La serie documental original de Netflix “La Fiscal”, producida por Detective, se estrena el próximo 26 de marzo de 2026. A lo largo de tres episodios, la obra documenta el reto de Sayuri Herrera, defensora de derechos humanos, al frente de la primera fiscalía especializada en feminicidios de la Ciudad de México. A través de cuatro casos específicos, el proyecto expone los protocolos de investigación, además del acompañamiento a familias de víctimas dentro de una institución tradicionalmente hermética.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
Fotografías Detective
La Fiscal es una serie documental que retrata la labor de Sayuri Herrera al frente de la Fiscalía Especializada en Feminicidios de la Ciudad de México. Con un acceso inédito al sistema judicial, el proyecto acompaña las investigaciones de los casos de Karen Itzel, Joana Esmeralda, Yrma Lydya y Ariadna Fernanda, exponiendo las tensiones y posibilidades de transformar las instituciones desde su interior en la búsqueda de la justicia. La producción corrió a cargo de la casa Detective y su distribución se realizó vía Netflix.
En entrevista con Paula Mónaco Felipe y Miguel Tovar, directores de la docu serie, explicaron a ZonaDocs el origen de la propuesta. El proyecto nació de un vínculo previo entre ambos periodistas y la abogada Sayuri Herrera. La relación profesional comenzó durante la cobertura del caso Ayotzinapa hace más de una década, específicamente mientras acompañaban a Marisa Mendoza, viuda de Julio César Mondragón.
Paula recordó que, en aquel momento, Herrera fungía como representante legal de la familia. “Nos llamó la atención, una mujer joven con una fuerza increíble”, precisó. Asimismo, resaltó su perfil dual: una postura “muy ruda hacia dentro de la justicia” frente a un trato “amable y cariñoso y humano” con las víctimas. Aquel encuentro inicial cimentó el interés por documentar su trayectoria.
Cuando nombraron a Sayuri fiscal de feminicidios en 2020, la inquietud periodística resurgió. Para Mónaco, este nombramiento representó la oportunidad de observar la transición de una activista experimentada hacia las estructuras del Estado. “Nos generaba la inquietud de ver qué va a pasar con alguien tan distinto”, señaló.

La idea cobró fuerza tras un reportaje publicado en la revista Gatopardo a finales de 2020, elaborado junto a la periodista Wendy Selene Pérez. Ese texto dejó la convicción de que la narrativa requería mayor profundidad. “No alcanzábamos a contar más que una mínima parte”, explicó la directora. Ante esa limitación, los autores exploraron la expansión de la historia al lenguaje audiovisual.
Miguel Tovar propuso formalizar la iniciativa. “¿Por qué no intentamos hacer algo con Sayuri y con la Fiscalía de feminicidios?”, planteó. La propuesta maduró bajo su dinámica como periodistas independientes enfocados en coberturas de largo aliento. Así, el trabajo evolucionó de un cortometraje inicial a un largometraje documental, hasta consolidarse como serie.
El ingreso a las instalaciones oficiales se obtuvo tras una gestión directa con Ernestina Godoy, entonces titular de la institución. Paula detalló que la autorización facilitó el registro de dinámicas internas usualmente invisibles. “No queremos hacer un retrato a modo, sino un documental de lo que nos encontremos”, puntualizaron en su momento. La respuesta de Godoy fue tajante: “Adelante, yo no tengo nada que esconder”.
Más allá del discurso burocrático, el objetivo central consistió en capturar el día a día institucional y el liderazgo de Herrera en ese ecosistema. Miguel subrayó la impresión que mantuvo desde el arranque: “alguien muy comprometida” con “esa capacidad de acompañar y pelear y defender”. La serie abarca un periodo definido -de marzo de 2020 a febrero de 2025- y aspira a reflejar el reto de “intentar cambiar al estado, intentar que se atienda mejor a las víctimas, intentar que exista justicia”.

Aunque el rodaje no transformó su visión crítica sobre el aparato gubernamental, sí permitió identificar a funcionarios dedicados. Tovar aclaró que su trayectoria le permite distinguir excepciones como la de Herrera. “No creo que haya transformado mi percepción en las instituciones en general”, afirmó. El valor diferencial, sostuvo, reside en los individuos y en los equipos cohesionados que logran operar en esos entornos.
Para el codirector, el desempeño de Sayuri constituye un hito dentro de un sistema deficiente. La describió como “alguien implacable cuando toma una decisión”, con un método que influye en su equipo de trabajo. No obstante, recalcó que este caso no altera el diagnóstico estructural. “Yo creo que falta mucho todavía”, sentenció respecto a la procuración de justicia en el país.
