Red Pill: Despierta de tu realidad

Este relato ficticio busca generar conciencia en cuanto a la manosfera y los efectos que tiene en las masculinidades adolescentes que, si no tienen un espacio seguro en el cual criarse y vivir sus emociones, pueden terminar siendo adultos con conductas misóginas y, en algunos casos que pueden llegar a ser peligrosas para otras personas y para sí mismos.

Por: Gina M. Erosa

Tenía 15 años la primera vez que le confesé mis sentimientos a una mujer. Helena, de mi salón de segundo de secundaria no era solo bonita, era extremadamente inteligente. La clase que más se me dificultaba era matemáticas, pero ella siempre tenía la mano levantada en cuanto la maestra pedía voluntarios para contestar las ecuaciones del pizarrón.

Helena se dio cuenta de mis problemas con la materia cuando me empecé a sentar a su lado para tratar de copiar sus ejercicios. Ella, en lugar de cubrirlos o decirme que me quitara, me sonreía y explicaba con paciencia qué había que hacer. Probablemente, la razón por la que aprobé ese curso fue por ella.

Helena y yo nos hicimos amigos rápidamente y aunque no pasábamos los recesos juntos, nos divertíamos hablando durante la hora de salida. Fue cuestión de tiempo antes de que empezara a tener sentimientos por ella y por la conexión que teníamos pensé que estaríamos en el mismo canal.

El día que decidí confesarle mi cariño fue uno de los más perturbadores que he tenido. Empezó de forma regular: me levanté, me alisté y caminé hacia la escuela, aunque corté unas florecitas del jardín para llevárselas; no sabía cuáles eran sus favoritas y aún no era verano, por lo que aún no tenía un trabajo para poder comprar un arreglo, así que esperaba que las que mi mamá había plantado en la entrada de la casa le gustaran.

Nunca había estado tan nervioso por una clase de matemáticas, ni siquiera cuando teníamos parciales, pero sentarme al lado de Helena me emocionaba bastante. No me le declararía instantáneamente, mi plan era esperar a que terminara la clase, para que todos estuvieran fuera del salón para el receso. Solo esperaba que las flores no se hubieran marchitado.

A pesar de mi nerviosismo la clase pasó rápidamente, como los exámenes estaban bastante cerca solo habíamos hecho ejercicios para practicar. No pasó mucho tiempo hasta que la mayoría de nuestros compañeros habían abandonado el salón.

– Helena… – le dije con la mirada fija en mis poco interesantes ecuaciones. – Tengo que hablar contigo antes de ir al receso.

Sus enormes ojos se posaron en mí y sentí la calidez en mis mejillas. 

– ¿Es sobre el examen?

Negué.

Helena frunció levemente el ceño pero de todas formas me regaló una de sus bonitas sonrisas. Señaló mi ejercicio incompleto.

– Claro. Cuando termines platicamos.

No pasó mucho tiempo hasta que llegó el momento que había estado esperando durante toda la mañana. Abrí mi mochila para sacar las flores que había recolectado y que, aunque se habían arrugado un poquito, seguían viéndose lindas.

– Helena, yo… – sequé mis sudorosas manos en el pantalón y le entregué las flores. Aunque se veía un poco extrañada las aceptó y me brindó un gesto de agradecimiento con la cabeza.  – Quería decirte que desde hace un tiempo he estado sintiendo algo más que amistad por ti y me gustaría que fuéramos novios.

Helena me sonrió con la misma dulzura de siempre y mi corazón se aceleró.

– Emi, te agradezco mucho el detalle y lamento si te di la impresión equivocada – me regresó las flores. – Pero ya estoy saliendo con alguien más.

En ese momento solo podía pensar en que esto había sido una mala idea y aunque no estaba molesto, no podía dejar de preguntarme quién era aquel que ella mencionaba. Nunca la había visto con alguien más.

– No pasa nada. Puedes quedarte con las flores.

