#DespuésDel22F
El miedo llegó primero como rumor. Un grito atravesó los pasillos del Hospital Civil: decían que hombres armados habían entrado a urgencias. Nadie sabía con certeza qué estaba pasando afuera, pero dentro del hospital el pánico comenzó a extenderse entre enfermeras, pacientes y familiares. Mientras Jalisco ardía tras el operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, el 22/F también convirtió a los hospitales públicos en escenarios de incertidumbre, encierro y terror.
Por Diana Morán / @diana.moraan
El grito de dos mujeres jóvenes de intendencia aturdió los pasillos del Hospital Civil Dr. Juan I. Menchaca de Guadalajara, Jalisco.
—¡Ay, balacearon allá abajo, llegaron a urgencias y balacearon!
—¿Tú viste? —preguntó Sandra, desconfiada.
—¡No! Pero es que dijeron…
—A ver, si no viste, no vengas aquí a intranquilizar a mi personal —reclamó Sandra.
Sandra llevaba 28 años trabajando como enfermera. Por falta de personal, aquel domingo 22 de febrero de 2026 estaba encargada de las áreas de medicina interna y cirugía.
“Dingdingdingdingding”.
Los mensajes comenzaban a saturar los teléfonos del personal médico. Un enfrentamiento armado en Tapalpa, al sur de Jalisco, había terminado con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
—Aquí no ha pasado nada y yo no he escuchado nada —les dijo Sandy a las trabajadoras de intendencia.
Aunque, en realidad, su hija ya le había advertido sobre los autos incendiados y las tiendas en llamas que había visto sobre Calzada Independencia mientras regresaba a casa. Esa avenida que durante años ha dividido y marginado a distintos sectores de la sociedad tapatía.
Mientras intentaba tranquilizar al personal, Sandy volteó de reojo hacia las escaleras de emergencia ubicadas a los costados de los 12 pisos del hospital.
—Me imaginaba como en la película del Titanic, ¿te acuerdas? —me contó después.
Las escaleras, normalmente vacías, ahora retumbaban con las pisadas aceleradas de personas subiendo y bajando. A través de los vidrios observó correr a personal médico, familiares e incluso pacientes con bata.
Sandy pensó:
“Si se me salen al pasillo, va a empezar la histeria”.
Les pidió a sus compañeras mantener a todos los pacientes dentro de sus habitaciones, pero el nerviosismo comenzaba a extenderse también entre ellas. Más aún cuando empezó a circular el rumor de que afuera del hospital había una camioneta pickup blanca cargada con barriles de gasolina.
—¡La van a prender! —gritaban por distintos pasillos.
Minutos después recibió otra llamada.
—¡Mamá, ya se metieron al hospital! —le dijo su hija.
—Todo está aquí tranquilo, aquí no se ha metido nadie —respondió Sandy mientras le mostraba por videollamada el pasillo donde trabajaba.
Tiempo después, al recordar aquella jornada, confesó que realmente sentía un nudo en el estómago.
—Aquí yo, mira, yo sentía la panza así —dijo mientras revolvía las manos alrededor del abdomen.
***
A unas 12 cuadras de ahí, entre las calles Belén y Coronel Calderón, se encuentra el Hospital Fray Antonio Alcalde.
En un día normal, las banquetas que rodean el hospital suelen llenarse de familiares esperando noticias de sus pacientes. Adultos mayores haciendo filas, personas sentadas bajo la sombra y niños jugando fútbol frente al Jardín Botánico mientras intentan sobrellevar la espera.
La calle Tenerías, donde se ubica el área de urgencias y el edificio de geriatría, normalmente permanece llena de movimiento. El olor de los tacos y los guisados de las fondas se mezcla con el de la humedad y los orines. Pero el día en que abatieron al principal líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, la rutina dejó de existir.
Desde la terraza del área de geriatría, el norte de Guadalajara parecía otra ciudad. La gente corría de un lado a otro, levantaba el celular para grabar y desaparecía rápidamente bajo cualquier techo o entrada abierta.
Eran alrededor de las nueve de la mañana cuando Selene, también enfermera, comenzó a recibir los primeros reportes de bloqueos cerca de Talpa. Para quienes viven en Guadalajara, la violencia que ocurre en las carreteras suele sentirse lejana; pocas veces parece alterar la vida cotidiana de la ciudad.
Pero esta vez fue distinto.
Las personas reunidas en la terraza observaban los videos y mensajes con creciente desesperación. Hasta que un joven gritó:
—¡Ya se metieron, hay que hacer una barricadaaa!
Selene estaba en la central de enfermería. Volteó buscando a alguno de sus compañeros, pero el piso estaba vacío.
Las imágenes que veía en su celular comenzaban a parecerse demasiado a la realidad que estaba viviendo.
“¿Qué hago?”, pensó.
En la sala donde guardaban tiliches y camillas, varios enfermeros se escondieron para resguardarse. Permanecieron ahí alrededor de 40 minutos.
Cuarenta minutos en los que Selene no terminaba de comprender lo que estaba ocurriendo.
Hasta que finalmente uno de sus compañeros salió y anunció:
—¿Saben qué? Todo está bien, no es cierto.
El rumor que recorría el hospital aseguraba que integrantes de “la maña” habían ingresado al área de urgencias.
El Hospital Civil atiende a cualquier persona y, en ocasiones, algunos pacientes permanecen bajo custodia de la Fiscalía. Pero quienes habían entrado aquella mañana —según comenzaron a decir dentro del hospital— no parecían funcionarios comunes.
“Los fiscales no van de shorts”.
La frase se propagó rápidamente entre trabajadores y familiares.
El miedo aumentó todavía más cuando comenzaron a escuchar que los custodios habían empezado a cortar cartucho.
Ya fuera de las camillas, un familiar le gritaba desesperado a su paciente:
—¡Cállate, ahorita no te van a atender! ¿No ves que se quieren meter a matarnos?
Selene pidió en un grupo de WhatsApp que enviaran personal de seguridad.
Nunca llegaron.
Quienes finalmente aparecieron fueron el supervisor de área y la jefa de enfermería para aclarar que nadie había ingresado al hospital.
***
De vuelta en el Hospital Civil Nuevo, Sandy logró mantener a los pacientes resguardados dentro de sus habitaciones. No fue sino hasta cerca de las tres de la tarde cuando las autoridades del hospital enviaron un mensaje confirmando que oficialmente se encontraban en Código Rojo.
Tanto Selene como Sandy terminaron sus turnos sin saber cómo regresar a casa.
Pasaron horas antes de que pudieran salir de sus respectivos hospitales, cuando finalmente llegaron los relevos. En ambos casos, las autoridades fueron una presencia prácticamente ausente.
La enfermería ha sido históricamente uno de los pilares de los hospitales públicos. Pero en México, además de aprender sobre salud y cuidados, quienes ejercen esta profesión también han tenido que aprender a trabajar en medio del miedo, improvisar protocolos y mantenerse en calma cuando afuera las calles se llenan de fuego.
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“¿Qué pasó después del día en que Jalisco se detuvo?” es un proyecto periodístico realizado por alumnas y alumnos del Laboratorio de Información de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO en colaboración con ZonaDocs


