Arrebatinga Teatro presenta “Alaska”, una historia sobre amistad, obsesión y secretos

La obra Alaska, original de Gibrán Portela y dirigida por Karina Casillas, llegará a O Teart Teatro Experimental los días 12 y 19 de junio. La puesta en escena sigue a dos amigos cuya relación se transforma con la llegada de una tercera persona, detonando conflictos marcados por los celos y los secretos. A través de una propuesta escénica donde los actores intercambian personajes, la obra reflexiona sobre las emociones, los afectos posesivos y las distintas formas de enfrentar los traumas y las inseguridades.

Por Vanessa Briseño / @nevervb 

La compañía Arrebatinga Teatro llevará al escenario  “Alaska”, una pieza del reconocido dramaturgo mexicano Gibrán Portela. Las funciones se llevarán a cabo los próximos 12 y 19 de junio en el foro O Teart Teatro Experimental, bajo la dirección escénica de Karina Casillas.

La puesta en escena propone una mirada incisiva a las relaciones humanas contemporáneas. El montaje explora los vínculos afectivos que devienen en posesivos, así como los secretos y la recurrente incapacidad social para gestionar ciertas emociones complejas.

La historia se centra en Jimi y Miguel, dos amigos entrañables que compartieron una intensa temporada de trabajo en los mares de Alaska dedicados a la pesca industrial. Tras regresar a México, ambos emprenden un negocio peculiar: una tienda de cajas fuertes.

Este comercio funciona como el punto de partida idóneo para una trama donde los recuerdos compartidos, las heridas del pasado y las emociones ocultas adquieren un papel protagónico. La aparente estabilidad entre ambos socios se fractura con la irrupción de un nuevo personaje. Se trata de Martina, una clienta que acude al establecimiento y comienza a establecer un lazo afectivo con Miguel. 

Karina Casillas explicó en entrevista con ZonaDocs que este encuentro altera por completo la dinámica de fraternidad construida meticulosamente entre los dos hombres a lo largo de los años. “Martina empieza a tener un vínculo amoroso con alguno de ellos, con Miguel, y entonces eso desata en ellos todas estas dinámicas que se habían formado en su relación”, detalló la directora sobre el punto de quiebre de la narrativa.

A partir de ese instante, la obra desenvuelve una serie de conflictos donde la lealtad, el deseo y la obsesión se entrelazan constantemente. Para Jorge Ignacio Luna, integrante del elenco, el texto trasciende la estructura convencional. “A grandes rasgos, lo que los tres personajes comparten son distintas estrategias para dejar algo atrás”, argumentó el actor al analizar las motivaciones de los protagonistas.

Jorge señaló que cada uno de los roles enfrenta sus propios recuerdos, experiencias y traumas de manera diferente. Esta diversidad de respuestas psicológicas provoca tensiones dramáticas que, eventualmente, desembocan en conductas posesivas, agresivas y violentas en el escenario.

Más allá de las acciones físicas que conforman la trama, Jorge considera que la obra se sostiene sobre una base profundamente humana. El núcleo del argumento apela de forma directa a los mecanismos de defensa que las personas emplean en su vida diaria: “Alaska se trata de cosas de las que huimos todos o que escondemos todos y cómo lidiamos con eso”, reflexionó.

Por su parte, la directora rememoró que su primer acercamiento al texto dramático estuvo marcado por una reacción sorpresiva. El humor negro impreso por el autor generó una lectura inicial bastante peculiar en la creadora escénica.

“La primera vez que leí Alaska me pareció una obra muy sarcástica”, confesó Karina. Sin embargo, con el avance del proceso de análisis, descubrió capas más densas: “Entendí que lo que me daba risa era como estas primeras reacciones que uno puede tener cuando se encuentra atrapado en emociones como la soledad o los celos”.

A pesar de que la dramaturgia fue escrita en 2008 (año en que se alzó con el Premio Nacional de Dramaturgia Joven), Karina enfatizó que las temáticas plasmadas conservan una vigencia absoluta. A su juicio, los conflictos humanos retratados no tienen fecha de caducidad.

La directora precisó que la violencia constituye uno de los ejes centrales de la historia, aunque aclaró que no se aborda desde una perspectiva explícita o tradicional. La puesta en escena prefiere diseccionar el origen psicológico de esas agresiones cotidianas.

“Me parece que es una obra muy actual”, aseveró Karina. Explicó que el texto permite observar minuciosamente cómo los sentimientos desbordados conducen a callejones sin salida, transformando ciertos afectos en espacios de vulnerabilidad.

Jorge coincidió con este diagnóstico y apuntó que la identificación con los espectadores ocurre porque casi cualquier individuo carga con vivencias que rara vez comparte en público. El actor resumió esta condición con una frase contundente: “Estamos hechos de secretos”.

El intérprete añadió que los personajes encarnan rutas distintas para lidiar con aquello que se intenta sepultar o superar. Habrá quienes opten por el aislamiento voluntario, quienes pretendan huir geográficamente de sus memorias y quienes reaccionen desde el control absoluto.

Para él, el valor del montaje radica en que permite al asistente reconocer dichos patrones de conducta sin la necesidad de que el discurso sea moralista o didáctico. La sutileza de la acción dramática es la que propicia la autorreflexión.

