En manos del 1% de la población: 22 milmillonarios concentran 40% de la riqueza de México

Mientras 22 milmillonarios mexicanos acumulan una fortuna de 219 mil millones de dólares  (el equivalente al tamaño de las economías de Jalisco y Guanajuato juntas), 18.8 millones de personas en el país no tienen acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. El nuevo informe de Oxfam México, Oligarquía o democracia, sostiene que la desigualdad no es un accidente, sino el resultado de decisiones políticas que hoy colocan al país ante una disyuntiva: aceptar el gobierno de una élite económica o construir una democracia que incluya también la economía.

Por Ana Paula Carbonell/@AnaPauCarbonel1

El capítulo mexicano del informe de Oxfam México, “Oligarquía o democracia” parte de un hecho contundente: México es uno de los países más desiguales del mundo. El 1% más rico —apenas 1.3 millones de personas— percibe 35% del ingreso total, posee 40% de la riqueza privada nacional y es responsable del 23% de las emisiones contaminantes del país. Al mismo tiempo, 38.5 millones de personas tienen carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar, y 21 millones de mujeres dedican al menos una jornada completa al trabajo de cuidados no remunerado.

Para Alexandra Haas, directora ejecutiva de Oxfam México, esto tiene consecuencias directas sobre la calidad de la democracia: “Cuando tienes regímenes democráticos, pero desigualdades tan profundas, la democracia no logra ser un mecanismo verdadero para la redistribución del poder si la concentración de la riqueza es tal, que este pequeño grupo de personas tiene un poder desmedido, no nada más económico, sino que después se vuelve poder de otros tipos”. El informe global ya había documentado que los países más desiguales tienen hasta siete veces más probabilidades de experimentar erosión democrática que los menos desiguales; el caso mexicano confirma esa tendencia.

El imperio de los milmillonarios mexicanos

El informe muestra que los ultra ricos mexicanos “nunca habían sido tantos ni tan ricos como hoy”. A noviembre de 2025, hay 22 milmillonarios con una fortuna conjunta de 219,300 millones de dólares (3.9 billones de pesos), concentrada sobre todo en hombres mayores y herederos: tres de cada cuatro obtuvieron su fortuna por herencia y la edad promedio es de 71 años.

México confirma la tesis de Thomas Piketty: entre 1996 y 2025, la riqueza de los milmillonarios se multiplicó 4.2 veces, mientras que la economía mexicana ni siquiera duplicó su tamaño. “En los últimos 30 años los milmillonarios aumentaron en 4.7 su fortuna mientras que el PIB del país sólo creció 1.7 veces”, resume Haas, retomando una comparación que el informe enlaza con la idea de que cuando las fortunas crecen más rápido que la economía, la desigualdad se profundiza.

Carlos Slim es el caso emblemático: su fortuna alcanzó 107,100 millones de dólares en 2025, el mayor monto de su historia. Desde 2020, su riqueza aumentó en promedio 23,650,891 dólares diarios; una persona que gana el salario mínimo en 2025 necesitaría 19 días de trabajo para obtener lo que la fortuna de Slim gana en un segundo. Mientras tanto, los milmillonarios mexicanos han duplicado su riqueza conjunta en apenas cinco años: el aumento desde 2020 permitiría contratar a 21 millones de personas con salario mínimo durante un año si solo se usara el rendimiento extra de sus fortunas.

Para Haas, este nivel de concentración se traduce inevitablemente en captura del Estado: “esta hiperconcentración de la riqueza está permitiendo que la gente que tiene más recursos hasta arriba tenga un nivel de poder tal que se expresa en la captura del Estado”, explica. Eso incluye influir en reformas laborales, vetar decisiones regulatorias o amenazar con retirar inversiones, y se apoya en sectores estratégicos como telecomunicaciones, banca, infraestructura y energía, donde la élite económica controla concesiones, contratos y bienes públicos.

Dos Méxicos: tiempo, cuidados y vida cotidiana

El informe de Oxfam México también aterriza la desigualdad en algo menos abstracto que los miles de millones de dólares: el tiempo. A partir de encuestas de ingresos, trabajo y cuidados, muestra que mientras más pobres son los hogares, más horas destinan las mujeres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Una mujer del 10% más pobre dedica casi la mitad de su día a cuidados no remunerados; frente a un hombre del 1% más rico, destina 2.7 veces más tiempo a estas tareas. En un país donde cuatro de cada cinco viajes se realizan en transporte público insuficiente, la suma de jornadas laborales extensas, traslados largos y cuidados no pagados hace que “la libertad sobre nuestro proyecto de vida sea cada vez más un privilegio”, concluye el documento.

En ese sentido, las propuestas en el informe están ligadas a la transformación de infraestructura en las ciudades: más transporte eléctrico masivo y menos privilegios a los autos de lujo y la aviación privada. “Lo que tendríamos que ver es lo contrario, una gran inversión en transporte eléctrico en las grandes ciudades porque el 25% de las emisiones a la atmósfera provienen del transporte”, señala. Esto, añade, facilita la vida de las mujeres que se encargan de llevar hijas e hijos “a la escuela, al doctor, a todo lo que tienen que llevarlos”, en ciudades diseñadas para la “vida productiva” y no para la reproductiva.

