Después de esto, ¿viviremos con el trauma?

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Escrito por: Paola Mercado Antillon

El domingo 22 de febrero, muchas personas estaban reunidas para correr el medio maratón, actividad deportiva que cada vez llama más la atención de atletas, profesionales y no profesionales que visitan nuestra ciudad de Guadalajara.

Así, con toda la alegría, pirotecnia y emoción, se dabamarcha al 21K de GDL.

¿Quién iba a pensar que, durante ese evento, habría un enorme caos en nuestra región?

“El Mencho”, apodo de Nemesio Oseguera Cervantes, quien se hizo famoso por ser el líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los grupos del narcotráfico más poderoso y violento de México en los últimos años.

Fue aquí, en Jalisco, donde tuvo una expansión rápida, ya que, en menos de una década, el grupo pasó de ser una célula local de Jalisco, a tener presencia en gran parte de país.

“El Mencho”, con un perfil bajo, a diferencia de otros narcotraficantes y con un aire de misterio, porque pareciera que no buscaba ser el foco de atención y, eso tenía sus efectos, pues alimentaba más su fama; además de que su Cártel se ha distinguido por la cruel violencia que ha abatido al país entero, pero en particular a nuestro amado Jalisco y sus alrededores.

Es muy común, en Guadalajara, pasear por nuestra ciudad y ver los posters de personas desaparecidas, mujeres y hombres que están siendo buscados. De este modo, nuestra ciudad se vuelve, lamentablemente, un gran recordatorio del horror, crueldad y violencia y también de que, en los hechos,quien sea puede desaparecer.

Con más frecuencia de la deseada, sabemos que una persona cercana desapareció. Y ya no son rumores, como hace 20 años; es una trágica realidad que vivimos día con día.

El “misterio” de Nemesio estaba ahí, en cada persona desaparecida, en el dolor de cada familiar; en esas madres con sus gritos desgarradores ante una lucha dolorosa e injusta. En esas hermanas y hermanos que van a la fiscalía,sin tener respuesta; en esos padres que aguantan el llanto cada vez que pronuncian el nombre de sus hijas e hijos desaparecidos.

No olvidemos que El Mencho está en todas esas familias que van a buscar los restos de sus seres queridos; su ropa, huesos, cuerpos en descomposición. En los análisis de ADN.

También El Mencho se ha hecho presente en todas nuestras familias, en nuestras infancias, que crecen con “la normalización” de esta ciudad convertida en un gran poster de cédulas de búsqueda; lamentablemente.

Mis hijos, de 9 y 5 años, al caminar por la zona de Chapultepec se detienen a observarlas, ven las fotos de cada cédula; ya saben a qué se refieren. Yo les he explicado, ¿podemos, acaso, ocultarles verdad tan desgarradora?

Ese 21 de febrero, en los grupos de chat del colegio de mis hijos, las mamás pedían que no les contáramos a nuestras crías sobre lo sucedido. Que sus hijas e hijos no sabían; antes eso pensaba: ¿cómo ocultar algo que la niñez ya sabe?, ¿cómo decirles el por qué no van a salir, como cada domingo, o no ir al día siguiente a la escuela?

¿Cómo contarles que las calles no son nuestras?

Un Estado que no nos ha podido cuidar, un Estado que traicionó y es cómplice de lo atroz. Un narcoestado. Un Estado que simula que hace y al que debiera interesarle la vida de las personas, pero que su apuesta mayor es la de unos cuantos; la de los más ricos y la de quienes están en la esfera del poder mismo.

El 22 de febrero está marcado, bajo el fuego de los balazos,no solo por la muerte de este personaje singular que fue Nemesio. Ese día, también, tenemos que hacer memoria de los coches incendiados; de las personas que murieron, del pánico colectivo y de que todas y todos vivimos angustiados.

Al encierro, este aislamiento “tipo pandemia”, pero al estilo Jalisco y que nos restriega en la cara, todo el tiempo, la marca de lo que es el CJNG en nuestra ciudad, en el Estado y en gran parte del país.

El día de 8M

Quince días después de la muerte de El Mencho, las marchas por el 8M en todo el mundo empiezan. Es una fecha importante para las feministas y para todas las luchas sociales; el poder manifestarnos, como mujeres, y alzar la voz ante las injusticias.

En Guadalajara, algunas amigas me decían que aún se sentían con miedo de salir a marchar. Después de ese día,duramos casi una semana para restablecernos en las actividades cotidianas y, a los quince días, ya teníamos el 8M.

¿Cómo poder salir a las calles después de que nos despojaron de ellas?

Sin embargo, fue así, que miles y miles de mujeres salimos a las calles.

Caminábamos y entre nosotras decíamos: “Hace quince días no podíamos salir y ahora aquí nos vemos”.

Contra todo despojo, íbamos con crías, con amigas, con familia; también solas, pero acompañadas.

