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En el mundo, las grandes naciones como Estados Unidos continúan inflando el valor de sus activos a través del conflicto. Por su parte, las empresas mexicanas que se ven beneficiadas por esas actividades carecen de mecanismos que regulen el aumento desmedido de la concentración de riquezas que podría derivarse de posibles acuerdos de paz.
Por Ricardo Balderas / @PoderLatam
Los millonarios del metal no aparecen en las primeras líneas de los partes de guerra, pero su rastro es constante. Atraviesan cadenas de suministro, decisiones tecnológicas y acuerdos geopolíticos. En México, la lista de las mayores fortunas publicada por Forbes vuelve a colocar en posiciones destacadas a figuras cuya riqueza está vinculada, directa o indirectamente, a la extracción de minerales estratégicos. Nombres como Germán Larrea Mota Velasco, cabeza de Grupo México, o la presencia histórica de conglomerados industriales ligados a metales, evidencian un patrón que Ignacio Martínez, economista de la UNAM describe: “en los momentos de tensión global (guerra), el valor del subsuelo se multiplica”.
No se trata únicamente de cobre, oro o plata en su forma tradicional. La transformación tecnológica ha ampliado el mapa de lo que hoy se considera “mineral estratégico”. En entrevista, Ignacio Martínez, del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN) de la UNAM, lo explica con una frase que redefine el tablero: “ya no estamos hablando de bits tradicionales, sino de qubits”. La computación cuántica, lejos de ser un concepto abstracto, tiene implicaciones materiales concretas. Requiere helio, superconductores y metales con propiedades específicas. En ese nuevo ecosistema, el oro deja de ser solo reserva de valor para convertirse en componente crítico de circuitos avanzados por su conductividad y resistencia a la corrosión. Y ese negocio siempre recae en pocas manos.
La investigadora Leticia Merino, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, advierte que el aumento en el valor internacional de minerales estratégicos no solo beneficia a inversionistas y empresas extractivas, sino que suele traducirse en una expansión territorial de los proyectos mineros, legales e ilegales, particularmente en regiones con presencia de oro, plata y cobre. Según explica, este fenómeno intensifica conflictos socioambientales, presiona ecosistemas frágiles y profundiza la desigualdad, pues la riqueza generada por el alza de los commodities tiende a concentrarse mientras los costos ambientales y de salud recaen sobre las comunidades locales.
Ese desplazamiento tecnológico y económico coincide con un momento de alta conflictividad internacional. Las guerras contemporáneas (desde conflictos bélicos abiertos hasta disputas comerciales y tecnológicas) no solo consumen recursos: los revalorizan. Cada avance en electromovilidad, telecomunicaciones cuánticas o inteligencia artificial incrementa la presión sobre la minería. Martínez lo plantea sin ambigüedades: en la próxima década habrá “un incremento muy importante” en el mercado de metales, impulsado por la transición hacia estas nuevas tecnologías.

Ahí es donde los millonarios del metal encuentran su margen de expansión. Empresas como Grupo México, con operaciones en cobre, insumo clave para electrificación y sistemas energéticos, se posicionan en el centro de esa demanda creciente. El cobre, como el litio o las tierras raras, son indispensables para fabricar desde baterías hasta infraestructura digital. Cuando un conflicto interrumpe rutas comerciales o eleva la necesidad de producción militar y tecnológica, los precios se ajustan al alza y las compañías extractivas capitalizan ese movimiento.
“En términos globales los inversionistas buscan seguridad, entre comillas, y lo que genera hasta ahorita seguridad económica en el actual sistema o desde hace 500 años son los metales preciosos. Y en concreto el oro”, explica Merino.
En el mismo sentido, Antonio Ruiz Porras director del Centro de Investigación Económica de la Universidad de Guadalajara (UDG), explica que esto deriva de un sistema de especulación financiera (donde el valor de producción crece artificialmente) sin mecanismos que la regulen.
“El problema es que esa riqueza (la de la guerra, el extractivismo o en general aquella que tiene repuntes) es que sólo existe en papel dado que no se ve reflejada en la vida real de las personas, lo vimos con el Tren Maya, mucha gente se movió de lugar durante la construcción y ahora desplazados no tienen trabajo porque la obra terminó. Esto se ve a gran escala.”

México el subordinado
México, pese a su riqueza mineral, ocupa un lugar ambivalente en el escenario mundial. “México ya fue cooptado por Estados Unidos”, advierte Martínez al referirse al acuerdo estratégico de minerales críticos firmado en febrero de 2026. Según su lectura, este tipo de convenios cuestiona el principio de soberanía establecido en la creación de LitioMx. El país, en lugar de consolidarse como actor soberano, se integra como eslabón subordinado en una cadena dominada por potencias industriales, particularmente la de Estados Unidos.
