Cuando la sensibilidad se transforma en resistencia ambiental: Sofía Probert

Sofía Probert (@sofia.probert) es ilustradora, bióloga y comunicadora ambiental. A través del arte y la sensibilidad, busca traducir la crisis ecológica en narrativas más humanas y accesibles, alejadas del miedo y el “morbo ambiental”. 

Su trabajo busca la  reflexión sobre la relación entre las personas, el territorio y la esperanza de otros futuros posibles.

Por Farah Medina /@_dtfarahm_

Entre los algoritmos, el impacto inmediato y los discursos ambientales construidos desde el miedo, Sofía Probert (@sofia.probert) decidió tomar otro camino; comunicar la crisis ecológica desde la sensibilidad.

Ilustradora, bióloga y comunicadora ambiental, Sofía utiliza las artes visuales para traducir y llevar una narrativa más accesible y humana. 

Las ilustraciones y arte de Sofía, cuenta, se mueven entre el dato científico, la denuncia, la esperanza, la creación y la resistencia ambiental: “soy una persona super sensible que empezó a darse cuenta que necesitaba, por mera supervivencia, un espacio sensible desde donde habitar el mundo”, así se describe Sofía. 

Esta sensibilidad nació en el bosque, según cuenta, creció rodeada de árboles, montañas, aves y glaciares; observando siempre con curiosidad, “desde que soy muy niña, me gusta muchísimo la curiosidad ambiental, la curiosidad de ver árboles, montañas, glaciares, aves”.

Así llegó al arte, tiempo después se sumaría la biología, y es entre estas dos disciplinas que descubrió el lugar desde donde se construye su trabajo como comunicadora ambiental, un espacio donde la ciencia, la creatividad y la sensibilidad se combinan:

“Estudié artes visuales y luego biología, entonces la comunicación ambiental surgió como este espacio común desde donde podía hacer una convivencia entre dinámicas creativas, sensibles y una curiosidad más racional y científica”.

Durante mucho tiempo, sus dibujos estuvieron inspirados por la admiración hacia la belleza de los seres vivos, las montañas y los ecosistemas, que de una u otra forma terminaron transformando su obra, “me enamoré de la posibilidad de traducir la belleza y la sabiduría y el poder que tienen los seres vivos para hacer expresiones artísticas y estéticas” dice.

Y aunque fue una parte fundamental, los incendios forestales, los derrames de petróleo y las múltiples formas de devastación ecológica llegaron a su trabajo. Se volvió necesario hablar de aquello que amenazaba la belleza que apreciaba y retrataba, “empezó a destaparse la necesidad de hacer publicaciones que hablaran sobre ecocidios puntuales, fueron los que me conectaron más a un tipo de comunicación ambiental que no solo fuera de lo bonito de la naturaleza, sino que también era enfrentar todas las problemáticas socioambientales”.

En redes sociales, Sofía encontró una herramienta. 

Ahí comparte ilustraciones, collages, textos y reflexiones que nacen de procesos de investigación extensos. Explica que su método creativo suele comenzar con una noticia que le provoca conflicto, esto motiva la investigación, la traducción de la información a un lenguaje accesible que pueda involucrar a más personas y finalmente la transforma en pieza artística. 

La creación, también la ha llevado a experimentar con diferentes métodos,  como dibujar o escribir algo íntimo y luego descubrir cómo esa emoción conecta con una problemática ambiental.

Ese equilibrio entre información y la emoción se volvió una característica de su trabajo, ya que Sofía entiende que detrás de cada cifra y problemática ambiental existe una experiencia humana y colectiva, “no me gusta solo quedarme con los datos. Me gusta quedarme con lo que significan los datos y cómo eso me hace sentir”.

Sin embargo, en las redes sociales y los algoritmos que las rigen, la devastación suele convertirse en el contenido más viral, Sofía  ha decidido tomar distancia de lo que llama “morbo ambiental”, rechazando por completo las narrativas que utilizan el miedo y las imágenes dolorosas únicamente para generar interacción, pues cuestiona la romantización de las luchas ambientales y la defensa de territorio.

 

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Desde esa experiencia también reconoce los privilegios que atraviesan su posición como creadora. Habla constantemente de la necesidad de escuchar a quienes habitan los territorios y sostienen resistencias locales.

Esto implica reconocer que existen comunidades enteras poniendo el cuerpo frente a proyectos extractivos, violencia y despojo. “No romantizar la defensa, porque casi siempre estamos partiendo de un privilegio que niega que hay personas que están poniendo el cuerpo en un país donde se asesina y desaparece a defensores del territorio”, apunta.

Insiste en que su trabajo no puede separarse de las luchas comunitarias, desde hace años ha colaborado con procesos locales de resistencia ambiental, donde ha descubierto que las artes visuales también funcionan como herramientas políticas, desde murales, campañas gráficas, acompañamientos territoriales hasta proyectos colectivos.

También insiste en la necesidad de politizarse y escuchar a quienes habitan directamente los territorios.

Por otro lado, Sofía señala que buena parte de la comunicación ambiental actual en redes sociales es atravesada por dinámicas de consumo y monetización que reducen las problemáticas  a tendencias pasajeras o especies “vendibles”.

Hablando de especies animales, cuestiona el porqué hablar de solo algunas de ellas, cuando todos los organismos son importantes para la vida. “Es súper común que veamos contenido que habla sobre ballenas o jaguares cuando hay corales, medusas, fitoplancton y miles de organismos que no se hablan porque no venden”.

Por esto, su trabajo busca generar preguntas más que imponer o dar respuestas absolutas. Le interesa generar incomodidad, reflexión y pensamiento crítico en quienes consumen contenido ambiental.  

Con el tiempo, Sofía ha detectado una transformación en la comunidad que ha construido a lo largo de los años en redes sociales, la cual le ha llevado a cambiar su manera de entender internet; lo que comenzó como un espacio para compartir dibujos terminó convirtiéndose en una red de personas interesadas en la defensa y comunicación ambiental.

Esta misma comunidad también la ha llevado a cuestionarse, dar apertura al debate y a tomar responsabilidad, enfrentando sus errores y llevándola a reconocerlos. 

También ha aprendido de autocuidado, pues trabajar todos los días con temas relacionados con el deterioro ambiental ha implicado para ella una carga emocional. Describe agotamiento, dolor y ecoansiedad como parte de su experiencia, “antes escribía algo y me dolía muchísimo y terminaba agotada”.

Por ello, con el tiempo entendió que no podía asumir sola el peso de la crisis climática ni colocarse en el lugar de salvadora, “tampoco soy la salvadora de nada y tampoco me toca a mí tener la responsabilidad de todo”.

Eso la ha llevado a que sus publicaciones construyan narrativas distintas, en las que se reconozca la gravedad de lo que se vive actualmente, pero sin perder de vista la esperanza de otros futuros:

 “La esperanza también es un camino político importante para poder plantear otros mundos posibles”.

El trabajo de Sofía continúa apostando por la pausa, la sensibilidad y el vínculo estrecho con el territorio, siendo un recordatorio de que la crisis ambiental ocurre en la manera en que las personas se relacionan con su entorno y consigo mismas. 

Así, desde su trabajo y experiencia invita a las personas a resistir, observar y recuperar el vínculo con los de territorios de los que hablamos, “animarnos a ver toda la vida que existe, toda la vida que está resistiendo”, finalizó.

 

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Farah Medina
Farah Medina
Llegué al periodismo por accidente e impulsada por el ‘olfato periodístico’, las narrativas con una perspectiva de derechos humanos y la necesidad de seguir creando espacios para las voces, plumas y visión de las mujeres periodistas, me quedé.

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