Nueve propuestas para recuperar el control de la economía mexicana

Frente a este imperio de los más ricos, Oxfam México plantea nueve propuestas ordenadas en tres ejes: transformar, reparar y redistribuir. Todas parten de una premisa: sin un Estado fuerte, con recursos y capacidades para regular, invertir y redistribuir, la democracia económica es imposible.

En el eje de transformar, el informe propone:

  • Movilizar los flujos de inversión de manera justa y democrática, usando a la banca de desarrollo y la inversión pública para priorizar infraestructura social y productiva en los territorios, y no solo grandes proyectos.
  • Fortalecer mecanismos de protección de derechos, con especial énfasis en las instituciones laborales, para que el aumento del salario mínimo se acompañe de mejores condiciones y negociación colectiva.
  • Ampliar mandatos de órganos reguladores como la autoridad de competencia y la comisión de salarios mínimos, para que puedan enfrentar monopolios y monopsonios y considerar el bienestar y la igualdad, no solo al “consumidor promedio”.

En el eje de reparar, Oxfam apuesta por:

  • Visibilizar y corregir la irresponsabilidad fiscal de los milmillonarios, abriendo microdatos tributarios y creando impuestos progresivos a la riqueza extrema, grandes herencias y ganancias de capital, para que quienes más tienen dejen de contribuir proporcionalmente menos.
  • Promover políticas de cuidados incluyentes mediante participación colectiva, reconociendo el trabajo comunitario de cuidados (que hoy realizan sobre todo mujeres) e incorporándolo en el futuro Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados.
  • Impulsar una nueva gobernanza democrática del agua, fortaleciendo a Conagua y transformando los Consejos de Cuenca en espacios vinculantes donde comunidades —y no solo grandes concesionarios— decidan sobre el uso de un bien que hoy está altamente capturado.

Finalmente, en el eje de redistribuir, el documento plantea:

  • Desarrollar infraestructura social para redistribuir los cuidados, con más servicios públicos cercanos y de calidad para niñas, niños, personas mayores y con discapacidad, financiados mediante un Anexo Transversal 31 robusto en el presupuesto.
  • Reasignar el subsidio a la electricidad para que sea progresivo, privilegiando a hogares con menos ingresos y corrigiendo un esquema que hoy beneficia más a quienes consumen más y tienen más capacidad de pago.
  • Financiar el transporte público masivo eléctrico de manera progresiva, con impuestos a transportes de lujo  (autos de alta gama, yates, aviones privados) y un aumento sostenido del presupuesto federal para sistemas de transporte masivo que reduzcan emisiones y mejoren la movilidad cotidiana.

Del individuo aislado a la organización colectiva

El informe recuerda que no es la primera vez que México modifica, por decisión colectiva, reglas que parecían inamovibles: el aumento sostenido del salario mínimo desde 2017 permitió que 13.4 millones de personas salieran de la pobreza multidimensional entre 2018 y 2024, mientras la pobreza se redujo sin que el país creciera significativamente en términos de PIB per cápita. Lo que no ha cambiado es la inversión pública: en 2024, sigue siendo menos de la mitad de lo que era en 1981 como proporción del PIB.

Preguntada sobre cómo avanzar cuando los ultrarricos ya están “tan metidos” en la política, Haas reconoce que “es la pregunta del millón”, pero insiste en mirar a la historia y a los movimientos actuales. “No es la primera vez en la historia que nos enfrentamos a poca gente que detenta todo el poder”, dice, y apuesta por “alianzas improbables” entre grupos que se sienten muy distintos pero pueden coincidir en algo: que la estructura de hipermillonarios no es benéfica para nadie.

Una de las barreras, explica, es la narrativa individualista profundizada en las últimas décadas: “cada quien se ocupa de su asunto, de su carrera, de sus temas, de sus problemas. Cada quien se arranca con sus uñas, cada quien es responsable de su vida”. Frente a ello, menciona como inspiración el movimiento feminista joven en México y América Latina, así como las luchas por el clima, el trabajo digno y los cuidados, que muestran que “juntas podemos hacer más”.

La esperanza ante la incertidumbre

Ante cifras que pueden resultar abrumadoras, la directora de Oxfam México es clara: “no hay que perder la esperanza nunca, nunca. La esperanza es lo que mueve a la gente y es lo que hace que la gente pueda juntarse para hacer un cambio”. Habla de informarse, de conectarse con comunidades y organizaciones en cada rincón del país, de aprovechar las redes para articularse más allá de lo local, y también de disputar el sentido de las instituciones públicas.

“Recuperar la idea de que las instituciones públicas no son necesariamente distantes, burocráticas o de mala calidad”, dice, implica apoyar a la gente joven y a las mujeres que hoy deciden participar en política. Porque si la desigualdad económica extrema ya está vaciando de contenido a la democracia mexicana, la única forma de revertirla es recuperar, también, el poder de decidir cómo se distribuye la riqueza, el tiempo y la vida en común.

Puedes leer el informe global sobre desigualdad aquí y el capítulo de México aquí.

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Ana Carbonell
Ana Carbonell
Periodista egresada de la Carrera de Periodismo y Comunicación Pública en el ITESO. Recibió el Premio Jalisco de Periodismo en la categoría de estudiante en 2022. Ha colaborado en diversos medios como Pie de Página y Revista Replicante. La escritura y las investigaciones de largo aliento son su fuerte. Le apasionan los temas relacionados con la diversidad sexual y de género, la migración, los derechos reproductivos y la cotidianidad social.

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