Maternidades al extremo

Habitar

Escrito por: Paola Mercado Antillon

Cuando me convertí en madre, fui de las primeras en mi círculo de amigas. Tenía 26 años cuando me embaracé. Muchas de ellas aún no estaban seguras de desear la maternidad. En mi caso, aunque el miedo me invadía, yo sabía que quería hijes, que deseaba la maternidad. ¿Por qué razón?… es un absurdo; pero no sé sabe del todo, cuando se desea algo, el percatarse por qué se anhela. Solo tenía claro que era una imagen en la que me veía. 

Así que me ha tocado crecer con mis maternidades y ser testigo del proceso de muchas de mis amigas, que se han convertido en madres y también de las que han sostenido no querer serlo. En ese ser testigo de las maternidades de las otras y la experiencia de mi propia maternidad, haciendo este trabajo de crianza desde nuestras historias, desafíos, traumas, privilegios, faltas, etcétera. Y… bueno, es que así se materna, con lo que nos falta, con lo que nos duele, con los traumas, con lo que nunca vamos a poder darles, con lo que nunca nos dieron. Con las fallas de nuestras propias madres, incluso con sus ausencias. 

Ausencias que por momentos también son necesarias. 

Sin embargo, hoy en día, en las redes sociales circula una presión; la de ser super mujeres que pueden con todo: maternidades, trabajo, cuerpo, salud mental, amistades, pareja, etcétera. 

Pareciera que nos vivimos al extremo, todo tiene que ser perfecto, sin falta, no podemos fallarle a nadie; menos a nuestras crías, pues el check list del cómo “vivir plenamente”, el error queda como el peor de los pecados. 

Muchas mujeres se viven con maternidades como si fueran hazañas heroicas o imposibles, nos debatimos, todavía, entre la buena y mala madre. Y lo que mantiene esta idea, de fondo, es la imagen de buena o mala mujer. Que el otro, incluso, nuestre hije, nos pueda responder la pregunta “¿dime si soy buena?…” tarea de por sí algo tramposa, porque nunca se llenará esa expectativa completamente ideal y al querer hacerlo, solo nos exponemos al riesgo de una tarea imposible.  

Para Freud, el trabajo de educar, ser padre y madre, es una tarea imposible. No por que no se pueda hacer, sino porque el resultado que deseas con el otro no puede lograrse al pie de la letra, como se quiere. Siempre se va a escapar algo, y esto ocurre porque nuestra hija o hijo es un otrx. Tiene sus propios deseos, sus propios conflictos en la vida, e interpretará el mundo no desde la intención materna o paterna. Y es mejor estar advertidas ante esto, ya que es una tarea impracticable de controlar; y si nos aferramos al extremo a querer gobernar todo, lo único que pondremos en juego será el vínculo y el cuerpo en un lugar extremo, de suma tensión. Precisamente en ese lugar en el que seremos calificadas como buenas o malas. 

¿Se puede maternar de otra manera que no sea al extremo?

Es muy complicado, sobre todo en una época tan voraz como la que vivimos. Las maternidades siguen siendo ese campo de competencia, en el que se juega la pregunta: ¿Quién es la mejor?; la mejor mujer elegida para el Otro… pero es importante que no todo se juegue en esa fantasía irrealizable. 

Sí, hemos fantaseado con las maternidades perfectas, con las maternidades buenas y que no tienen errores. Y quizá hemos dejado a un lado el deseo, en el deseo que implica poner el cuerpo para cuidar, para no sacrificarnos ante el hecho, imposible, de ser consideradas buenas. 

Me gusta pensar mi lugar de maternidad como un lugar de refugio. 

¿Qué mayor cuidado que un refugio?… 

Refugio  

Las maternidades como un refugio de amor; así nos convertimos, no somos, y nos construimos, si lo deseamos. Si nos abrimos a las faltas propias y las del otro. 

Para ello es importante aceptar que, como todo abrigo, no es perfecto. Incluso las guaridas suelen ser chozas, túneles misteriosos, cuevas, recovecos en la tierra, nada perfectos; pero sí seguros. Seguridad que sea lo que pase allá afuera, ese lugar me va a mantener con vida. 

Refugios Guerra Civil de Almería

Las mujeres que maternamos, ya sea por reproducción o no. Y que deseamos y trabajamos en el deseo de maternar, convertimos nuestro cuerpo en refugio. Porque sí, la maternidad también se trabaja al trabajarnos nosotras como mujeres. Al lograr autorregularnos, para regular a una cría; al tener deseo por la vida y que pueda ser transmitido a ese ser. 

Los albergues no son perfectos, no tiene que ver con la estética de la belleza, ni con lo que le proveemos a nuestras crías material o socialmente; tienen que ver con el llamado a la vida. 

¿Cómo hacer ese llamado a la vida como madres?… es una pregunta compleja de responder, porque tendríamos que trabajar en nuestro propio llamado, en nuestras formas de habitar la vida. 

Insisto, no se es perfecta, no somos madres con esa supuesta salud mental inquebrantable, porque muchas mujeres maternamos rotas y, sin embargo, desde allí, es que hacemos ese llamado a la vida

Mi invitación con estas líneas justo va por ahí, que podamos darle lugar a lo roto que hay en nuestras vidas; para así, desde la grieta, desde el hueco, desde lo que nos falta y nos faltará, construir refugios para nosotras mismas y que nos permitan maternar… y es que, ¿la maternidad puede ser un abrigo para las mujeres que deseamos ser madres?

Mi respuesta, muy personal, es que sí. 

Por supuesto que sí.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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