmado. Empezamos a recoger y siempre se tarda el tianguis en recogerse como en 3, 4 horas y ayer en 1 hora y media o 2 horas ya estaba todo recogido”, añadió el comerciante.
— ¿Cómo se sienten hoy después de lo que vivieron?
“Pues la adrenalina se siente bien tensa, como que de nervios, pero porque no se puede hacer nada, pero lo que hicimos es guardar la calma y todo eso”.

Por ello, este lunes por la mañana salieron a vender en Loma Dorada, donde también pasaron la noche con familiares para no correr el riesgo de encontrarse en su camino con quienes ayer sin aviso, quemaron el sustento y el esfuerzo de la población: su automóvil.
El domingo, que es su mejor día de venta, terminó dejándoles la camioneta repleta de todo lo que no les permitieron vender. Salieron con fresas, aguacate, guayabas, piña, pepino, plátanos —y con algo más difícil de cargar: inseguridad, miedo e incertidumbre. Otro de los puestos de verduras de su familia se vació en menos de 15 minutos, ante la demanda de personas que salieron a llenar sus despensas por la inquietud de que la violencia continúe.


La mañana del 23 de febrero, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró en La Mañanera que el recuento de los bloqueos fue de 252 en 20 estados de la república; es decir, en la mayor parte del territorio mexicano. Sin embargo, reconoció que Jalisco fue el estado más afectado. Las palabras terminan siendo insuficientes para narrar lo que se vivió ayer y continúa viviendo. En este caso Tonalá es muestra de ello.
En este municipio, en esta ciudad, en este estado y en este país no hay seguridad ni siquiera para ir a comprar alimentos ni para salir a trabajar. Mientras tanto, se instala la “tensa calma”, alimentada por la incertidumbre y por gobiernos que dejaron sola a la población frente a lo que fue la manifestación de poder de los grupos delictivos. La gente sale a buscar lo básico; huevo, frijoles, leche, tortillas y veladoras, para volver después al encierro obligado.



