Ávalos: entre residuos tóxicos, memoria y formas de resistencia

#AlianzaTerritorial

Investigación académica analiza la exfundidora de Ávalos como un territorio marcado por residuos tóxicos, afectaciones a la salud y abandono institucional, pero también como un espacio donde comunidades y habitantes han construido formas de resistencia y memoria.

Por Karla Quintana / Raíchali

Chihuahua – La antropóloga Doménica Salas Santos presentó una investigación sobre la exfundidora de Ávalos, ubicada al suroriente de la ciudad de Chihuahua, un lugar que hoy concentra problemas ambientales, historias de trabajo industrial y formas actuales de resistencia social.

El documento lo presentó durante su examen para obtener el grado de maestra en Antropología Social en la Escuela de Antropología e Historia, y en él explica que el complejo industrial surgió con inversión extranjera ligada a la familia Guggenheim, que instaló en la zona una empresa dedicada al procesamiento de minerales.

Con el tiempo, la actividad dejó grandes cantidades de residuos conocidos como escorias y jales, que siguen presentes en el lugar. Para su investigación, Salas Santos habló con exobreros, extrabajadores técnicos, habitantes cercanos y también con artistas que han trabajado en el sitio. A partir de estas experiencias analizó cómo las personas viven, recorren y entienden este espacio, que no sólo es un terreno abandonado, sino un lugar con múltiples significados.

Uno de los puntos centrales del trabajo es que Ávalos tiene dos caras. Por un lado, existe una imagen ligada al orgullo industrial de Chihuahua, relacionada con el trabajo y la historia de la fundidora. Y el otro lado refleja la realidad actual: un sitio con residuos peligrosos que afectan a quienes viven cerca y que muchas veces pasan desapercibidos. En el área hay montículos de escoria y jales que contienen metales pesados como plomo, arsénico, cadmio y zinc.

Estos materiales pueden dispersarse con el viento o el agua, lo que representa un riesgo para la salud. La investigación señala que estos residuos están muy cerca de viviendas, escuelas y asentamientos. En el fraccionamiento Rinconada los Nogales, por ejemplo, las personas viven a pocos metros de estos depósitos. Desde 2011 detectaron problemas de salud, sobre todo en niñas y niños, y hacia 2014 estos casos se hicieron más evidentes.

Manifestación de habitantes de Rinconada Los Nogales, por afectaciones en la salud por jales de la fundidora en 2015
Foto: Especial

Entre los síntomas registrados, hay sangrados de nariz, manchas en la piel y dolores de cabeza. Esta situación llevó a realizar pruebas de sangre en menores y a presentar quejas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

El trabajo también menciona que hubo propuestas para transformar el lugar en espacios como un zoológico, un museo o un centro cultural, con la idea de hacerlo similar al Parque Fundidora de Monterrey. Sin embargo, estos proyectos no se concretaron. Además, el lugar ha sido ocupado por familias indígenas ódami (tepehuanas) que comenzaron a llegar hace más de diez años, desplazadas por la violencia en la Sierra Tarahumara. Conforme se ha recrudecido la violencia y el desplazamiento forzado en el municipio de Guadalupe y Calvo, hay más persona ódami que llegaron con fechas más recientes, de acuerdo con lo que ha documentado Raíchali.

A pesar de las condiciones difíciles, sin servicios básicos como agua o luz, estas familias han encontrado ahí una forma de seguir viviendo, mantener sus tradiciones y organizarse como comunidad.

Esa situación muestra una contradicción importante: un espacio considerado abandonado y contaminado también se ha convertido en un lugar donde algunas personas pueden reconstruir su vida, de acuerdo con el trabajo de Doménica Salas.

Finalmente, la investigación plantea que no sólo el territorio está en disputa, sino también la forma en que se cuenta su historia. En ese contexto, la antropóloga propone generar nuevas formas para documentar lo que ocurre en Ávalos, para incluir tanto los problemas ambientales como las experiencias de quienes viven ahí. El caso de Ávalos, concluye el estudio, refleja cómo un sitio puede ser al mismo tiempo un símbolo del pasado industrial, un foco de contaminación y un espacio donde se desarrollan nuevas formas de vida y resistencia.

***

Este trabajo fue publicado originalmente en Raíchali que forma parte de la Alianza Territorial. Aquí puedes consultar la publicación original.

 

Comparte

ZonaDocs
ZonaDocs
Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Quizás también te interese leer