“En Alaska podemos ver un poco de esas inseguridades y esos celos y esas cosas que quizá nos gustaría meter en una caja fuerte”, comparó Jorge, hilando la metáfora central del negocio de los protagonistas con la psique humana.

Uno de los rasgos más propositivos de esta producción de Arrebatinga Teatro se encuentra en la técnica de representación empleada. Karina diseñó un dispositivo actoral donde los intérpretes intercambian constantemente sus papeles a la vista del público. De esta manera, las identidades de Jimi, Miguel y Martina no pertenecen a un solo cuerpo durante el desarrollo de la función. Esta propuesta estética transformó por completo las jornadas de ensayo y la preparación del elenco.

“No es que yo me haya preparado para un solo personaje”, reveló Jorge, describiendo la complejidad de memorizar e interiorizar las distintas líneas de pensamiento que cruzan la obra.

En el escenario, los actores comparten fragmentos de todas las personalidades, edificando una suerte de identidad colectiva a partir de múltiples interpretaciones individuales. El proceso derivó en un laboratorio creativo sumamente rico para los artistas.

“Tenemos nueve propuestas de personaje”, calculó el actor, lo que exige a los creadores mantener una escucha activa impecable y una concentración absoluta para sostener la continuidad de cada escena en conjunto.

Detrás de este juego escénico existe una sólida justificación conceptual por parte de la dirección. Karina buscó fracturar la idea de que ciertas conductas destructivas pertenecen a un género o a un individuo en específico. “Quería despersonalizar este sentido de violencia”, argumentó la realizadora, buscando que el espectador comprenda que estas dinámicas dañinas pueden manifestarse en cualquier dirección dentro de las interacciones humanas.

Esta decisión afectó de igual modo al personaje de Martina. Aunque la dramaturgia original plantea una figura femenina nítidamente definida, en esta versión los tres actores masculinos también asumen dicho rol en diversos momentos del montaje.

La directora encontró en este recurso de distanciamiento una vía para profundizar en la universalidad del dolor y del deseo. Asimismo, el montaje se nutre de otros lenguajes artísticos para enriquecer la experiencia sensorial en la sala.

La puesta en escena incorpora coreografías estilizadas, secuencias musicales en vivo y cuadros plásticos de gran fuerza visual que dialogan constantemente con la densidad del texto de Gibrán Portela. Estos elementos oxigenan la atmósfera dramática. “Se genera un tono muy particular, a ratos divertido”, matizó Jorge, indicando que estos recursos actúan como un contrapeso necesario para que el público transite por la historia a través de diferentes registros emocionales, desde la tensión hasta la distensión.

Para Karina, el proyecto representa también un cuestionamiento abierto sobre las masculinidades hegemónicas y la orfandad emocional en la que suelen educarse los varones. Los protagonistas son hombres adultos con serias dificultades para comunicar su sentir. La propuesta busca exhibir esa fragilidad oculta tras la fachada de la fortaleza física. La directora sintetizó el espíritu de la obra al señalar que resulta revelador “ver a estos hombres un poco ridículos, patéticos dentro de la falta de gestión emocional”.

Durante el proceso de preproducción, uno de los mayores dilemas para el equipo creativo fue encontrar la ruta ética adecuada para abordar estas temáticas sin romantizarlas. Incluso, Karina confesó que tuvo dudas legítimas sobre la pertinencia del proyecto.

“Me pregunté si era buena idea montar un texto así en este momento de la vida”, recordó. No obstante, resolvió continuar al comprender la urgencia de confrontar la realidad: “Sí quería hablar sobre la violencia desde este lado”, sostuvo.

La producción general corre a cargo de Arrebatinga Teatro, arropada por la asistencia de dirección de Diego Hernández. El grupo de intérpretes está integrado por Carlos Castañón, Israel Fernández, Jorge Ignacio Luna y Tatiana Isabel Lefno.

El diseño del espacio escénico y la iluminación fueron concebidos por la propia Karina Casillas, contando con el apoyo de Carlos Castañón en la escenografía y de Israel Fernández en la confección del vestuario.

Respecto a las razones para acudir al teatro, los realizadores coincidieron en que el montaje brinda una oportunidad ineludible para mirarse en un espejo incómodo pero necesario, analizando pasiones que habitan en la sombra de lo cotidiano. “Hablar de estos temas de la violencia y de la poca gestión de nuestras emociones y a dónde nos puede llevar”, concluyó Karina como invitación final a la audiencia civil.

Por su parte, Jorge reiteró que Alaska no pretende entregar respuestas absolutas ni moralejas fáciles, sino sembrar interrogantes válidas sobre el control y el miedo a la pérdida que define a nuestra sociedad actual. “Los celos y las inseguridades son un lugar común (…) Está bueno ver propuestas en escena que pongan la lupa ahí”, finalizó el actor.

Alaska ofrecerá sus funciones los miércoles 12 y 19 de junio a las 20:00 horas en O Teart Teatro Experimental, espacio ubicado en el número 1143 de la calle Independencia, en la colonia Americana de Guadalajara. Los accesos e información adicional pueden consultarse directamente en @arrebatingateatro o @_oteart_ en Instagram y directamente en el teatro. 

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Vanessa Briseno
Vanessa Briseno
Melómana por excelencia y apasionada de la lectura. Creo firmemente que el periodismo es una gran herramienta que te permite contar historias reales desde la verdad.

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