En Pie de Paz
Por Saúl Adolfo Lamas Meza. (Universidad de Guadalajara).
La justicia alternativa frecuentemente se presenta como un esquema de nuevo desarrollo, pero la realidad es que su origen es antiguo, pues se remonta a las dinámicas de justicia restaurativa y mediación practicadas ancestralmente por los pueblos originarios, lo que les permitió desarrollar sistemas autóctonos de impartición de justicia de manera funcional y exitosa, concretamente a través de mecanismos de conciliación y círculos de pacificación que siguen vigentes hasta la actualidad en numerosas comunidades nativas de México.
Luego entonces, cuando aludimos a las primeras prácticas de justicia alternativa, invariablemente debemos remitirnos a los esquemas indígenas de mediación, siendo estos los primeros modelos consuetudinarios (de usos y costumbres) que la sociedad empleó para mantener el equilibrio y la paz en sus comunidades originarias.
El padre de la justicia restaurativa moderna Howard Zerhr, cada que refiere a la justicia alternativa moderna, siempre se remite en retrospectiva a las prácticas de mediación comunitaria y tribal utilizadas por las comunidades indígenas, las cuales han sido imitadas formalmente por los Estados a través de instituciones de justicia alternativa. De ahí el gran legado que los pueblos originarios han hecho a las sociedades modernas, pues en sus postulados de justicia comunitaria consideran que la avenencia y el diálogo son el camino para lograr la paz en sus comunidades y mantener el bien público en sus núcleos sociales.
Estos sistemas de mediación y conciliación que los pueblos originarios han desarrollado en sus círculos restaurativos, han sido exitosos por siglos, a tal grado que en la actualidad algunos sistemas estatales los replican, a través de lo que ellos llaman “métodos alternos de solución de conflictos”, puntualmente a través de las juntas restaurativas y los círculos de paz.
En cuanto a su sistema de mediación, en múltiples comunidades indígenas esta labor recae esencialmente en el Consejo de Ancianos, siendo estos mediadores comunitarios individuos que pertenecen a la misma comunidad donde se origina el conflicto (ancianos sabios de la comarca, líderes nativos o comendadores que fueron investidos con ese cargo por la propia comunidad), los que ponen al servicio de sus comunidades de forma voluntaria y altruista sus conocimientos de mediación comunitaria para que sus pobladores puedan tener un foro de diálogo y de resolución de problemas que una vez resueltos garanticen la armonía y la paz colectiva.
Uno de los mayores beneficios de la mediación comunal es que ofrece a las partes la posibilidad de meditar sobre las causas que motivaron el conflicto, motivando la comprensión del problema y propiciando empatía entre los intervinientes; lo que sensibiliza a los involucrados y genera la asunción de responsabilidad, el acuerdo y la sanación del tejido social.
La justicia indígena históricamente ha sido promotora de la cultura de paz. El mensaje de sus líderes mediadores nativos lleva explícitamente una ideología restaurativa, armónica y de avenencia. Los pueblos indígenas se han caracterizado por rechazar los esquemas bélicos como estrategia para resolver sus conflictos, de hecho, sus luchas de reivindicación han operado a través de medios pacíficos y dialógicos. Prueba de esto, es que la mayoría de las comunidades nativas tienen sus propios esquemas internos de impartición de justicia (prescindiendo de las instituciones judiciales estatales) basados en sus círculos de paz y en sus modelos restaurativos.
¿Por qué a los líderes nativos se les considera “voceros de paz”?
Porqué su discurso está acompañado congruentemente con sus acciones. Ellos no hablan de paz… practican la paz. Su mensaje no deviene de una retórica vacía, sino que está respaldada por décadas de vida coherente, en la que han practicado la justicia de avenencia, la consciencia de grupo y la cultura de conciliación. Los líderes mediadores nativos de tradición transmiten confianza con su presencia, fortaleza en sus palabras y armonía en sus actos, sabedores que al haber paz en sus comunidades, no habrá guerra, y si no hay guerra, habrá unidad… y si hay unidad habrá esperanza de construir una nueva sociedad en la que se viva con dignidad, se respeten los derechos humanos y se practique de forma genuina la cultura de paz.


