#DespuésDel22F
El 22 de febrero de 2026, Jalisco volvió a mirar de frente la violencia. Los bloqueos, incendios y enfrentamientos posteriores a la muerte de Nemesio Oseguera hicieron visible por unas horas el miedo que muchas familias llevan años habitando en silencio.
Pero para personas como Héctor o Marcela, aquella jornada no fue una excepción ni una ruptura de la normalidad. Fue la confirmación de una guerra que conocen desde hace tiempo: la de buscar a un hijo, una amiga o un ser querido desaparecido en un estado atravesado por la impunidad. Entre búsquedas en campo, amenazas y redes de apoyo construidas desde el dolor, estas familias han aprendido que la única forma de resistir es hacerlo juntas.
Por José Gilberto Patiño / @josepatino_21
Foto: María Villareal Farías
“Yo tengo el video de cómo se llevan a mi hijo y veo lo mismo: un comando armado, la manera en la que operan, la impunidad. De cierta forma es como volver a vivirlo”.
Cuando Héctor Flores vio las imágenes de autos incendiados, hombres armados y carreteras bloqueadas tras la detención y muerte de Nemesio Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, no vio solamente un nuevo episodio de violencia en Jalisco.
Vio algo que ya conocía.
Para las familias buscadoras, la violencia del 22 de febrero de 2026 no fue un hecho aislado. Llevan años desenterrando el saldo invisible de una guerra sin ganadores.
Las escenas que millones de mexicanos observaron horrorizados en redes sociales y medios de comunicación revivieron en Héctor el día en que elementos de la Fiscalía desaparecieron a su hijo.
Héctor Daniel Flores Fernández tenía 19 años cuando fue sustraído de su domicilio el 18 de mayo de 2021. Cuatro hombres armados, identificados como agentes de la Fiscalía de Jalisco, irrumpieron en la vivienda que compartía con su pareja.
“Estaba trabajando, porque quería ahorrar un dinero y ya después continuar con sus estudios”.
Con la voz quebrada, Héctor recuerda a “Dani” como un joven apegado a su familia y con cualidades de líder.
Quizá ese liderazgo fue heredado.
Desde la desaparición de su hijo, Héctor comenzó una búsqueda incansable que lo llevó a fundar el Colectivo Luz de Esperanza.
“No sabía ni usar la varilla; pero como era el representante del colectivo, aunque no supiera, yo estoy muy seguro para transmitir esa seguridad a las familias”.
Hoy, Luz de Esperanza es uno de los colectivos de búsqueda más importantes de Jalisco. Además de las búsquedas en campo y forenses, las pegas de fichas y las manifestaciones, Héctor recuerda que fueron el primer colectivo en instalar un plantón frente a Palacio de Gobierno.
Una acción que, asegura, provocó hostigamiento institucional.
“El gobernador sacó un comunicado diciendo que sí y solo sí las familias se salían del colectivo sus carpetas de investigación iban a avanzar”.
Aun así, las familias permanecieron juntas.
“No me imagino sobrevivir al vacío, a todo lo que implica que te falte un hijo sin el apoyo de Liliana ni de las demás compañeras”.
“Héctor y yo nos conocemos de chamacos a Dani, su mamá y yo lo rapamos a los 15 días de haber nacido, y la mamá de Héctor nos puso un súper regaño”.
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Marcela Romo comenzó acompañando la búsqueda de su amigo sin imaginar que, años después, ella también terminaría buscando a una persona desaparecida.
A Laura García se la llevaron el 22 de mayo de 2024, a los 40 años. Después de solicitar un préstamo que se volvió impagable, comenzó a sufrir hostigamiento y persecución hasta el día en que cinco hombres y dos mujeres la sustrajeron de su domicilio.
“Mis hermanas perdieron una hermana también y mi mamá perdió una hija”.
Laura y Marcela crecieron juntas. Soñaban con envejecer como amigas.
“Cuando ambas cumplimos 40 años me acuerdo que yo pasé por ella y mientras se estaba acabando de arreglar le dije ‘ya ves tonta sí estamos envejeciendo juntas, lo logramos’”.
Para Marcela, la primera experiencia de búsqueda en campo también fue la última durante mucho tiempo.
Entre los múltiples cuerpos localizados ese día estaban los de una mujer embarazada y su pareja.
“Me acuerdo que me subí totalmente enajenada, deprimida, me acosté en los asientos de la camioneta de comisión de búsqueda y me puse en posición fetal a llorar”.
Marcela abandonó durante cuatro años su labor de búsqueda. Hasta que un amigo le habló sobre dos mujeres con características similares a las de Laura que habían llegado al Servicio Médico Forense (SEMEFO).
Ninguna era ella, pero la duda quedó sembrada.
“¿Y si sí la encuentro?”.
Desde entonces, Marcela no ha dejado de buscarla. Y promete que, incluso cuando encuentre a Laura, tampoco se detendrá.
Habla de Doña Betty, una mujer que ya encontró los restos de su hijo y que aun así continúa acompañando al colectivo, llevando comida y dando su bendición antes de las búsquedas.
“Fueron orillados a ser defensores de derechos humanos”.
Para Diana Pérez, investigadora del Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia, la violencia que atravesó a estas familias las empujó a formar parte de una lucha que sigue más vigente que nunca.
La cifra oficial de personas desaparecidas en Jalisco supera las 16 mil, según el registro estatal. Sin embargo, los colectivos de búsqueda señalan que el número real podría exceder las 30 mil.
Los hechos del 22 de febrero fueron un estallido de violencia en medio de un aparente silencio. Pero ese silencio no existe para todos. Solo para quienes deciden hacer oídos sordos frente a la crisis humanitaria que atraviesa México.
Quienes sí la enfrentan entienden que solo es posible hacerlo en colectivo: encontrando fuerza en quienes comparten la misma herida y en quienes, desde la empatía, se suman a la búsqueda.
Nada parece detener esa labor.
“Las familias no dejamos de buscar; yo voy en el camión o voy en donde sea y voy buscando la cara de mi hijo en todos los jóvenes. Aunque no estemos haciendo acciones de búsqueda, siempre los estamos buscando”.
Las historias de las personas desaparecidas también se han convertido en historias de amor profundo: la del hijo único de un líder nato que hoy impulsa una lucha por los derechos humanos; la de la amiga que terminó convirtiéndose en hermana y ahora busca junto a otras familias; la de la madre que encontró los restos de su hijo y aun así sigue acompañando búsquedas en campo.
Historias de personas que aman —o amaron— tanto a los suyos, que ahora no piensan detenerse hasta encontrarlos a todos.
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“¿Qué pasó después del día en que Jalisco se detuvo?” es un proyecto periodístico realizado por alumnas y alumnos del Laboratorio de Información de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO en colaboración con ZonaDocs.