Sin embargo, esos acuerdos impulsados por Estados Unidos con distintos socios en materia de minerales críticos (entre ellos México) forman parte de una estrategia de diversificación de suministro promovida por Washington ante la elevada concentración global de estas cadenas en torno a China. Funcionarios estadounidenses, como el Secretario Marco Rubio, han señalado que la dependencia de uno o pocos proveedores representa un riesgo estratégico para industrias vinculadas a defensa, semiconductores y transición energética, en un contexto donde China mantiene una posición dominante en el procesamiento y refinación de varios minerales esenciales.
Eso advierte una pregunta que la investigadora Leticia Merino responde. ¿Está México en la posibilidad geopolítica de enfrentar comercialmente a Estados Unidos? A lo que responde: “Yo pienso que la Secretaría de Economía está sujeta a estas presiones como uno de los espacios de gobierno que más está expuesto. Pero podrían hacer un poco más y no lo hacen. Yo creo que incluso en el tema del Tratado Comercial que no deberían aceptar, por ejemplo, que las controversias de ese tratado se resuelvan con criterios del Banco Mundial”, explica.
A las deficiencias regulatorias que existen en este tipo de mercados se suma el problema de la calidad y abastecimiento de recursos hídricos. En ese sentido, Beatriz Olivera directora ejecutiva de Engenera, explica que la experiencia que el país tiene con Grupo México y el derrame de lixiviados de cobre nos puede ayudar a dimensionar el problema.
“El agua al ser un recurso indispensable para la minería, también ha sido una fuente de conflictos socio ambientales. Esto debido a que las zonas mineras coinciden, en buena medida con ciudades con estrés hídrico como en las zonas Bajío y Norte (…) en cuanto a la contaminación del agua, México ha tenido experiencias de accidentes provocados por la industria minera. Esto sobre todo con el derrame de Grupo México nos muestra el impacto de la minería en el agua, particularmente la producción de cobre”, argumenta.
La riqueza de los millonarios del metal, entonces, no depende únicamente de la existencia o no de conflictos, sino de su capacidad para insertarse en estas cadenas globales. En ese sentido, figuras como Germán Larrea no operan en un vacío: sus empresas están integradas en mercados internacionales donde la demanda se dispara con cada escalada de tensión. El cobre que se extrae en Sonora o Zacatecas puede terminar en sistemas eléctricos, vehículos militares o redes de telecomunicaciones que sostienen economías en conflicto.
Según el ranking 2026 de Forbes México, las fortunas de los principales empresarios mineros del país crecieron de forma acelerada: Germán Larrea pasó de 28 mil 600 a 67 mil 100 millones de dólares en un año, mientras la familia Baillères duplicó su patrimonio al pasar de 9 mil a 19 mil 500 millones. Ambos incrementos fueron asociados por Forbes al alza internacional en los precios del cobre, el oro y la plata. En el caso específico del cobre, el principal beneficiario fue Germán Larrea: su fortuna se incrementó un 134.6% lo que Forbes atribuye, en parte, al aumento de más del 30% en los precios internacionales de ese metal durante 2025.
A esta dinámica, la del enriquecimiento, se suma lo que Ignacio Martínez denomina la “paradoja verde”. La transición energética —presentada como solución al cambio climático— exige una intensificación de la minería a gran escala. Autos eléctricos, paneles solares y redes inteligentes requieren cantidades masivas de minerales. “Queremos salvar el planeta con autos eléctricos, pero la minería necesaria es sumamente invasiva”, advierte. El resultado es un ciclo en el que la demanda tecnológica, muchas veces vinculada a contextos de competencia o conflicto, impulsa prácticas extractivas con alto impacto ambiental. Otro dato relevante y que concuerda con lo señalado por Martínez, es el de el Informe especial de la CEPAL sobre extracción e industrialización del litio donde se señala: “Según International Energy Agency, en 2040 se incrementará la demanda global de litio 42 veces la ocurrida en 2020, 25 veces la de grafito, 21 veces la de cobalto, 19 veces la de níquel y 7 veces la de tierras raras.”.
El impacto socioambiental que generan rara vez se refleja en los balances financieros de las grandes fortunas. En cambio, las comunidades donde se ubican los yacimientos sufren esos impactos y la extracción no siempre se traduce en beneficios económicos locales. La promesa de que la riqueza del subsuelo puede combatir la pobreza depende de condiciones estructurales que no están garantizadas. Sin inversión en ciencia, tecnología y capacidades industriales, la extracción se convierte en un negocio de enclave.