Ella asintió y mientras recogía mis cosas, habló.

– Emilio seguimos siendo amigos, ¿verdad?

– Claro. Tengo que irme.

Dejé el salón lo más rápido que pude. No me gustó dejarla así en el salón, pero las lágrimas estaban picando en mis ojos y no quería que me viera llorar, hubiera sido muy incómodo.

Al llegar al sanitario, me encerré en  un cubículo y dejé que las lágrimas escaparan. En mi casa siempre hemos tenido la idea de que todos merecemos sentir y expresar nuestras emociones, por lo que es común tomarnos un momento en privado para respirar y tranquilizarnos. Aún así, ese día me di cuenta de lo diferente que es la realidad en otros hogares mexicanos.

Salí del pequeño espacio y me dirigí al lavamanos para mojarme el rostro, pero mientras lo secaba recibí un golpe – que según él tenía la intención de ser amistoso – de parte de Humberto.

Humberto de 3°A era uno de esos chicos que dicen ser tus amigos pero en realidad se dedican a acosar a todo aquel que ven en una posición vulnerable. No era una persona de fiar; podía empezar burlándose de ti y después empezar una pelea a golpes.

– Owwww, ¿estás llorando? ¿Qué eres, un bebé?

Suspiré y decidí que lo mejor sería no responder y salir por la puerta; de todas formas me quedaban diez minutos de receso y aún no había comido nada.

Estaba abriendo la puerta cuando sentí una pelota de papel chocarme en la cabeza.

– ¡Los hombres no lloran, marica! – me gritó.

Cuando abrí la puerta de entrada, no me sentí feliz de ver a mis papás. Las palabras de Humberto se habían quedado en mi cabeza y aunque había llorado cientos de veces frente a ellos ahora me daba vergüenza hacerlo.

Mientras comíamos me preguntaron qué sucedía y señalaron que estaba más callado de lo normal. Al principio, solo me había encogido de hombros y negado que algo hubiera pasado y me concentré en mi comida, pero llegó un punto en el que fue inevitable enfrentarme a ellos.

Habían estado hablando de las vacaciones que habíamos tomado el verano pasado y mamá preguntó si recordaba el nombre del hotel en el que nos habíamos hospedado. Honestamente, no había estado prestando atención a nada de lo que dijeron durante la comida, por lo que solo negué.

– Emilio, ¿nos dirás que tienes? – dijo mamá.

– No.

Hubo un silencio. Supongo que mis papás se sorprendieron, nunca había dado una respuesta tan tajante.

– Hijo. – Mi papá colocó su mano sobre la mía. – Puedes confiar en nosotros. Dinos qué sucede.

Yo sabía que podía hacerlo, pero no era un marica como había dicho Humberto. Quité mi mano y me levanté rápidamente.

– ¡No! Los hombres no lloran.

Subí a encerrarme en mi cuarto y aunque pensé en acostarme en la cama a llorar, recordé las palabras que acababa de mencionar y parpadeé para que las lágrimas volvieran a su lugar.

Me senté frente al televisor y lo prendí; mi plan era distraerme jugando videojuegos durante un rato y aunque había pensado en jugar el típico juego de carreras, cambié de opinión en cuanto prendí la consola.

La pantalla de inicio me mostraba un juego que nunca había visto: Red Pill: Despierta de tu realidad. Por un momento me cuestioné si mi papá habría entrado a jugar en mi cuarto, pero deseché rápidamente esa idea: por las mañanas está en el trabajo y además, nunca lo he visto jugar videojuegos.

Me encogí de hombros y presioné iniciar, quería saber de qué trataba. No tardé en darme cuenta de que Humberto también lo jugaba y que, de hecho, iba en un nivel bastante avanzado.