Paula coincidió en que la serie no propone una visión idealista, sino que parte de una interrogante. El proceso de filmación, extendido por cuatro años y con 120 días de rodaje, ofreció una mirada privilegiada al interior del sistema. Tras esa vivencia, concluyó que “las instituciones dependen de las personas que estén ahí dentro en ciertos momentos”.
La periodista sostuvo que el documental permite cuestionar juicios absolutos. “Vamos a asomarnos a ver cómo son”, rememoró sobre el inicio de las grabaciones. De ese acercamiento dedujo que las mejoras no resultan de cambios estructurales permanentes, sino de las voluntades en turno. Bajo esta premisa, definió la serie como un testimonio de “la humanidad del hacer”, ajeno a lecturas optimistas o pesimistas.
La producción también provocó reflexiones personales sobre las fuerzas del orden. Relató que el contacto estrecho con agentes policiales matizó sus convicciones previas. “Para mí la policía siempre ha sido el enemigo”, admitió. El trabajo de campo planteó contradicciones sobre el rol de estos elementos en la actualidad:
“Para salir de este hoyo necesitamos que haya gente chida haciendo cosas chidas desde distintos lugares”, comentó.
Ambos cineastas enfatizaron que la obra expone la fricción entre la esperanza de las víctimas y las carencias del sistema. Mónaco reiteró: “no pienso que las instituciones son fabulosas”, aunque reconoció a quienes logran impactos parciales. Esa realidad coexiste con un panorama de violencia sistémica y estructuras resistentes al cambio.
Miguel añadió que, en este complejo escenario, las familias ocupan un papel determinante. “Las familias siempre son las que empujan a las instituciones”, aseveró. Remarcó que la exigencia de justicia en los feminicidios y desapariciones documentados recae principalmente en los colectivos. Esa insistencia ciudadana es, para los autores, el motor que vincula la realidad con la posibilidad de cambio en México.
Las condiciones para propiciar transformaciones internas dependen, según Paula, de una cadena de respaldos jerárquicos. La estructura institucional es vertical y el margen de maniobra está supeditado al apoyo superior. “Si hay voluntad política desde lo más arriba posible, eso permea para abajo”, aseguró. Bajo esta lógica, la gestión de Sayuri encontró sustento en dicho respaldo.
Igualmente, apuntó que la movilización social también determina estas condiciones. Las demandas de víctimas y organizaciones logran incidir en la agenda pública. “La presión social sin duda marca la agenda de los políticos”, afirmó. A su juicio, las mejoras posibles nacen de la suma entre la voluntad política y la exigencia ciudadana:
“Es una suma de fuerzas en la que si todos jalamos parejo hay más posibilidades -no en el sentido de ser condescendientes- (es decir) seguir empujando las luchas que son urgentes, las luchas que son necesarias, para que quienes estén en el poder no puedan obviarlo y tengan que hacer algo al respecto”, señaló.
En el ámbito periodístico, el proyecto surge de la búsqueda de nuevas narrativas para abordar la violencia tras dos décadas de cobertura en territorio mexicano. La elección de una plataforma global buscó potenciar el alcance del mensaje. “Queríamos que ese ejemplo… llegar a grandes audiencias”, explicó. La difusión masiva se vuelve así una herramienta para sostener el debate público.
El desarrollo audiovisual recibió el impulso del documentalista Diego Enrique Osorno, quien se integró mediante la productora Detective. Su incorporación otorgó solidez a la etapa final de un trabajo que sumó 120 jornadas de filmación entre junio de 2022 y febrero de 2025.
Para Miguel, el salto a una audiencia masiva a través de Netflix representó un desafío significativo. Calificó la experiencia como un “vértigo” debido al impacto potencial. Pese a ello, valoró el acompañamiento técnico de la plataforma que respetó el enfoque original. El director destacó la colaboración con diversos departamentos y el respaldo recibido por un equipo multidisciplinario.
Respecto al sustento documental de los casos, aclararon que la fuente primordial fueron las familias. “Fueron los familiares y amigas que nos hicieron llegar la información de los casos”, precisó. El acceso incluyó expedientes, audiencias y archivos, siempre bajo consentimiento expreso. Recalcó que este material sensible no provino de la fiscalía.
Finalmente, la serie articula cuatro feminicidios ocurridos en la capital a través de la óptica de Herrera. Paula Mónaco indicó que el proceso mantuvo un diálogo constante con los deudos para validar las líneas narrativas. El objetivo final, concluyeron, fue mostrar los límites y posibilidades de la acción institucional frente a la crisis de violencia.





