Nadie nos preguntó

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Por Verónica Ortega

Fotografía de portada Mario Marlo / @Mariomarlo

Nada que festejar.

I. Esperanza

La palabra esperanza tiene significados distintos cuando vivimos una situación como la que atravesamos las madres buscadoras. Si la vinculamos con la maternidad, es una palabra muy fuerte porque, conforme pasa el tiempo, a veces la pierdes. Es una palabra que duele porque toda la gente te dice: “ojalá que aparezca tu hijo”. Ese “ojalá” para la gente tiene esperanza, pero en una, conforme pasan los días, se va perdiendo. Duele porque, a veces, la esperanza ya no es regresarte a tu hijo con vida; implica muchas otras cosas. Celebrar un 10 de mayo sin un hijo es difícil. Tienes a tus demás hijos y son tu motivo para seguir, pero como en mi caso, me falta mi hijo. Aunque estén todos los demás, me falta él.

II. Amor de madre

El amor de madre te mueve, pero tu concepto de ser madre cambia radicalmente. Te conviertes en detective e investigadora. Quizás hasta que vivimos situaciones como esta nos damos cuenta de la ineptitud de nuestras autoridades. Creo que la labor de búsqueda en México —y específicamente lo que veo en Jalisco— es lo que genera menos empatía. Aunque insistimos, nuestra voz no se escucha tan fuerte como en otros problemas sociales. Sabemos que somos madres porque parimos a nuestros hijos, pero cuando nos los quitan, es como si nos mataran a nosotras también. Sobrevivimos cada día porque la ausencia es algo que no puedes olvidar ni un solo momento de tu vida.

III. La amputación

Es muy difícil seguir adelante. Perder a un hijo es como perder una extremidad de tu cuerpo y tenemos que aprender a vivir con eso. En esta lucha legal nadie te informa nada. Tú vas a levantar la denuncia y nadie te orienta: nadie te dice que vayas al Semefo, que hay instituciones de apoyo o un lugar para los familiares directos —hijos, esposas, madres, hermanos— que son quienes más sufren esto. Nadie te dice que hay espacios de acompañamiento; tú sola tienes que tratar de buscar una esperanza.

IV. El tiempo

Las otras madres buscadoras juegan un papel importante en el proceso porque las autoridades no te guían ante la magnitud de lo que estás viviendo. Por lo regular, cuando conoces a gente que ya tiene más tiempo, empatizan contigo y te ofrecen una luz de esperanza de que hay lugares que sí te ayudan emocionalmente. Cuando empecé a conocer a más mamás y ver que tenían siete, diez o quince años buscando… oír “quince años” te derrumba. Pero escuchar esas fechas te va preparando inconscientemente para la posibilidad de que esto dure tanto tiempo. No puedes ver el tiempo como lo ve la demás gente; ellos ven días, a ti te duele la vida.

V. Empatía

Yo empatizo mucho con las otras mamás buscadoras. Yo trabajo y yo misma compro mi material, mis lonas y mis fichas de búsqueda, pero hay muchas personas que no tienen para cubrir esos gastos y ahí sientes que estás sola. Empatía es lo que le hace falta a la sociedad. Hasta que no vives las cosas es cuando quisieras que todo el mundo te apoyara, pero hoy la respuesta es nula. Hay miles de desaparecidos y, sin embargo, los días 2 de cada mes en el rosario de la Glorieta de las y los Desaparecidos, a veces somos 50 personas o menos. Es increíble.

Rosario no celebra este 10 de mayo. Entre lonas costeadas por su propio trabajo y rosarios con poca gente en la Glorieta, ella solo sabe que le sigue haciendo falta Luis Armando. Mientras él no esté, ella seguirá ejerciendo su maternidad desde la búsqueda y la exigencia, aunque el cuerpo le siga doliendo como una extremidad perdida.

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En Edufem realizamos actividades educativas y formativas que tienen como objetivo impulsar condiciones igualitarias y equitativas que propicien, desde la educación, el desarrollo integral de niñas, niños, adolescentes y mujeres.

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