Al iniciarlo, la pantalla mostró un mapa con varios caminos. Frente a mí, se encontraba parado Diego, un personaje que brindaba información. Al presionar sobre él, apareció una burbuja de texto:

“¡Bienvenido a RedPill: Despierta de tu realidad! Este es el momento perfecto para quitarte la venda de los ojos y ver la vida por lo que es: injusta con la gente como tú y como yo. Para empezar, ingresa tu nombre.”

Aunque la premisa me pareció algo extraña, pensé que el juego sería de zombies o algo por el estilo. Como nunca había escuchado sobre él, llamaba mi atención así que decidí continuar e ingresar mi nombre.

“Gracias, Jugador 1. Se te comenzará a llamar por tu nombre hasta que avances en el primer nivel: conquistar a Stacy. Acércate para hablar con ella.”

Al presionar siguiente apareció una chica en la pantalla. Su largo cabello rubio le llegaba hasta la cadera y vestía un vestido rosa algo corto. 

Habían tres opciones de diálogo:

No suelo hablar con chicas como tú, pero me interesas.

Se te ve bien esa falda, supongo que te gusta llamar la atención.

Te iba a hablar antes, pero pensé que probablemente ya estás acostumbrada a que todos te digan que eres bonita. 

Honestamente, no elegiría ninguna de esas opciones para comenzar una conversación con una chica, por lo que elegí la primera sin pensar mucho.

La pantalla entonces desplegó un mensaje:

“Excelente elección, Jugador 1. Sin embargo, el 80% de las mujeres se sienten atraídas únicamente por el 20% de los hombres: aquellos que son ricos y atractivos. Como tú no cumples ninguna de estas características, Stacy te rechazó.”

Por un momento pensé en Helena y recordé que, antes de hoy, nunca había mencionado a su novio. En realidad nunca me había cuestionado mi físico, si bien juego en un equipo de fútbol, sigo siendo muy flaco. Y luego estaba la parte de los ahorros, yo trabajaba cada verano, pero durante el ciclo escolar entre las clases y los partidos no me daba tiempo. En cuanto a popularidad, tenía amigos pero tampoco era la persona más sociable del colegio. ¿Acaso el novio de Helena cumplía con esas características? ¿O tal vez solo me había dicho eso para rechazarme y él no existía?

Presioné continuar.

“Desafortunadamente, las mujeres tienen demasiada libertad de elegir a sus parejas. Pero no te preocupes, haremos que le gustes a raíz de algunos cambios.”

La siguiente escena me llevó a la entrada de un gimnasio en donde habían más jugadores con distintos tipos de cuerpos. Frente a ellos, Andrés, otro personaje programado, los hacía pasar al frente y destacaba sus errores:

“Tú eres muy gordo.”

“Tú tienes muchos granos, obviamente las foids van a rechazarte.”

Después, le tocó pasar a mi personaje.

“Tú pareces un palo de lo flaco que estás.”

Sabía que se lo estaban diciendo al gráfico de mi personaje, pero en parte sentí que era algo que yo también tenía que cambiar.

“Si quieren dejar de ser betas y convertirse en machos alfa tiene que comenzar *HOY MISMO*.”

Enseguida, se desplegó una lista de ejercicios para completar en el gimnasio; la mayoría eran mini juegos por lo que no tardé en completar las misiones de mi tablero Sin embargo, me llamaba la atención ver que los jugadores a mi lado conseguían resultados rápidamente, pero el mío estaba igual que cuando inicié.

Entonces, Andrés se acercó y su diálogo se desplegó en mi pantalla:

“Los machos de una especie determinada tienen que superar el miedo al dolor y al castigo, y el aumento de testosterona es lo que provoca el cambio hacia la disposición a entrar en combate”

Presioné siguiente.

“Si solo cargas pesas no verás ningún cambio. Inyectarte testosterona no solo te hará sentir más masculino, también serás más atractivo.”

La única manera de continuar con el juego era aceptando la testosterona e inyectándola, por lo que eso hice. A mi personaje entonces le creció un poco la parte del pecho y las misiones completadas se borraron.

