En el marco del 8 de marzo, día de reivindicación y protesta, colectivas, mujeres y disidencias se preparan para tomar las calles en la exigencia de justicia, una vida digna y sin miedo, además de visibilizar las violencias que enfrentan a diario en medio de un sistema patriarcal que no les protege y tampoco deja de violentarles.
En este texto, recopilamos algunas de sus voces rumbo al llamado #8M, Día Internacional de las mujeres.
Texto y fotografías por Karen García / @karen_gdlt
Las movilizaciones en torno al 8 de marzo (8M) se han convertido en espacios donde distintas luchas se unen, donde los sentires y exigencias de las mujeres y disidencias se corean a la par de consignas e historias de violencia y resistencia. Voces de familiares de víctimas de desaparición, de feminicidio y de sobrevivientes de distintas violencias preservan la memoria y demandan verdad. Quienes deciden salir a marchar se encuentran con la fuerza de la ternura, la rabia, la tristeza y la alegría conjuntas al reconocerse acompañadas y nunca más solas. Porque ese día es para las que ya no están y para todas las que vendrán.
En Jalisco, un territorio que se encuentra marcado por la violencia feminicida y machista, pero también por la violencia social que genera la desprotección del Estado y la presencia del crimen organizado ¿cómo se sienten las mujeres que marcharan el 8M?, ¿cuáles son sus exigencias?
En entrevista para ZonaDocs, diversas mujeres expresaron sus expectativas y motivaciones para salir el próximo domingo 8 de marzo de 2026.
Marchar en otro país
Jeanne Le Bouhart está de intercambio estudiantil en México. No es la primera vez que asiste a una movilización por el día de la mujer, pero sí es la primera vez que lo hace fuera de Francia, su país de origen, lo que le causa emoción, nervios e incertidumbre:
“Quiero ir a marchar porque creo que es importante como mujer, estar en causas que luchen por las mujeres. La violencia en contra de nosotras debe cambiar y debemos hacer nuestra revolución para cambiar el mundo.”, asegura Jeanne, quien sabe que, aunque se encuentra en otro continente, la violencia hacia las mujeres persiste, aún en mayor escala, pues lo ha escuchado y vivido durante su estancia en el país.

“He notado hombres mirándome muy raro. A veces no sé si es porque soy extranjera o mujer; pero solo los hombres me miran así y me hace sentir muy mal.”, manifiesta.
Este año lucha desde una posición distinta, un territorio que no es el suyo -de origen- pero que es el que habita y transita. Sus convicciones en esta ocasión apuntan hacia el derecho a la salud reproductiva de forma accesible y también para que ninguna mujer vuelva a ser víctima de feminicidio y que el “ser mujer” no sea igual a vivir con miedo. “Creo que todos debemos ser feministas”, dice, sin embargo, reconoce que en la medida que se ganan derechos, también hay retrocesos, por lo que, en su opinión esto nos obliga a “desobedecer” y seguir protestando.
Marchar por primera vez
María Baeza marchará por primera vez este domingo, un suceso que le provoca emoción e incertidumbre, como a Jeane. Para ella, el 8 de marzo es un día para reconocer todas las dificultades que vive por el simple hecho de ser mujer, como salir a la calle sola.
“En este momento de mi vida, siento que me va a llenar mucho el corazón estar rodeada de mujeres que comparten ese mismo sentimiento”, comentó María. Para ella, la marcha significa un lugar para no sentirse sola, en el que compartirá con más mujeres, sintiéndose escuchada y acompañada.
Al ser la primera vez que saldrá a las calles a protestar, le emociona observar la realidad fuera de las narrativas tendenciosas de redes sociales o los medios de comunicación en este día. Si bien, siente miedo de asistir, no tanto por la marcha, sino por la incertidumbre tras los hechos violentos que vivió Jalisco el 22 de febrero, la tranquiliza ir acompañada de sus amigas, con quienes comparte esos mismos sentires.

“Lo que más me emociona es conocer y reconocer la importancia de las mujeres, no porque valgamos más que los hombres, ninguno es más que otro; sino porque muchas veces el esfuerzo de las mujeres se percibe como algo que nos tocó hacer. Me emociona la idea de salir y reconocer el esfuerzo de lo que hacemos, aguantamos y aportamos.”, expresa María.
“Siento que el movimiento (feminista) no está en ser perfectas. Sino que siento que es un proceso de darnos cuenta de actitudes y reflexionar” apunta e invita a comprender que ser feminista o posicionarse desde el feminismo es más deconstruir aquello que pensamos sobre el mundo tal cual nos lo enseñaron los ojos de los hombres, el patriarcado, el machismo y el sexismo.
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Blanca también es estudiante y saldrá a protestar por primera vez. Estará acompañada de María y sus amigas, lo cual le genera muchos sentimientos. El 8 de marzo es para ella, la fecha en la que se ve la cantidad de mujeres violentadas que resisten y exigen sus derechos y una vida digna.
“Es una representación física ante los ojos de las personas que aún creen que somos minoría. Es demostrar que estamos aquí para que sigan cambiando las cosas.”, comenta Blanca, quien desde esta afirmación reclama la reivindicación del derecho a vivir seguras y libres, la erradicación de la violencia y la exigencia de justicia para los feminicidios y desapariciones; así como la protección y creación de políticas públicas con perspectiva de género.

