La manosfera: violencia que se gesta a partir de un simple click

Las redes sociales permiten a las personas mantener conexiones y crear comunidades en las que podemos interactuar y aprender. Desafortunadamente, un grupo de hombres se han organizado para desinformar y polarizar a la población en torno a un movimiento de odio hacia las mujeres. La manosfera, como se le ha identificado, se ha dedicado a distribuir un discurso que pone en riesgo no sólo a este sector de la población, sino a la sociedad y a quienes lo pregonan.

Por Gina M. Erosa / @ginaemerosa (IG)

Ilustración de portada: Boletín Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto de Investigaciones Antropológicas. 

La “manosfera” es una red de comunidades en la que los hombres pueden intercambiar consejos sobre relaciones amorosas, condición física e incluso paternidad, generalmente a través de foros o podcasts. Sin embargo, el varón se posiciona como una víctima del clima social actual, además de que las sugerencias vienen desde un punto de vista extremista, así lo reconoce ONU Mujeres. 

En estos espacios, las mujeres son vistas comúnmente como un recurso – cuyo valor se mide a través de la virginidad – al que se accede con éxito económico, por lo que las relaciones son transaccionales. Las mujeres se pintan como manipuladoras e interesadas, que únicamente dan oportunidad amachos alfas”: hombres convencionalmente atractivos y con dinero.

Sin embargo, las ideas de la manosfera no se quedan en un lugar aislado del internet; sus integrantes hacen un tipo de “activismo” con base en una agenda sexista y misógina en donde se promueve el acoso hacia las mujeres y aquellos que no estén de acuerdo con sus ideales – los llamados “cucks” u “hombres beta” quienes según esta doctrina aún no han despertado y visto la realidad del feminismo. 

Adicionalmente, crea una desvalorización hacia la violencia de género, pues según el barómetro de Juventud y Género realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD en 2021, uno de cada cinco jóvenes entrevistados la considera inexistente y que es más bien un invento ideológico.

La manosfera es un riesgo incluso para sus mismos miembros, pues según ONU MUJERES la manosfera promueve ansiedad, autolesiones y comportamientos riesgosos en los jóvenes ya que se sienten presionados por mostrarse más varoniles. Incluso hay casos en los que suben sus fotografías y las someten a comentarios crueles como motivación.

La comunidad se divide en cuatro subculturas. De acuerdo con el artículo CIBERFEMINISMO, CIBERACTIVISMO Y MANOSFERA de la autora Nuria Varela Menéndez: están los MRA (Activistas por los derechos de los hombres, por sus siglas en inglés) que cuestionan los divorcios en cuanto a las custodias de los hijos e hijas, régimenes de visitas, sentencias a favor de las madres y las leyes en contra de la violencia de género. Los MGTOW (Hombres yendo en su propia dirección) son aquellos que cansados de las relaciones emocionales y sexuales prefieren mantenerse al margen de ellas.

Los “PUA” o “artistas de la seducción”, por su parte desarrollan técnicas de ligue – que en ocasiones llegan a ser violentas – con el objetivo de tener relaciones sexuales con mujeres. En este grupo los cursos o libros creados por quienes creen tener una verdad absoluta son comunes, no obstante si estas estrategias no funcionan, los “alumnos” suelen volcar sentimientos de odio y frustración a las mujeres que los rechazan, en lugar de a la persona que los estafa.

Por último, están los Incels (célibes involuntarios), quien ONU Mujeres los define como, probablemente la subcultura más conocida y peligrosa, pues promueven las violaciones y agresiones sexuales bajo el entendido de que el sexo es un derecho para los hombres y las mujeres los privan de él. Además, se reúnen ideologías como el racismo y la homofobia.

Este grupo ha sido asociado a violencias en masa, el caso más conocido siendo el de la Masacre de Isla Vista en mayo de 2014, donde un estudiante de 22 años asesinó a sus compañeros de cuarto, a dos mujeres fuera de una hermandad femenina, a un hombre caminando y disparando en contra de transeúntes y embistiendo a otros con su coche. En total hubo 6 asesinados y 13 heridos.

Antes de conducir hacia la hermandad, publicó un video en YouTube en el que describía cómo sería el ataque y sus razones para realizarlo. En él, menciona su deseo por castigar a las mujeres por rechazarlo y a los hombres sexualmente activos por tener una mejor vida que la suya. 

El siguiente paso fue enviar a familiares y conocidos un manuscrito autobiográfico en el que habla sobre conflictos familiares, frustraciones por no conseguir novia, su odio a las mujeres, a las parejas interraciales y sus planes para concretar la masacre.

Este no es un caso aislado. En 2018 se registró otra masacre, esta vez en Toronto, donde el autor intelectual referenció al asesino de Isla Vista, nombrándolo un supremo caballero.

Después de esta segunda masacre, usuarios de 4chan elogiaron a ambos autores intelectuales y recalcaron que la violencia cometida por hombres que no podían encontrar novia era responsabilidad directa de las mujeres y que la única forma de solucionar el problema sería despojarlas de sus derechos y adoptar un sistema de distribución igualitaria de mujeres.

Frente a un ecosistema que capitaliza la frustración masculina para convertirla en un arma de odio, la manosfera prospera en el vacío de referentes de masculinidad sanas, ofreciendo un sentido de pertenencia basado en el dominio y la victimización. 

El desafío urgente es doble: por un lado, garantizar que el espacio digital sea un entorno seguro para las mujeres —donde el acoso no sea el costo de la participación—; y por otro, ofrecer a los hombres jóvenes espacios de identidad que no dependan de la jerarquía ni de la deshumanización de otras personas. El caso de Isla Vista y los datos de ONU Mujeres nos recuerdan que el discurso de odio es el preludio de la violencia en el espacio no virtual.

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Gina M. Erosa
Gina M. Erosa
Licenciada en Comunicación y Medios Digitales. Apasionada de crear, escribir, imaginar, preguntar y escuchar a las personas.

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