En la primera marcha me tocó ir detrás de una señora, porque llegué tarde. Caminé junto a ella, con sus dos hijas,para poder incluirnos a la marcha separatista. Las escuchaba,en su emoción, por marchar las tres juntas. Cuando nos acercábamos, decía una de sus hijas: “ya se escuchan, quéemoción”.

Me despedí de ellas al alcanzar la marcha; y pensé que, aunque iba “sola”, todo el tiempo fui siempre acompañada.

Las mujeres salieron a las calles. Hicieron las calles suyas,después de todos los acontecimientos violentos. Los colectivos de búsqueda iniciaron las marchas. Quienes hemos estado en estos eventos, sabemos la euforia, coraje y emociones a flor de piel que se vive al estar en un 8M.

Se pide justicia, pero también se hace unión. Porque las manifestaciones sociales hacen eso, nos unen; nos encontramos ante la diferencia e indiferencia, tristemente y todavía de muchxs.

Ese día hace signo de lo que se vive en nuestra ciudad. Porque a pesar de las violencias imposibles de nombrar y recordar muchas veces, se resiste y se insiste en seguir vivas, vivos.

No es que lo normalicemos. Es que tampoco podemos, ni queremos quedarnos ahí… pasivas, en ese lugar del terror.

Así que marchamos para darle la cara, para hacer unión, colectividad, para abrazarnos…

Trauma. ¿Qué sigue después de esto?

Ya ha pasado más de un mes de la muerte de El Mencho y de la marcha 8M en la ciudad de Guadalajara.

¿Qué es un trauma?, quizá deberíamos empezar por definir el trauma.

Un trauma es un golpe que deja una marca. El diccionario de la Real Academia Española lo define así:

1.Lesión duradera producida por un agente maniaco, generalmente externo; 2. Choque duradero que produce un daño en el inconsciente y 3. Emoción o impresión negativa, fuerte y duradera.

La autora Rosaura Martínez lo describe de este modo:

Un trauma puede pensarse como el efecto de un golpe que hiere y que deja atrás un tipo de marca persistente, como un tejido lastimado que no cicatriza por completo. De hecho, uno de los sentidos de lo inconsciente y del síntoma traumático es el de lo reprimido que regresa. Y regresa porque, como se puede colegir de la coincidencia entre la teoría psicoanalítica del trauma y la definición de la RAE, el daño que se registra en dicha instancia psíquica es duradero. La herida que el golpe deja atrás es signo de que el sujeto ha sobrevivido al trauma y, al mismo tiempo, de que no ha transitado del todo. Esta sutura no lograda suspende el tiempo y cancela la historicidad entre el evento traumático y el presente, pues mientras permanece abierta la herida sentenciada, por decirlo de algún modo, al organismo (h)a de dedicar todos sus esfuerzos a sanarla, lo que lo deja sin energía para el cumplimiento de otras funciones necesarias para la vida. El trauma cerca, por lo tanto, el futuro. Lo esencial del trauma es una fuerza mnémica que se actualiza sin dar tregua.

¿Cómo estamos como sociedad, después de todos estos acontecimientos que no son solamente de poco más de un mes, si no de años de enfrentarnos a la crueldad que es capaz de hacer la humanidad misma?

Quizá sería pertinente apuntar que sí estamos en trauma. Que Jalisco, que el país entero está situado en el trauma. Que nos han lastimado durante años, que creemos que lo “normalizamos”, pero que probablemente estamos anestesiados ante tanto dolor. Porque después de tanto dolor el cuerpo puede generar anestesia como protección.

Una sociedad anestesiada que pareciera que es indiferente. ¿Pero y si ya no se puede más? ¿Cómo curar la herida de este trauma? ¿Cómo le decimos a las infancias que esto no es normal, si se vive en esta terrible realidad? ¿Cómo vivimos enterrando a nuestra juventud, a nuestra gente en fosas? ¿Cómo apuntamos que el cuerpo de las mujeres y la niñez es terreno de explotación y apropiación por la delincuencia en México?

Rosaura menciona algo importante, el trauma se repite y cerca el futuro. Y la repetición no cesa hasta que se reelabore el trauma y se pueda reconocer como una experiencia del pasado.

¿Cómo tener el suficiente coraje para decirnos que somos una sociedad vulnerada por el trauma?

No somos unos chingones, nos estamos chingando en el trauma. Y nadie se salva de la violencia que el trauma nos deja en lo colectivo y en lo individual.

¿Cómo trabajar en reconocer que el trauma, como experiencia del pasado, si constantemente se repite, lo hace con mayor voracidad?

No tengo las respuestas a mis preguntas. Pero apuntemoshacia donde Rita Segato, en sus libros, nos advierte: no hagamos de nuestra cultura una cultura de la crueldad, donde la violencia impere.

Cuestionarnos es, ya, un avance, colectivizarnos es ya, también una victoria…

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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