“Ahora, vuelve a empezar.”

Resoplé pero hice caso, de todas maneras eran juegos entretenidos y que no me llevaba mucho tiempo completar. Al terminar cada mini juego, mi personaje crecía un poco más y me di cuenta de que en una de las esquinas de la pantalla ahora aparecía un guardarropas que me permitía usar otro tipo de prendas un poco más destapadas.

Cuando mi tablero volvió a estar completado, apareció una imagen felicitándome por haber completado esta fase. Como recompensa, recibí puntos de experiencia y un trofeo en forma de pastilla negra.

“Felicidades por haber completado la primera fase, Jugador 1. Cada vez estás más cerca de dejar de ser un beta.”

Volví a aparecer frente a Stacy, pero antes de poder acercarme Diego volvió a aparecer frente a mí.

“¡Te queda muy bien ese cambio! Pero aún necesitas convertirte en alguien. Recuerda que a Stacy le gusta Chad y tú sigues sin nombre y sin estatus. Ve a la escuela de Luis y deja que te enseñe cómo ser un hombre de valor.”

Aparecí entonces en una especie de reunión en la que habían otros jugadores que había visto en el gimnasio antes. Ellos también tenían un nuevo cambio de imagen.

Luis hablaba frente a la multitud sobre lo que las mujeres realmente querían:

“A las mujeres les gustan los hombres que ellas ven hacia arriba; un hombre con las mismas cualidades que ellas poseen les parece inferior. Por eso tienes que convertirte en tu mejor versión: una persona popular y con poder adquisitivo atrae a las mujeres.”

Un libro titulado “Cómo convertirse en un hombre de valor” apareció frente a nosotros. Al hojearlo, se presentaban más mini juegos que ayudaban a conseguir monedas, las cuales podían intercambiarse por ropa y accesorios o guardarse.

En una de las páginas del libro se aconsejaba esconder parte del dinero de tu futura esposa, pues era probable que eligiera gastarlo en compras innecesarias.

Luis volvió a hablar.

“Ahora que ya tienen dinero, necesitan ser reconocidos, demostrar que tienen el control y ganarse su nombre. Se enfrentarán entre ustedes y el ganador recibirá puntos de popularidad. El que tenga la mayor cantidad de puntos se llevará este precioso carro para que pueda pasear a Stacy.”

En la pantalla apareció un convertible rojo que yo ciertamente quería ganarme. Me imaginé en la vida real conduciéndolo, si lo tuviera ¿Helena hubiera querido salir conmigo?

Pensé también que Luis lo había expresado de manera extraña, ¿pasear a Stacy? Probablemente era un error de traducción, pero de todas formas llamó mi atención.

Empecé a jugar y me di cuenta de que, en realidad, los minijuegos eran demasiado fáciles. Por cada victoria, no solo aparecían más puntos de popularidad sino que más jugadores se colocaban a mi alrededor, celebrando conmigo. También noté que, al cambiar de vestimenta, ellos elegían la misma.

No tardé en llegar al puntaje más alto y cuando lo hice, me subieron al escenario en el que estaba Luis.

“¡Caballeros, oficialmente tenemos a un hombre de valor entre nosotros!”

Una horda de aplausos se escuchó por las bocinas.

“Emilio, estás a un paso de completar el primer nivel de RedPill. Has ganado un buen físico, estatus, capacidad de control y tu nombre. Si bien aún estás muy lejos de ser un alfa, vas por buen camino.”

Inconscientemente sonreí, me sentía validado. Pero al mismo tiempo, sabía que esto no era una realidad y que hasta el momento yo no era más que un beta.

“Todos los demás fracasados volverán al principio del nivel y tendrán que esforzarse más. Y recuerden, los hombres no lloran, actúan.”

Con esa frase, recordé a Humberto y su comentario de esa mañana, ¿habría aprendido esa frase en el juego?

