Un bautizo que culminó en despedida

#DespuésDel22F

El 22 de febrero de 2026 comenzó como un día de celebración para Luis e Isabel. En Ameca, al interior de la parroquia de Santiago Apóstol, esperaban bautizar a su hija rodeados de familiares, comida y música. Pero mientras avanzaba la misa, los celulares comenzaron a llenarse de videos, rumores y alertas sobre vehículos incendiados y carreteras bloqueadas en distintos puntos de Jalisco.

Poco a poco, el miedo vació el templo. Afuera desaparecieron los comerciantes, cerraron los negocios y el centro del municipio quedó en silencio. Lo que debía ser una fiesta familiar terminó convertido en el recuerdo del último día que compartieron con Fernando, hermano de Luis, sin imaginar que una semana después estarían despidiéndolo en una misa de cuerpo presente.

Por Verónica Martínez / @vero.pargaa 

El domingo 22 de febrero comenzó como un día de celebración para Luis. En Ameca, a unos 70 kilómetros de Guadalajara, él y su esposa Isabel se preparaban para el bautizo de su única hija.

A las siete de la mañana comenzaron a arreglarse para ir a la parroquia de Santiago Apóstol. Mientras se preparaban, tomaron el celular y encontraron las redes sociales llenas de videos, mensajes y reportes sobre hechos violentos en distintos puntos de Jalisco.

“No era la primera vez que sucedía algo así. Pensamos que no iba a escalar a algo más grave; no estábamos en Guadalajara”.

Aunque Ameca no era ajeno a la violencia —según datos del Instituto Jalisciense de las Mujeres, el 56% de su población se siente insegura al caminar por las calles—, esa mañana todavía parecía posible continuar con los planes.

Como cada domingo, en la misa dominical se realizarían bautizos colectivos. El trayecto hacia la parroquia tomó apenas unos minutos, pero al llegar a la plaza el ambiente ya era distinto.

La gente comenzaba a irse. Los comerciantes levantaban sus puestos antes de tiempo. Los negocios cerraban poco a poco.

Eso no era normal. Mucho menos en domingo, cuando la plaza suele llenarse de familias de comunidades cercanas que van a hacer mandados o pasar el día.

Dentro del templo, las llamadas y mensajes no dejaban de llegar.

“Malamente, toda la misa me la pasé pegado al celular”.

Mientras avanzaba la ceremonia, comenzaron a circular reportes sobre carreteras bloqueadas y vehículos incendiados. Luis empezó a preocuparse por sus familiares y conocidos que venían desde Guadalajara. Para entonces, la Secretaría de la Defensa Nacional ya registraba al menos 24 bloqueos en Jalisco.

Sin embargo, dentro de la parroquia todo parecía mantenerse suspendido en otra realidad. No había disparos ni gritos. Solo el sonido de la misa y las vibraciones constantes del celular en el bolsillo.

Al ser un bautizo colectivo, originalmente había cinco parejas con sus hijos. Conforme pasaron los minutos, varias familias comenzaron a retirarse antes de terminar la ceremonia.

El miedo fue vaciando el templo.

Luis e Isabel decidieron quedarse. Para ellos, el bautismo representaba algo más que una celebración: era el primer sacramento de iniciación dentro de su fe.

Cuando la misa terminó, únicamente quedaban dos parejas.

“Fue el bautizo más exprés que me ha tocado presenciar”.

Todo ocurrió con prisa. Apenas terminó la bendición, las puertas de la parroquia se cerraron.

Al salir, el panorama había cambiado por completo.

Los puestos que normalmente ocupaban la plaza habían desaparecido. Las banquetas estaban vacías. El movimiento habitual del centro ya no existía.

La celebración se canceló.

Los padrinos —hermanos de Luis—, Isabel y la bebé se fueron a resguardarse a casa de los padres de Luis. Él, en cambio, todavía tuvo que trasladarse al salón donde se realizaría la fiesta para pagar los servicios contratados: la comida, la música, el brincolín.

Habían esperado ese día durante meses.

Más tarde, ya reunidos en familia, comenzaron a comprender la dimensión de lo que estaba ocurriendo.

“Nosotros estábamos a 50 metros de la carretera, cerca de un AutoZone”.

El establecimiento fue incendiado. Desde la casa podían percibir el olor a quemado y escuchar a los bomberos intentando apagar el fuego. Después de controlarlo una vez, el incendio volvió a comenzar. Esta vez las llamas consumieron el lugar completo.

“Se escuchaban como balazos, pero eran explosiones”.

El sonido se mantuvo durante horas.

Aquella tarde terminó siendo completamente distinta a la que habían imaginado: sin festejo, con miedo y encerrados en casa.

Al anochecer, cuando percibieron más movimiento en las calles, Luis, Isabel y su hija regresaron a su hogar. Parecía que la situación comenzaba a calmarse.

Pero para la familia, esa semana apenas comenzaba.

Fernando, hermano de Luis y encargado de tomar las fotografías del bautizo, estuvo presente durante toda la ceremonia sin imaginar que ese sería el último evento familiar que compartirían juntos.

Días después, Fernando tuvo que trasladarse a Guadalajara debido a una complicación médica.

“Teníamos que ir con miedo, tomar carretera”.

Su estado de salud se agravó y poco después falleció.

“El bautizo de mi hija fue el domingo 22; al domingo siguiente yo estaba en la misa de cuerpo presente de mi hermano”.

El bautizo terminó convirtiéndose en otra cosa: el último momento que compartieron juntos como familia sin saberlo. La violencia no solo interrumpió una celebración. También quedó atravesada para siempre en el recuerdo del último día que pasaron con Fernando.

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“¿Qué pasó después del día en que Jalisco se detuvo?” es un proyecto periodístico realizado por alumnas y alumnos del Laboratorio de Información de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO en colaboración con ZonaDocs.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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