Dos días lejos de casa: quedarse varado en Mazamitla tras los bloqueos

A raíz de la violencia y los bloqueos provocados tras los hechos relacionados con Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, Giovanni pasó dos días varado en Mazamitla, entre carreteras cerradas, miedo contenido y la falta de información clara para saber cuándo y cómo podría regresar. A dos días de los hechos, tanto Giovanni como el resto de su grupo intentará regresar a sus casas en Guadalajara, 

Por Aletse Torres Flores / @aletse1799

Giovanni estaba en Mazamitla cuando el regreso dejó de ser una certeza. Había viajado al sur de Jalisco como parte de un campamento escolar de la Universidad de Guadalajara, con estudiantes de la carrera de Cultura Física y Deporte.   El plan era sencillo: pasar el fin de semana, cumplir con las actividades del campamento y volver el domingo 22 de febrero. Nada indicaba que ese trayecto, tan claro al inicio, iba a quedar suspendido por completo.

Desde la cabaña donde se hospedaba, el pueblo se sentía distinto. No fue inmediato ni evidente. No hubo un momento exacto en el que alguien dijera “algo está mal”. Fue más bien una suma de señales pequeñas: menos gente en las calles, menos ruido, un silencio raro para un destino turístico que suele estar lleno los fines de semana. Giovanni y los otros jóvenes decidieron resguardarse. No por pánico, sino por intuición.

“Nos mantuvimos tranquilos”, recuerda. “Tratamos de no perder la calma, pero sí se sentía el ambiente más pesado, más tenso”.

Ese domingo, mientras Mazamitla parecía detenerse, Jalisco atravesaba una jornada marcada por bloqueos carreteros, quema de vehículos y cierres viales, derivada de un operativo federal en el sur del estado. La violencia no se concentró en un solo punto: se extendió por carreteras, accesos y municipios, afectando la movilidad regional y dejando a muchas personas sin posibilidad inmediata de regresar a casa. Aunque Mazamitla no fue el epicentro, el aislamiento llegó igual.

Ver sin entender del todo

Giovanni no escuchó detonaciones ni presenció enfrentamientos directos. Pero vio algo que lo marcó. En una de las pocas salidas que hicieron, al dirigirse a la tienda, apareció una camioneta con personas encapuchadas patrullando la zona. Más tarde, también observó vehículos militares. No hubo palabras ni gestos. Solo presencia.

“Sí nos tocó ver una camioneta con gente encapuchada”, dice. “Ahí fue cuando sí sentí miedo”.

Ese momento fue suficiente para cambiar la percepción del lugar. Mazamitla dejó de ser el pueblo tranquilo del campamento y se convirtió en un sitio donde había que medir cada movimiento. Giovanni tomó el teléfono y llamó a su familia. No para alarmarlos, sino para saber qué estaban haciendo, si estaban bien, si sabían algo más.

La información que llegó al inicio fue clara y concreta: bloqueos carreteros. Después, como suele ocurrir en estos escenarios, comenzó el ruido. Audios que advertían ataques a civiles a cierta hora, mensajes que hablaban de violencia inminente, versiones que se corregían solas minutos después.

“Al principio la información iba directo al grano”, explica. “Pero después empezó a llegar mucha cosa falsa, cosas que solo querían meter miedo”.

La comunicación oficial fue escasa. Giovanni recuerda con claridad que lo único institucional que recibieron fue un comunicado de la Universidad de Guadalajara, recomendando no regresar a clases ni intentar traslados. Fuera de eso, no hubo avisos claros sobre carreteras abiertas, tiempos de espera o condiciones reales para moverse.

“No había mucha información”, dice. “Más bien tenías que decidir con lo poco que sabías”.

El domingo pasó sin regreso. Luego el lunes. Giovanni y sus compañeros permanecieron dos días más en Mazamitla, resguardados en la cabaña. No salían si no era necesario. Ajustaron horarios, comidas, rutinas. Cocinaron con lo que había, improvisaron platillos, estiraron ingredientes. Las “vacaciones” se alargaron, pero no como algo deseado, sino como una imposición.

“Tuvimos que hacer maravillas con muy pocos ingredientes”, cuenta. “Nos quedamos dos días extra, sin saber bien cuándo íbamos a poder salir”.

El miedo no era constante ni explosivo. Era más bien una sensación que iba y venía. Giovanni intentaba mantener la calma, convencerse de que muchas cosas no eran tan graves como decían los audios. Pero aun así, la incertidumbre se filtraba.

“Me generó muchísima incertidumbre y mucho miedo”, admite. “Sobre todo por mi familia, que estaba en Guadalajara y estaba en la calle”.

Estar en Mazamitla no significó estar a salvo del todo. Significó estar lejos, sin información clara y sin control sobre el regreso. Giovanni dice que, después de ese fin de semana, su percepción de seguridad cambió. “Si de por sí no te sientes tan seguro, con esto menos”, dice. “Te sientes muy vulnerable”.

No poder volver a casa no fue solo un problema logístico. Fue emocional. Fue la sensación de estar suspendido, de no saber cuándo se puede retomar la normalidad. De entender que, aunque uno no esté en el centro de los hechos violentos, igual puede quedar atrapado en sus consecuencias.

Intentar volver

Este martes 24 de febrero, Giovanni intentará regresar a casa. Aún no tiene la certeza de que las carreteras estén completamente despejadas. Tiene la esperanza de que el trayecto sea posible. Pero sabe que el intento viene cargado de dudas. “No sabes si ya está todo bien”, dice. “Solo sabes que tienes que intentar”.

Lo que vivió en Mazamitla no fue una escena espectacular de violencia. Fue algo más silencioso: dos días de espera, poca información, miedo contenido, la imposibilidad de regresar. Una experiencia que no siempre aparece en los recuentos oficiales, pero que deja marca.

Para Giovanni, este no fue solo un campamento interrumpido. Fue la confirmación de que la violencia también se manifiesta cuando corta caminos, cuando suspende decisiones y cuando deja a los jóvenes lejos de casa, esperando, sin saber si el regreso será posible ese día o el siguiente.

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Aletse Torres
Aletse Torres
Vivo de café, amo los gatos, no creo en las etiquetas. Desde niña quise ser periodista por Spiderman, me invento unas fotos, cubro cualquier tema con pasión, respeto y verdad.

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