La pantalla volvió a desplegar una imagen en la que se me felicitaba. Esta vez, además de los puntos de experiencia, aparecían mis puntos de popularidad y como trofeo, el carro.

Aparecí una vez más en la pantalla de inicio y me di cuenta de que Humberto también estaba jugando y al lado de su nombre aparecía el número 23, nivel en el que se encontraba. Pensé que había tenido que invertir mucho tiempo en RedPill, pues escalar tomaba tiempo.

Mi coche estaba estacionado y rodeado por mis seguidores. Antes de subir, apareció Diego frente a mí para darme instrucciones.

“¡Increíble, Emilio! Ahora eres alguien y puedes conquistar a Stacy, pero no olvides que te esforzaste y eso merece una recompensa. Recuerda que como hombre tienes derecho al sexo.”

Fruncí el ceño. Pensé que “conquistar” a Stacy sería convertirme en su novio, no tener relaciones. Al menos esa siempre había sido mi intención Helena. La idea me incomodó, pero al mismo tiempo quería saber qué pasaba al final del nivel, por lo que me subí al carro y fui hacia Stacy mientras los demás jugadores me seguían.

Llegué con ella y el juego me dio la opción de declararme. 

“Hola Emilio. Ya estoy con Chad, mejor suerte a la próxima.”

Su respuesta me molestó un poco, no por el rechazo sino porque había hecho todo este trabajo por nada y ahora probablemente tendría que volver a empezar el juego. De nuevo era un beta fracasado, como los demás.

Pero entonces, la pantalla desplegó un mensaje.

“¿Vas a dejar que te hable así? ¿En dónde queda todo lo que aprendiste? RETOMA EL CONTROL.”

Me sentí bastante extrañado y recordé a Helena. Cuando me le declaré no quería “sentirme en control”, solo quería estar con ella. La idea del control me daba una muy mala espina.

Seleccioné a Stacy y se desplegaron tres posibles opciones:

“Empieza el contacto físico.”

“Hazla escuchar.”

“Demuestra tu valor.”

Ninguna de estas opciones me gustaba, no haría nada de eso con Helena. Pero quería ver qué pasaba al terminar el nivel, así que seleccioné la opción que menos me incomodó: Hazla escuchar.

Pensé que el personaje solo le gritaría, pero en cuanto vi la cercanía que tuvo con Stacy desconecté la consola. En la pantalla se desplegaron distintos mensajes:

“DÉBIL”

“BETA”

“CUCK”

“MARICA”

Después, la pantalla se puso en negro.

Las escenas me perturbaron tanto que tardé semanas en volver a conectar la consola. Me di cuenta de que yo no quería ser un alfa, prefería ser la persona que ya era y conservar mis valores y sentimentalismo, incluso si eso me hacía quedar como un beta frente a otras personas.

Aún así, decidí que invertir en mi físico y educación sí era una buena idea, siempre y cuando lo hiciera de una forma crítica y porque yo así lo quería, sin necesidad de cumplir las expectativas de nadie más.

Superé mi enamoramiento hacia Helena unas semanas después y seguimos siendo amigos durante . bastante tiempo. Conocí a su novio en una fiesta tiempo después y la verdad es que era bastante agradable, podía ver porqué se querían tanto.

Durante mi adolescencia tuve suerte en el amor y en todo momento me aseguré de hacer lo contrario a lo que RedPill me había enseñado.

En cuanto a Humberto, fue expulsado pocos meses antes de su graduación por golpear a una niña. Enterarme me dio escalofríos, pues sabía de dónde venían ese tipo de ideas.

RedPill desapareció un día de mi consola y aunque no supe de nadie más que también lo hubiera jugado, sé que las ideas retrógradas que enseñaba siguen siendo fáciles de encontrar en sitios de internet.

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Gina M. Erosa
Gina M. Erosa
Licenciada en Comunicación y Medios Digitales. Apasionada de crear, escribir, imaginar, preguntar y escuchar a las personas.

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