“Lo que más me emociona es que es la fecha donde más mujeres hablan libremente”, expresa Blanca, en su opinión es un espacio que posibilita a miles de mujeres sentirse acompañadas, cobijadas y sin miedo a ser juzgadas.
Al igual que María, aún tiene miedo de asistir tras la violencia social vívida el pasado 22 de febrero en el estado y el país; aún así, reconoce que la lucha de las mujeres se ha dado, históricamente en México, en condiciones violencias y que, “no importa cómo esté el país, siempre vamos a luchar por nuestros derechos y manifestarnos por una vida más digna.”
Marchar como colectiva
Valeria Mendoza, Julieta Garibay, Monserrat Flores y Sonia Gutiérrez, son parte de la colectiva feminista “Conexión Violeta” en Ocotlán, Jalisco; ellas son convocantes a la marcha del 8M en este municipio. Su lucha se vive en colectividad, pero también desde lo individual. Pues al ser, para ellas “un lugar pequeño y a la vez demasiado violento”, decidieron nacer como resistencia ante una cultura de tabú y prejuicio.
Este año, la lucha abraza a las disidencias y las mujeres trans.

Julieta Garibay, espera que a la marcha se unan mujeres que tienen miedo del sistema en el que se vive, para quitar el estigma de llamarse feminista e ir “pasito a pasito” re aprendiendo. Como muchas mujeres en Jalisco, el tema de la violencia desde el domingo 22 de febrero le preocupa, pero busca luchar desde ahí, desde el miedo impuesto. Se siente orgullosa de haber llegado hasta donde está, pues hace 7 años, no se hubiera imaginado pertenecer a una colectiva feminista.

“Si ya estás pensando en salir a luchar, es porque ya es momento de salir.”, invita Julieta, quien además cuenta que en la movilización que organizaron el año pasado “fue bastante bonito cuando íbamos pasando y había niñas gritando; y traían sus cartelones. Mucha gente lo ve como una burla, pero para mí, marchar es el hecho de ver que seguimos aquí.”, comenta.
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Valeria Mendoza es madre y “biker”, forma parte de las mujeres motociclistas de Ocotlán, quienes también marcharán el 8 de marzo. Dentro de sus exigencias y luchas se encuentra la violencia vicaria.
“Esta violencia como tal, siempre ha existido, pero hace poquito se le dio el nombre. Siempre hay que recordar que lo que no se nombra, lo que no le ponemos un nombre, no existe.”, reconoce Valeria, a la vez que expresa la dificultad de darse cuenta que vives estas agresiones y salir de la dinámica violenta. Además, afirma que “denunciarla” también conlleva un gran reto, pues “no se tiene el recurso -económico- para sobrellevar los procesos legales”.

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Los planes que tenía Monserrat Valdovinos para salir a marchar este #8M se vieron modificados por los eventos del 22 de febrero, los cuales le generaron miedo y preocupación ante la inseguridad y violencia que enfrenta el estado; sobre todo de Guadalajara. Este año, aunque deseaba organizar y llevar la movilización de Ocotlán a Guadalajara, tuvo que cancelar el plan producto de la incertidumbre que ha ocasionado la violencia del domingo 22 de febrero.

Sin embargo, su lucha continúa. Exige la visibilización y concientización acerca de los derechos de las mujeres. Pues “todas han vivido algún tipo de violencia”.
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Finalmente, Sonia, además de formar parte de la colectiva, es acompañanta en procesos de aborto con medicamentos. El día de la mujer, reconoce y protesta por el reconocimiento de las distintas luchas y vertientes del feminismo, pues asegura que las violencias que vive cada una dependen de los contextos en que se desenvuelven, desde sus contextos sociales, culturales, económicos, hasta las distintas interseccionalidades que les atraviesan.
“Todas tenemos una historia, todas tenemos un motivo diferente porque, no todas vivimos las mismas violencias. Depende donde nacimos, donde crecimos, son las situaciones catastróficas que puede arrastrar toda la vida”, expresa, Sonia, quien agregó que no se olvidan pero se aprende a sobrellevarlas.

Aun con temor, expresa que “venimos a resistir todavía y vamos a durar mucho más”. Sabe que la lucha viene de generaciones atrás y que pasará a varias más. Por ello, su labor como acompañanta la ve como una pasión para informar y ayudar a las demás.


