Pesimismo Esperanzador
Por Jorge Rocha, académico del ITESO / @JorgeRochaQ
La semana pasada hablamos sobre los antecedentes del llamado Plan B de la reforma electoral de Claudia Sheinbaum y de la necesidad de contar en México con una profunda y auténtica reforma política y electoral. Ya quedó claro que esta necesidad no será resuelta en este sexenio y que nos quedaremos con una mini-reforma electoral, muy descafeinada y que poco ayudará a mejorar la precaria democracia que tenemos.
Ahora bien, en este proceso de aprobación de la iniciativa de reforma electoral de Claudia Sheinbaum hay dos asuntos nodales para analizar, el primero es la reforma en sí misma y el otro es el juego de poder y las correlaciones de fuerza que se están generando en el proceso.
En cuanto a lo que políticamente se juega, hay dos narrativas que se oponen, la primera, que es la que los adversarios y críticos de la Cuarta Transformación sostienen, y es que el rechazo de la primera iniciativa de Claudia Sheinbaum y el “atore” que experimenta el llamado Plan B por parte del Partido del Trabajo (PT), representa un fracaso político para la primera mandataria, que no fue capaz de construir un acuerdo político con sus aliados (Partido Verde y PT) y que estos partidos satélites de Morena, están cobrando muy caro su apoyo para mantener la mayoría calificada en el Congreso de la Unión. Esta narrativa resalta que el verdadero poder sigue en manos de Andrés Manuel López Obrador, que fue el artífice de esta alianza electoral y de gobierno, pero que la presidenta Claudia Sheinbaum no ha podido refrendar y hacer suya. Ya son tres los descalabros que la presidenta ha tenido con este Congreso (la reforma contra el nepotismo, la designación de la presidencia de la CNDH y la no aprobación de la primera iniciativa de reforma electoral) y esto apunta, según sus críticos, a demostrar la poca fortaleza política de la presidencia.
La segunda narrativa estriba en una visión más optimista, donde los jaloneos y las negociaciones están reconfigurando las alianzas políticas, ahora con Claudia Sheinbaum como la titular del Poder Ejecutivo, donde el fruto serán alianzas reconfiguradas, donde aparecería que se mantiene el acercamiento con el Partido Verde, pero donde el PT se empieza a alejar de la ecuación. Hay que recordar que la fuerza política más débil de esta triada es el PT, que vive “horas extras” luego de que hace algunos años había perdido el registro electoral y lo rescató luego de la repetición de una elección local que le otorgó los votos necesarios para mantenerse en el espectro político. En este escenario, la presidenta buscaría tener otros aliados políticos, que, en lugar del PT, le sigan garantizando la mayoría constitucional. Ahora ambas narrativas tienen adeptos y críticos, y sólo el desenlace de este proceso y la configuración de las candidaturas del año 2027 nos ayudará a descubrir quién tuvo la razón.
Por otro lado, la mini-reforma electoral tiene, desde mi punto de vista, un aspecto sustantivo, varios procedimentales, algunos asuntos verdaderamente inservibles y un tema extremadamente polémico. El punto más importante es la reducción del número de regidores en los cabildos del país, donde el número máximo sería de 15, de acuerdo con la población de los ayuntamientos. Esta disposición, aunque puede ser justificada como ahorro al erario, en realidad mina la representación de las minorías políticas, que tendrían un número de asientos mínimo en los cabildos. Los aspectos procedimentales de la reforma tienen que ver con el ajuste a la baja del presupuesto a partidos, la vigilancia en tiempo real de los gastos de campaña, la disminución del presupuesto de los Congresos Locales y la inservible baja del salario de funcionarios electorales, que puede sonar justo, sin embargo, no resolverá absolutamente nada en el fortalecimiento de la democracia.
Sin duda alguna, el tema más controversial de la mini-reforma electoral, o el llamado Plan B, es adelantar la ratificación de mandato de Claudia Sheinbaum para junio del año 2027, esto significa que a la par de los diputados federales, de casi todos los diputados locales y de miles de candidatos a presidentes municipales, la presidenta también estaría en las boletas electorales y podría hacer campaña. Esto, además de inútil, porque hasta ahora nadie está pidiendo la renuncia de la presidenta, generaría un proceso de inequidad en las campañas electorales de las llamadas elecciones intermedias.
Habrá que ver en qué queda esta mini-reforma electoral y ver quién ganó y quien perdió. Por lo pronto sólo hay que agregar que la oposición política en el país tuvo un lugar de espectador en este proceso político.
Les deseo a todas y todos los lectores de Zona Docs unas muy felices vacaciones.
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