A través del collage, el teatro y el documental, Giselle Dessavre (@giselledessavre) explora la cotidianidad, la maternidad y las experiencias personales. Habita con las luchas feministas, los derechos reproductivos y la necesidad de acompañar a otras personas.
Su trabajo busca que las experiencias individuales se transformen en herramientas colectivas capaces de sembrar esperanza.
Por: Farah Medina / @_dtfarahm_
Rescata
“Giselle es una mamá eh muy enamorada de su bebé. Es una artista en proceso, directora de teatro y una persona que siempre se está cuestionando todo en cualquier ámbito de su vida”, dice Giselle Dessavre (@giselledessavre) al preguntarle, “¿Quién es?”.
Una artista que a través del arte, el cuestionamiento y el sentir, ha logrado crear piezas que acompañan luchas y a las personas que se encuentran, como ella, en la búsqueda de “sembrar esperanza”.
Giselle, a lo largo de los años ha experimentado diferentes formas, el collage, el documental y el teatro, todo, según cuenta, desde espacios íntimos, donde surgió por primera vez aquel impulso creativo.
Las primeras historias por contar aparecieron en conversaciones con amigas, en la familia o en tareas escolares donde buscaba que lo que contaba fuera algo que la atravesará a ella y a los demás. “Siempre me interesó que las historias empaticen con otras personas”, dice.
En estos espacios íntimos, también encontró algo valioso, para ella, lo más especial a la hora de crear.
La cotidianidad, pequeñas acciones, rituales han hecho que Giselle encuentre formas de seguir creando. En su caso, incluso los gestos de la maternidad han sido importantes para ella los últimos meses desde que se convirtió en madre.
Extraerse leche todos los días para formar un banco para su bebé, levantarse y repetirle las mismas palabras cada mañana, organizar el día alrededor de los cuidados. “Las cosas importantes están en lo que repites. En lo cotidiano”, explica. “Los rituales de la vida diaria pueden volverse arte”.
De esta forma ha comenzado a rescatar pedazos que le llevan a conectar con otros, imaginar, por ejemplo, cómo una madre en Gaza intenta alimentar a su bebé en medio de la guerra. De esta forma ha logrado cuestionar e identificar que aquello puede llevar a preguntas políticas que inherentemente, forman parte del arte.
Rompe
La experimentación para Giselle ha sido vital, el collage es algo que, según cuenta, había realizado desde siempre, ella, como muchas mujeres creció rodeada de la creación, de las manualidades, sin embargo, se volvió fuerte o “serio” en ella durante la pandemia.
El contexto mundial, con la pandemia de Covid-19 y el encierro; el contexto local cuando ocurrieron protestas en Jalisco tras el asesinato de Giovanni López, que detonó movilizaciones contra el gobierno estatal de este momento; el aumento de violencia de género en los hogares, lo que se vivía y se respiraba en ese momento la llevaron a encontrar en el collage una forma de respuesta. “Es un arte que cualquiera puede hacer desde cualquier lugar”, explica. “Incluso con la basura que tienes al lado”.
Panfletos en las calles, revistas, imágenes, palabras, para Giselle el collage se puede crear a partir de cualquier material. Pero el collage no solo logra juntar piezas, también rompe. “Es bien interesante ver revistas antiguas y descubrir qué decían sobre cómo ser mujer, cómo hacer feliz a tu esposo o cómo bajar de peso”, dice. “Ahí está la memoria”.
Pero, ahí, en donde se encuentra la memoria se encuentran los estereotipos, los vicios, las costumbres que habría que cuestionar. El collage, según cuenta “me ayudó de alguna manera a entender que lo que se comparte en redes podía tener impacto y podía conectar con muchas personas que tal vez no la estaban pasando tan bien”.
Reconoce, también que fue el arte lo que le ayudó a romper barreras, entre ellas, las del entendimiento de los otros, “si no hubiera tenido contacto yo con otras artes (…) tal vez me hubiera costado más trabajo, pero están pasando tantas cosas en el mundo que era inevitable que todos, no solamente yo, dijéramos, ¿Cómo más nos movemos, ¿Cómo más?, si no podemos estar en las calles, no podemos encontrarnos”.
Las redes, en el caso de Giselle fueron una ventaja que le ayudó a buscar formas de acompañamiento, información y creación de comunidad. Ella define el collage como proceso en cuatro pasos: rescatar, romper, resignificar y reescribir. “Se vuelve político, ya no queda solamente como un collage bonito”.
