Entre nosotras nos cuidamos: una crónica sobre las mujeres cuidadoras en nuestra vida

#8M2026

En Querétaro se marcha bajo la consigna “Vamos todas”, honrando a las mujeres que ya no están, a las que están y las que vendrán. A través de esta crónica, ZonaDocs busca honrar a tres generaciones de mujeres que, con amor, han cuidado de otras.

Por: Gina M. Erosa /  @ginaemerosa (IG)

En esta ocasión me toca ver por primera vez como las calles queretanas se pintan de morado. Mis amigas me habían contado sus experiencias: un lugar en el que sientes paz, armonía y en el que incluso puedes hacer catarsis.

Yo agregaría reflexivo. Y es que así soy yo, cuando estoy disfrutando un momento mi cerebro no puede hacer más que indagar en la razón de mi sentir. ¿Por qué me siento tan conectada a mujeres que no conozco? ¿Por qué aquí es más fácil sonreírle a cualquier extraña? Es más, ¿por qué no las siento ajenas? No las conozco pero siento como si a todas las hubiera visto antes.

Sigo caminando, saltando y divagando hasta que empiezo a marearme. Desafortunadamente, el disfrute de un momento no impide la deshidratación y fatiga que ocasiona una tarde calurosa de invierno al estar rodeada de una multitud.

Decidí que lo mejor sería separarme un momento; buscar un lugar en el que pudiera sentarme y tomar un poco de aire. Me acerqué a una banca en uno de los jardines cercanos y desde ahí observé la hermosa marea púrpura.

Creo que una de las compañeras notó el cansancio en mi rostro, porque en cuanto me senté se acercó para darme una botella de agua y una sonrisa, después, así tan pronto como había llegado, se fue para continuar su camino junto a las demás. Su gesto me hizo sentir calidez en el pecho.

Mientras las miraba a todas riendo, bailando y saltando hubo un cartel que llamó mi atención:

Entre nosotras nos cuidamos. ¡Vamos todas!

Me hizo pensar en el cuidado. Para nosotras las mujeres es algo intrínseco ser cuidadoras y si bien sí es culpa del patriarcado que ese rol caiga completamente sobre nuestros hombros no pude evitar pensar en todas las veces que fui cuidada por una mujer; no porque “fuera su rol”, sino porque le importo, o incluso por empatía básica.

La primera persona a la que ubiqué en mi mente fue a mi madre. Si bien es cierto que es obligación de las madres cuidar de sus hijos también es cierto que existen quienes lo hacen a secas o simplemente no lo hacen. Mi mamá fue todo lo contrario.

Desde antes de que mi papá se fuera ella tomó las riendas: se encargó de nuestra formación y educación, estuvo presente durante cada ocasión en la que nos caímos de la bicicleta y con “un beso mágico” –  y gasas – nos curó, siempre preguntó por nuestro día, sin importar que el suyo hubiera sido malo e hizo un sinfín de cosas más que nos convirtieron en las personas que somos hoy en día.

Mi mamá entregó su carrera, tiempo y vida a su familia y la sacó adelante cuando se convirtió en la única figura presente. Aún cuando no había trabajo estable –en México es complicado encontrar un trabajo digno siendo una mujer mayor de 40 años– nunca faltó un plato en la mesa.

Alguna vez leí a alguien cuestionando cómo es que las madres lograban trabajar, mantener la casa limpia, atender a sus hijos y organizarse en caso de que alguno se enfermara – y evitar enfermarse porque, ¿a ellas quién las cuida? – ser una buena amiga y además cuidar de ellas mismas, de su salud y estabilidad emocional. Honestamente, no tengo la más remota idea, pero puedo asegurar que mi madre ha hecho un excelente trabajo.

Pensé también en Ale Martínez, “la mera mera del activismo en Querétaro” me dijeron alguna vez. Ella es psicóloga con enfoque en violencia de género y temas relacionados con la construcción de la sexualidad.

