FICG 2026: “Uno, dos, tres por ti” y el reto de narrar la violencia desde las adolescencias

El cortometraje Uno, dos, tres por ti, dirigido por Diana Castro, explora la amistad adolescente en un contexto marcado por la violencia y las desapariciones. Surgió como proyecto de titulación y forma parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara 2026 en la sección Hecho en Jalisco. La directora combinó experiencias personales con una investigación cercana a colectivos de búsqueda para construir la historia.

Por Vanessa Briseño @nevervb

El cortometraje “Uno, dos, tres por ti, voy a encontrarte…” se sumerge en un territorio íntimo donde la violencia cotidiana no es solo ruido de fondo, sino un motor que descompone el entorno de dos adolescentes. En entrevista con ZonaDocs, su directora, Diana Castro,  rememoró el origen de esta obra y el recorrido que la llevó de ser un proyecto académico a integrarse en la selección oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) 2026, dentro de la sección “Hecho en Jalisco” en la categoría de cortometraje de ficción.

Formada en Psicología y Cine por la Universidad de Guadalajara, Diana ha sabido amalgamar ambas disciplinas para explorar las emociones humanas y las problemáticas sociales a través de la lente. Esta producción, que fungió como su proyecto de titulación, contó con el talento de Sofía Orozco, Sophie Galván y Clarissa Picazo. El desarrollo del filme no solo implicó un exhaustivo casting y la formación actoral de jóvenes sin experiencia previa, sino también un sensible acercamiento con colectivos de madres buscadoras, con el fin de retratar con respeto el doloroso contexto de las desapariciones en el país.

La cineasta relató que la premisa comenzó a gestarse hace cuatro años, impulsada por una profunda inquietud ante la realidad nacional. “Esta historia la empecé a escribir más o menos en ese tiempo como parte de mi proceso de titulación”, recordó. La omnipresencia de las fichas de búsqueda en las calles de la ciudad y la paulatina normalización de la violencia detonaron en ella una urgencia creativa. Según describió, el guión nació de una mezcla de sentimientos encontrados: “Viene desde la rabia y el enojo, pero también desde la empatía y, por supuesto, desde el miedo”.

A esta carga social se entrelazó una dimensión biográfica: la reconstrucción de vivencias ligadas a su propia juventud. Diana incorporó matices de su historia personal para dar vida al vínculo entre Andrea y Camila, dos jóvenes que navegan entre inseguridades, dependencias emocionales y el vértigo de la adultez. El propósito era observar cómo las fallas estructurales de un sistema violento se filtran en la cotidianidad de las infancias y transforman la construcción de sus afectos.

No obstante, el camino hacia la pantalla no fue lineal. Tras obtener un apoyo inicial para el rodaje, la producción quedó suspendida durante años debido a la falta de financiamiento y a una crisis personal. “No teníamos recursos y yo atravesaba un proceso complejo; llegué a sepultar el corto, ya no quería saber nada del cine”, confesó. Fue solo después de un tiempo de introspección que decidió retomar la obra hasta concluirla, permitiendo finalmente su entrada al circuito de festivales.

Mantener el proyecto a flote, tanto en lo económico como en lo anímico, fue uno de los mayores desafíos para Diana, quien buscó equilibrar en todo momento el drama íntimo con la denuncia social. El resultado es una pieza que dialoga con su contexto inmediato sin descuidar la sutileza de los vínculos, una apuesta que hoy encuentra espacio en uno de los certámenes cinematográficos más importantes de México.

En cuanto a la dirección de actores, se optó por un proceso de selección prolongado, inclinándose por “actrices naturales” que poseyeran una sensibilidad especial hacia la temática. La búsqueda se centró en encontrar jóvenes que compartieran una visión común sobre la violencia que atraviesa el relato, sentando así las bases para la construcción de sus personajes.

“Las chicas no tienen una formación académica previa”, puntualizó la directora. Tras una convocatoria de videocasting, las seleccionadas participaron en un taller de actuación frente a cámara durante un mes, bajo la guía de la actriz Marta Reyes. Este entrenamiento intensivo dotó a las protagonistas de las herramientas técnicas indispensables antes de iniciar la filmación.

Posteriormente, el equipo priorizó la creación de una química real entre las jóvenes. Más allá de los ensayos convencionales, se organizaron encuentros destinados exclusivamente a fortalecer la convivencia y la confianza mutua. El objetivo era que la relación que el espectador ve en pantalla naciera de una experiencia compartida y genuina, trascendiendo la mera interpretación del guión.

Para abordar la problemática de las desapariciones con la seriedad debida, la producción estableció contacto con colectivos como Por Amor a Ellxs y Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco FUNDEJ. Aunque la directora decidió no exponer a las adolescentes a testimonios tan fuertes, ella y parte de su equipo escucharon de cerca estas historias. Este ejercicio permitió impregnar el cortometraje de matices realistas y sostener el relato desde una perspectiva de proximidad y respeto.

Desde la visión de Diana, el filme es una reflexión sobre la creación y ruptura de los lazos humanos durante la etapa adolescente. La premisa central que guía la historia es la convicción de que la fortaleza es colectiva: “Cuando estamos unidos somos más fuertes; separados, somos mucho más vulnerables”, explicó, resumiendo el núcleo emocional de su propuesta.

Bajo este precepto, la narrativa analiza cómo las relaciones se fracturan a temprana edad y cómo, en ocasiones, esas grietas se reconfiguran a través del dolor compartido. Esta evolución de los personajes se entrelaza con el crecimiento personal de las protagonistas, quienes deben aprender a navegar en un entorno hostil.

La obra también integra otras violencias que asedian a las juventudes actuales, como el acoso escolar. Al incluir el bullying dentro de la trama, se amplía el espectro de las agresiones que enfrentan las adolescentes, sumándolo al clima general de inseguridad que impera en su comunidad.

Finalmente, Diana manifestó su deseo de que el cortometraje fomente la empatía y abra canales de diálogo sobre realidades que, aunque no se vivan directamente, forman parte del entorno de todos. “Me gustaría que las personas logren conectar más con estas historias”, señaló, enfatizando la importancia de visibilizar estas experiencias en espacios públicos.

Pese a la crudeza de la temática, la directora concluyó asegurando que “pueden arrebatarnos todo, incluso a nuestros seres amados, pero lo que no pueden quitarnos es lo que sentimos”. 

Para conocer más detalles sobre esta producción y sus horarios de exhibición durante el FICG 2026, los interesados pueden visitar el sitio oficial del festival en ficg.mx.

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Vanessa Briseno
Vanessa Briseno
Melómana por excelencia y apasionada de la lectura. Creo firmemente que el periodismo es una gran herramienta que te permite contar historias reales desde la verdad.

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