En el plano geopolítico, la situación se vuelve más compleja. México no solo participa en la cadena de suministro; también cede información estratégica. “Los participantes procurarán aportar mayor transparencia al mercado mediante el intercambio de información sobre la ubicación de posibles yacimientos de minerales críticos desarrollados por sus respectivos servicios geológicos gubernamentales, incluidos el Servicio Geológico de los Estados Unidos y el Servicio Geológico Mexicano.”, cita el Plan de acción de minerales críticos firmado entre Estados Unidos y México. Esto implica que el control sobre los recursos no se limita a su explotación física, sino que incluye el conocimiento sobre su ubicación y potencial. En un escenario de competencia global, esa información es un activo en sí mismo.
La relación entre guerra y riqueza minera no es nueva, pero adquiere nuevas formas en el siglo XXI. Ya no se trata únicamente de financiar conflictos mediante la explotación de recursos, sino de estructurar economías enteras alrededor de la expectativa de futuras disputas tecnológicas. La electromovilidad y las telecomunicaciones avanzadas, mencionadas por Martínez, son ejemplos de cómo la innovación redefine qué materiales son valiosos y quién se beneficia de ellos.

Las listas y sus contextos
En ese contexto, los rankings de riqueza funcionan como un indicador indirecto de estas transformaciones. La presencia constante de empresarios ligados a la minería en las listas de Forbes México no es casual. Refleja una estructura económica donde el control de recursos estratégicos sigue siendo una fuente central de acumulación privada de capital. La diferencia es que, ahora, esos recursos están ligados a tecnologías emergentes y a disputas geopolíticas que trascienden fronteras.
El caso mexicano muestra las tensiones de este modelo. Por un lado, existe el potencial para participar en una industria en expansión. Por otro, persisten limitaciones tecnológicas, presupuestarias y políticas que condicionan. LitioMx, creada como instrumento de soberanía, enfrenta restricciones que impiden su consolidación. Sin inversión significativa, su capacidad para incidir en el mercado global es limitada.
Mientras tanto, los millonarios del metal continúan ampliando su influencia. Su riqueza no depende únicamente de la extracción, sino de su integración en redes globales que se activan con cada crisis. En un mundo donde la guerra ya no se libra solo en campos de batalla, sino también en laboratorios y cadenas de suministro, los minerales se convierten en piezas clave de una economía en disputa.
Ruiz Porras de la Universidad de Guadalajara también es categórico y coincide con la visión del economista de la UNAM: “Ya estamos viendo en tiempo real ese rebote. El oro que es un metal muy importante para el desarrollo de circuitos, en febrero de este mismo año, justo el día antes de la guerra valía 5 mil 277 usd la onza. Hace unos días valía 4 mil 700. Entonces estamos hablando que perdió un 10% de su valor en unos cuantos días. Entonces esto es un proceso consistente con algunos metales. Y esto lo que nos dice es que hay mucha volatilidad. Por ejemplo, las listas de Forbes son obtenidas a febrero; el problema en caso de que fueran precisas es que el escenario de febrero es totalmente distinto al de hoy (refiriéndose al lugar que ocupan los millonarios en dicha lista)”.
Otro punto señalado por el académico es el de la falta de regulación para la debida diligencia, el académico menciona lo siguiente: “Tampoco hemos visto iniciativas mexicanas que por ejemplo beneficien a empresas que no financien las guerras como lo dictan los mecanismos de debida diligencia; evidentemente no existen. Las empresas mexicanas no tienen mecanismos que las regulen en ese sentido”.
Entonces la pregunta de fondo es: si países como México pueden transformar esa riqueza potencial en desarrollo interno o si permanecerán como proveedores de materias primas en un sistema dominado por otros. La respuesta, según la evidencia y las advertencias de los especialistas, depende menos de la abundancia de recursos y más de la capacidad para controlarlos. En esa diferencia se juega no solo la distribución de la riqueza, sino la posición de un país en el nuevo orden global.
Disclaimer:
La lista Forbes ha sido señalada por no publicar su metodología para calcular la riqueza en al menos 10 ocasiones; los montos reales de las fortunas —para las leyes mexicanas—, se encuentran protegidos por la ley de secreto fiscal por lo que resulta necesario contemplar la información proporcionada como una aproximación.
1Arteaga, Roberto (2026). Estas son las personas más ricas de México en 2026. Forbes.
2Ducet, Lyse (2026). Irán jamás cederá el estrecho de Ormuz. BBC.
3Shalal, Andrea (2026). US, EU deepen cooperation on critical minerals with eye to broader agreement. Reuters.
4 https://forbes.com.mx/estas-son-las-personas-mas-ricas-de-mexico-en-2026/