Su camino empezó porque para completar sus prácticas tenía que dar conferencias en el Hospital Materno Infantil, en donde se acercó a madres jóvenes. La indignación se convirtió en su motor, no entendía cómo era posible que niñas de 9 años estuvieran pariendo a otras niñas.

A pesar del amor que tenía hacia su carrera, Ale decidió que primero se dedicaría al activismo, por lo que participó en eventos internacionales como Beijing +5 en donde se daba seguimiento a las acciones que habían tomado los gobiernos después de Beijing 95, conferencia de talla mundial en la que se buscaba promover la igualdad de género y los derechos de la mujer.

Poco a poco fue metiéndose más en la red feminista, llegando incluso a ser parte de la Coordinación Nacional de Mujeres de Organizaciones Civiles por un Milenio Feminista.

A pesar de haber estudiado psicología bajo un sistema que tiene base en el patriarcado, la activista logró encontrar un balance y seguir ayudando a las personas a través del acompañamiento con perspectiva de género y tomando en cuenta también los estudios de género.

La intención de Ale es generar un cambio, ya sea a través del acompañamiento, impulsando una ley o en el salón de clases en la Facultad de Ciencias Políticas: uno no sabe en qué momento toca las vidas de las demás personas” mencionó cuando ZonaDocs le preguntó sobre su labor.

¿No vienen estas acciones también desde el amor? Amor por personas que en un principio pueden ser desconocidas, pero con las que se logra empatizar aún sin conocer a fondo sus historias, por personas que tal vez nunca verá directamente pero que se benefician de las leyes que impulsa, amor por sus alumnas y pacientes.

Otra persona en la que pensé fue en mi amiga Lexie, que hace poco tuvo una nena que adora con el alma. Son bastante apegadas la una a la otra, todo el tiempo jugando y platicando aunque las respuestas de la bebé sean cortas o se limiten a su risa contagiosa.

Alguna vez, en una de esas pláticas cotidianas sobre la vida y el futuro, le pregunté a Lexie qué mundo quería para su bebé y me respondió que uno más amable; tiene la esperanza de que exista un cambio y que en donde su niña esté sea un lugar más amable. Pero por sobre todas las cosas, desea que viva en un lugar en donde se sienta valorada. 

“Me la imagino cumpliendo sus sueños y con mi apoyo, ella es lo que más amo en el mundo y quiero verla feliz, capaz, sonriente, con confianza en sí misma, con la inteligencia de protegerse y ponerse en primer lugar siempre. La educaré de la mejor manera y le enseñaré a no tener miedo a nada” me dijo.

¿No es lo que todas queremos para las mujeres que amamos? Quiero que mi madre se sienta feliz y amada y que sepa lo agradecida que estoy de que ella me haya convertido en la persona que soy, que Ale siga haciendo lo que le apasiona y ayudando a mujeres, que la bebé de Lexie crezca feliz y sana, que mi mejor amiga siga creando.

Quiero que todas las mujeres que nos faltan reciban justicia. Quiero que todas las mujeres a las que vi hoy regresen con bien a su hogar y que las que no vi estén seguras. Quiero que todas las niñas que vienen sean seguras de sí mismas, que aprendan a cuidarse pero que no olviden disfrutar de la vida.

Honro a las mujeres que cuidan: ya sea a sus hijas, a sus amigas, a otras mujeres. Ya sea que sean madres, activistas o amigas pendientes de la ubicación en tiempo real. Ya sean las chicas del bloque negro manteniendo a salvo a las marchantes cuando están ante un peligro. Ya sean a todas aquellas que paran de marchar y levantan el puño si le pasa algo a una compañera. Ya sea a aquellas que nos ven mal y apoyan con lo que puedan.

Mujer, te quiero y te quiero a salvo. Entre nosotras nos cuidamos.

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Gina M. Erosa
Gina M. Erosa
Licenciada en Comunicación y Medios Digitales. Apasionada de crear, escribir, imaginar, preguntar y escuchar a las personas.

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