Trotamundos político
Por Fabrizio Lorusso / @ Fabrizio_Lorusso
Trump y “su América” están perdiendo la guerra en Irán, pero no la hegemonía global como tal. Pierden consensos, pero todavía pueden hacer fundamentalmente lo que quieren en el planeta. No se puede hablar de decadencia absoluta de Estados Unidos, que no “gana” una guerra desde hace unos80 años y ha perdido la primacía mundial en distintos campos de la ciencia, la economía y la tecnología, porque es más oportuno en mi opinión hablar de decadencia relativa y crisis estructural. Su declive va a ser lento, pausado, pese a la opinión común de que sería inminente y ya actual.
Los EUA profundos, los del MAGA y del centro, quisieran retirarse de su imperio y del mundo, esto sí, pero no lo pueden lograr porque se trata de una construcción estructurada a lo largo de décadas y décadas, incrustada en su economía y aparatos, que ya camina como mecanismo inercial de dominación, particularmente orientado al control de rutas y mares, recursos, estrechos y puertos, e imbricado a su vez con el propio sistema capitalista y con el andamiaje talasocrático.
No se puede salir fácilmente de todo ello, aunque Trump lo haya prometido. Pues allí están Marco Rubio y los halcones, incluyendo a Netanyahu, a recordarle que sacar al imperio de sus dominions es costoso e imposible de momento, pese a haber ganado elecciones con ese compromiso y a declarar que América (incluyendo Latinoamérica) va ser su esfera de influencia principal. Que de hecho ya lo es, con pocos gobiernos que tímidamente pueden oponérsele y que no pueden realmente impedir que Cuba implosione y vuelva a ser objeto del neocolonialismo gringo.
Se trata de una crisis que, a la postre, podría llevar a la decadencia absoluta y al cambio hegemónico global a favor de China u otra potencia o bloque, o bien, más probablemente, consolidar el mundo multipolar incipiente que ya se perfila en este siglo XXI.
Básicamente, con crisis estructural entiendo: (1) una crisis del modelo de acumulación del capitalismo, cuyo pivotesigue siendo Estados Unidos, aunque cada vez más desplazado del eje Atlántico al eje Pacífico y sino-asiático, y a la merced del complejo militar-industrial, mediático-tecnológico, y de un enorme nivel de financiarización de la economía global, siempre lista a explotar en burbujas purulentas; y (2) de una crisis identitaria, depresiva, de confianza y de perspectiva, un bloqueo fentanílico de promesas y de estilo de vida del “sueño” (e imperio)americano como lo habíamos conocido en el siglo XX. Con todo, no significa que ahora haya alternativa y que la caída sea inminente, al contrario.
Hay reflejos, señales, en la decadencia relativa de la economía a favor de otros países, aun continuando EUA a mantenerse en primer lugar por PIB y poder financiero. Claro, al final de la 2ª Guerra Mundial más de la mitad del producto mundial era Made in USA y ahora es más o menos un 25%.
Otra cosa debe decirse de su poderío militar y nuclear, en que la brecha se profundizó y todavía más inalcanzable en el corto y mediano plazo: sin embargo, esto no necesaria o automáticamente significa “ganar guerras”. Irán lo demuestra. EUA no va a conseguir la venta o desmantelamiento del uranio persa, ni la caída del régimen por el momento. Y su capacidad de disuasión se ve mermada ante los ojos del mundo.
Apenas se vislumbra un acuerdo, beneficioso para todas las partes para reabrir el estrecho de Ormuz, eventualmente cobrando una cuota a favor de la reconstrucción iraní. O sea, el presunto acuerdo entre el gobierno de Trump y el régimen de los ayatolas regresaría simplemente la región al estatus quo anterior. Pero con una ulterior caída de credibilidad de la potencia global en crisis. Esto significa decadencia relativa del soft power, mientras se refuerza la idea y los usos de la gendarmería global y del hard power estadounidense como recurso principal para apuntalar el imperio.
Tendencialmente no hablo de decadencia absoluta de la potencia sino de crisis y decadencia relativa porque, aun perdiendo sus apuestas y guerras, Estados Unidos puede hacer en el mundo lo que se le dé la gana.
Amenaza a México y Canadá, expande su presencia militar en Groenlandia y pretende adueñarse de ella, pone en jaque a la OTAN y obtiene más inversiones militares y compras de energéticos de Europa, impulsa el proteccionismo y retira la ayuda a Ucrania, saca al presidente de Venezuela para el cambio de régimen y pretende ahora hacer lo mismo con Cuba para compensar la derrota en Irán, apoya un genocidio en Palestina y Cisjordania para que los fachos del gobierno israelí predominen con su anhelo del “Gran Israel” y se hagan con el dominio del Líbano meridional.
Su afán y hambre por el control regional y energético en Oriente Medio y la venia de su socio chantajista, el criminal Benjamín Netaniayu, contrastan con la idea de hacer a América grande de nuevo, pero así es la dinámica imperial, inescapablemente destinada a una gran quema final de memoria neroniana.
Y es que otros contrincantes como China y Rusia no se la pasan tan bien como pudiera parecer, pese a ciertas narrativas que quieren ver al dragón chino desplazando ya a EUA en cuestión de una década. El imperio del centro ni siquiera está en posibilidad de recuperar por el momento a la “isla rebelde” de Taiwán o de imponer el control marítimo sobre por lo menos los mares ribereños que tiene en frente y su océano “natural”, el Pacífico, dominado completamente por su rival.
Los casi 40 encuentros entre Xi y Putin en su trayectoria como presidentes habla de un estrechamiento de relaciones y más dossier en común, sobre todo después del inicio de la guerra en Ucrania, pero no implica cercanía real entre dos naciones y pueblos que tienen un altísimo concepto de sí mismas, se conciben como imperios antagónicos y se acercan, más bien, en función antiestadounidense, con Rusia siempre proclive a desconectarse nuevamente cuando Europa y Estados Unidos normalicen sus relaciones con ella .La hegemonía global está en disputa, sí, pero todavía no hay otra.






