El colectivo Dejar de Chingar presenta “Encarnando”, un espacio de acompañamiento para hombres que busca confrontar el machismo desde una experiencia que combina reflexión, autocrítica y trabajo corporal.
A partir de su metodología de “12 preguntas para dejar de chingar”, el taller propone cuestionar prácticas cotidianas, romper pactos patriarcales y trasladar el cambio del discurso a las acciones.
Por Farah Medina / @_dtfarahm_
Fotografía de portada Facebook Dejar de Chingar
Hablar de masculinidades se ha vuelto cada vez más común, y en Guadalajara un grupo de hombres propone la reflexión y el cuestionamiento: el cuerpo, las acciones y las decisiones diarias.
El colectivo Dejar de Chingar, integrado por hombres que reconocen la masculinidad y el machismo como un problema social, desde 2014 realizan talleres, actividades y protestas para evocar el diálogo y la acción contra el machismo.
Con principios como la responsabilidad, cuidados, cariño, autocrítica y la no violencia, han creado un grupo de acompañamiento y ahora presentan una nueva edición bajo el nombre “Encarnando”.
Una actividad que busca confrontar las violencias machistas desde una experiencia integral, brindando acompañamiento, reflexión y cuestionamiento. “Lo que necesitamos los hombres es empezar a hacer”, afirma Gabriel “Gabo” Molina Huerta, psicólogo social y clínico, integrante del colectivo y encargado de la Jefatura de Masculinidades en Zapopan.
“Encarnando”, según cuenta en entrevista con ZonaDocs surge como una evolución de la metodología que han desarrollado en el colectivo: “12 preguntas para dejar de chingar”. Las cuales son una serie de cuestionamientos diseñados para interpelar a los hombres sobre sus prácticas cotidianas, sus privilegios y las violencias que ejercen o reproducen.
Esta nueva versión, toma el cuerpo como el centro, y es que a través del tiempo el colectivo identificó una brecha: la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, “a veces ese trabajo reflexivo no coincide con lo que pasa en la vida real de las personas”, explica Gabo.
Esto los ha llevado a replantear y continuar en la mejora de esta actividad, “entonces, lo que buscamos ahora es que no se quede solo en lo que pensamos, sino que también se atraviese en nuestros haceres cotidianos”.
De esta premisa surge el nombre del programa: encarnar los cambios, llevarlos al cuerpo. Esta nueva edición incorpora el trabajo corporal como eje central, en colaboración con la especialista Circee Rangel, quien aporta herramientas desde el teatro y la improvisación.
De esta forma se puede entender cómo la masculinidad también se construye físicamente. Según explica Gabo, desde este aspecto también su asume y se vive la masculinidad, por ejemplo, las expresiones faciales, “cómo qué máscaras utilizamos ante el mundo”, relata, al compartir el caso de un participante que adoptó una expresión permanente de enojo como mecanismo de defensa ante un entorno violento.
El cuerpo, en este sentido, no solo expresa emociones, también evidencia reglas de género, por ejemplo, la dureza, la resistencia, la autoexigencia.
Por ello las “12 preguntas” estructuran el proceso y abordan temas que van desde lo cotidiano hasta lo íntimo:
- ¿Cómo te ha afectado el machismo?
- ¿Le dices a tus amigos “te quiero”?
- ¿Los hombres podemos ser amigos de las mujeres?
- ¿Has violentado a una mujer?
- ¿Quién lava la taza del baño en tu casa?
- ¿Cómo te cuidas a ti mismo?
- ¿Qué haces cuando un amigo violenta?
- ¿Te has sentido discriminado?
- El dedo en el ano ¿Te gusta o te asusta?
- ¿Has pagado por sexo?
- ¿Te consideras joto – puto?
- ¿Eres machista o feminista?
Preguntas que buscan incomodar, abrir conversación y cuestionar prácticas normalizadas en las masculinidades.
Para el colectivo, estas preguntas no solo generan reflexión individual, también permiten identificar cómo el machismo afecta a los propios hombres, algo que los lleva a no poder disfrutar del sexo o poder acudir a terapia debido a los estigmas que conllevan, “a veces a los hombres nos cuesta reconocer que muchas de las cosas que nos afectan en este sistema están vinculados con el machismo”.
Explica, por ejemplo, que una de las posturas más recurrentes de los hombres es “culpar al feminismo” o hacer comparaciones sobre qué escenarios de vida afectan más a los hombres que a las mujeres, como una forma de no reconocerse afectados por el machismo.
“Por ejemplo, los hombres nos suicidamos cinco veces más que las mujeres, esto está vinculado a que los hombres no pedimos ayuda cuando nos sentimos mal, pero el 80% de las personas diagnosticadas con depresión son mujeres. Entonces, no es posible que haya más hombres que se suicidan y más mujeres diagnosticadas con depresión. Eso significa que los hombres no estamos yendo a procesos de salud”, cuestiona Gabo.
Otro punto clave, que se incluye en las 12 preguntas es romper con el llamado “Pacto patriarcal”, es decir, erradicar, minimizar o identificar la tendencia a encubrir o minimizar las violencias entre hombres.
“Es importante que también entre hombres nos podamos acompañar, no para solapar, sino para invitar a que los otros se hagan cargo”, explica.
Por otro lado, también brindan herramientas, para una reparación del daño, “tenemos la reparación de daño, que es saber cuáles son los pasos para una disculpa sincera, (…) y no se trata aquí de ver quién se equivoca más, quién se equivoca menos, pero sí se trata de ver cómo reparas cuando te equivocas”.
El taller no es uno tradicional, y es que convoca a la reflexión y a compartir con otros para poder reconocer. “Encarnando” es un espacio voluntario donde los participantes deciden cuánto involucrarse. “Hay dos extremos que es importante evitar: no hablar o hablar demasiado”, señala Gabo. “Cuando no hablas, escuchas y aprendes; cuando hablas demasiado, dejas de escuchar”, reitera.
El objetivo es encontrar un equilibrio que permita el aprendizaje colectivo. Sin embargo, en esta nueva edición, Gabo menciona que se encuentran a la expectativa de los resultados, ya que muchas veces, ante la presencia de mujeres, los hombres suelen hablar menos y será Circee, quién forme parte de este taller.
“Cuando hay mujeres en estos grupos, los hombres suelen ser más reservados, cuando solo son hombres, otras cosas pasan. Les es más fácil decir, “Ah, sí, yo veo este tipo de porno” (…) Pero si hay mujeres, tenemos otro ejemplo del pacto patriarcal (…) Vamos a ver qué pasa teniendo la presencia de Circee, yo creo que va a estar chido”.
Desde su surgimiento, el colectivo ha trabajado en distintos niveles: personal, relacional y social, con la intención de construir formas más equitativas de convivencia y nuevas masculinidades. “Encarnando”, busca sumar ese proceso. “No podemos existir desde la individualidad”, reflexiona Gabo. “Nuestra especie es social, necesitamos estos procesos comunitarios y de acompañamiento” concluye.“Encarnando”, tendrá dos sesiones, la primera el sábado 25 de abril. Para más información pueden consultar las redes sociales del colectivo Dejar de Chingar.


