Dispersar el poder: a propósito de la resolución del CED

Manos Libres

Por Francisco Macías Medina / @pacommedina (X) / @FranciscoMacias (TG)

Apenas hace unas semanas el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CED) solicitó al Secretario General de dicho organismo que remitiera a la Asamblea General la situación de las desapariciones en el país para que considere medidas para apoyar a México en laprevención, investigación, castigo y erradicación.

El Comité recibió:

“indicios fundados de que en México se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidad, basándose en su evaluación de que se han producido múltiples ataques generalizados o sistemáticos contra la población civil en diferentes momentos y en diferentes partes del país” (Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los DH).

Las reacciones del gobierno federal colocándose en un inapropiado papel de víctima, con argumentos históricamente citados como el de la soberanía o el ataque de actores internacionales en contra de la situación política interna del país, sumado al silencio de los gobernadores de los estados y presidentes municipales, nos llevan a afirmar que en nuestro país existe una lucha permanente de quienes más necesitan ser protegidos en sus derechos y un Estado que aún a pesar de su lenta transición a la democracia prefiere una argumentación política, que responsabilizarse por los graves crímenes.

Desvela que la inercia autoritaria y de concentración del poder, permanece intacta y reacciona solamente cuando se activa una línea o círculo rojo que pone en riesgo una narrativa o presencia en la opinión pública, para evitar un mayor escrutinio.

La reacción es la utilización del discurso del enemigo en el que cabe todo lo que no es en su propio movimiento y que en el paso y ahora, coloca en serio riesgo a todas las personas y grupos que se dedican a defender el buen vivir  y  los derechos humanos.

Desde el poder del Estado, se emplaza desde el cálculo de las diversas crisis internacionales actuales: disminución del poder del derecho internacional, desglobalización y excesiva localidad autoritaria. Con ese escenario ¿para qué aceptar una responsabilidad o acelerar la cooperación internacional?, ¿qué país en ese escenario solicitará una consecuencia?.

Por eso, siempre puede citarse el encasquillado término de la soberanía, tan utilizado por gobiernos locales en medio de graves señalamientos de represión o de graves violaciones a los derechos humanos, pero no en las tumultuosas visitas para “atraer inversiones” incluso de empresas o actores involucrados en los recientes genocidios.

Existe también una intención deliberada de crear un ambiente de desesperanza, en donde ninguna voz, gobierno u organismo que busque la coherencia humanitaria sea creíble, permite re imaginar otro mundo y crear. Hay demasiados oídos para atender ese estruendo.

La determinación del CED me hizo recordar que la defensa de los derechos humanos no se articula solo entorno a instrumentos u organismos internacionales, a propósito de su quehacer, se tratan de sentires, poderes y quereres para que comunidades y personas incrementen su lucha, resistencia y agrietamiento de la dominación y de sus condiciones que provocan que la situación del país se convierta en una lucha de vida o muerte.

Me hizo recordar lo expresado por el experto Diego Rodríguez Pinzón, quien recuerda que aún a pesar que la potestad de realizar visitas in loco (en el lugar) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, estaba reconocida en un simple Estatuto, independientemente de que los Estados se adhirieran o no a la Convención Americana Sobre Derechos Humanos.

Con esa mínima atribución, desde 1961 los integrantes realizaron visitas a decenas de países. Recuerda el caso de la visita a Argentina en 1979, en la que salvó la vida de varias personas y comprobó que el régimen de dictadura efectuaba detenciones arbitrarias y desapariciones, permitió vencer el “parroquialismo” y la tímida diplomacia (Derecho Internacional de los Derechos Humanos, 2004).

Nuestra gran necesidad de respuestas impulsa un viento de premura, de respuesta inmediata que sabemos no llegará, por lo menos en la forma en la que ansiosamente nos imaginamos. La experiencia de las y los compañeros Zapatistas, de la montaña de Guerrero, de los pueblos Rarámuri, de Cherán y Wixárika, nos dicen que el camino es meticuloso, de relevos, largo y de una ampliada micro esperanza.

Implica re dirigir los sentidos: otro mirar hacia abajo donde se camina, se crean alternativas, se resiste y se celebra, se cuida.

Una escucha, más hacia el somos, la imaginación y creatividad, donde la poesía nos permita un quehacer, no cualquiera, con un ser, pensar y vivir no individual, no desde ser expertos, sino desde el accidente, la sorpresa, lo incompleto, desde la práctica que hace paso a paso.

Nos implica en otras formas de “organización”, como en una dinámica de “pecera”, donde las y los que están al centro son las y los que resisten y luchan, mientras que los demás tenemos como misión identificar dónde, cuándo y cómo actuar.

Un buen principio sería darle vida a la determinación del CED para que dichas comunidades puedan reinterpretarlos e impulsar prioridades, con ello exigirles a los actores estatales y locales convenientemente silenciosos, su pronunciamiento, su acción y si no su responsabilidad.

Continuemos la etapa de dispersión del poder, en un nosotras/os/es, todas/os/es hacemos falta.

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Francisco Macías Migrante de experiencias, observador de barrio, reflexiono temas de derechos humanos.

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