Resignifica
El arte nunca es neutral. “Siempre es político”, afirma Giselle. Para ella, lograr reconocerlo, admite, fue un largo proceso. En este contexto sociopolítico que atravesaba el mundo y Giselle con el, los collages comenzaron a tener mensajes en relación con el feminismo, salud mental y los derechos reproductivos.
Esto representó una forma de expresión, y una responsabilidad, “todo un proceso, darme cuenta de que todo lo que tú pones allá fuera y sobre todo ya ahora teniendo como una plataforma medianamente grande, es una responsabilidad y un privilegio”, cuenta.
Durante la pandemia comenzó a compartir collages en redes sociales con mensajes sobre feminismo, salud mental y derechos reproductivos. Con el tiempo, algunas de estas pasaron al plano físico, ahora estaban en las calles, en las marchas del #8M, donde el collage ahora eran pancartas, símbolos de resistencia y lucha.
Giselle, define el sentimiento como agridulce, “Pues para mí es un honor, pero es agridulce” explica, “Porque al final son cosas que no por las cuales a mí no me gustaría que tuviéramos que estar en las calles pidiendo”.
Aun así, sabe y considera un honor que las mujeres se sientan acompañadas a través de las palabras y las imágenes, repite que no se trata solo de crear imágenes “bonitas”, se trata desde lo personal, de congruencia y buscar las maneras de mantener y generar espacios donde se puedan sentir acompañadas, seguras y escuchadas, “Que no sea solamente lo que yo tengo que decir, sino que se apropien de esas palabras que al final son cosas que, lamentablemente todas y todes hemos vivido, hemos atravesado “.
Cuenta, que comprendió esto, en una marcha de hace dos años, donde su madre y su hermana llevaron carteles con sus collages. “Dije, “Ay, güey.” Como que cayó muy fuerte en mí y fue algo muy importante porque al final son las mujeres que me sostienen”.
Reescribe
Querer transformar y sobre todo, sostener, la llevó a explorar el cine y el teatro. Este último lo define como “el amor de su vida, una disciplina que considera está viva, “el teatro tiene una cosa bien hermosa que es algo vivo, tienes que estar en el presente, tienes que estar en vivo, tienes que entender muy bien tu cuerpo, tu voz; Puedes hacerlo en cualquier aspecto, en cualquier contexto, (…) puede ser en cualquier lugar, eso me a mí me ha regalado una perspectiva que luego traslado al cine”.
Aunque no se considera cineasta, dirigió el documental “Instrucciones para una decisión”, un proyecto que acompaña abortos autogestionados junto a la colectiva “Mis Amigas Me Acompañan”.
Esto, inspirado por su propia experiencia, su proceso, relata fue “Caótico, doloroso, solitario, con miedo, un montón de miedo”, de ahí surge la pregunta del porqué tuvo que ser así, decidió que era necesario documentar el proceso, reescribir la historia. Mostrar que el aborto en casa puede ser seguro cuando existe acompañamiento, convertir la información en algo accesible.
Sin embargo, es esta apertura y accesibilidad lo que la ha llevado a experimentar la violencia digital, aunque dice, su caso no es extremo como las activistas que sufren día con día por la defensa de derechos humanos, estas experiencias han acompañado a su arte, “Las personas que también hacen arte que tengan que ver con cosas políticas, podemos recibir violencia digital, puede ser un riesgo, hay que tomar medidas este de seguridad digital muy particulares para evitar que esto suceda”.
¿Cómo sembramos esperanza?
Ni la violencia o la vergüenza, la ha alejado de querer seguir creando, espera poder hacer más teatro documental, cine y más exploraciones artísticas alrededor de los cuidados. Explorando, las emociones que han atravesado sus obras, la rabia y la ternura.
Naciendo de las injusticias y de seguir imaginando otros mundos, “Creo que he intentado ver el mundo con muchísima compasión y con autocompasión también, porque ser madre en este mundo que se está volviendo horrible (…) Es un acto muy valiente verlo desde los ojos de la ternura, del amor, de resistir”. Dice, ya que la maternidad ha cambiado la forma de ver el mundo, el feminismo y muchas otras cosas.
¿Cuál es la pregunta que define tu arte?, ante esta pregunta, Giselle desde un proceso constante de rescatar, romper, resignificar y reescribir lo define en: ¿Cómo sembramos esperanza?


