Al fondo de las redes

La calle del Turco

 Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Hubo un tiempo, no hace mucho pero pareciera que pasó hace siglos, en la gente veíamos el Mundial —y los Juegos Olímpicos y la vida en general sin las redes sociales, básicamente porque no existían. Y, a decir verdad, no recuerdo cómo era: supongo que veíamos más partidos porque no había tantas restricciones para la transmisión de los partidos (excepto el de Corea-Japón 2002, cuyo embargo hace que no recuerde absolutamente nada más un puñado de fotos fijas, pero ninguna jugada en video) y luego los conversábamos con nuestros círculos cercanos, comprábamos el diario del día siguiente, algo por el estilo. Pero, insisto, ya no recuerdo cómo era.

Luego llegaron las redes sociales y la experiencia de ver estos eventos masivos desde las redes sociales fue una gozadera: esa sensación de sincronía global permitía que todos formáramos parte de los eventos de alguna manera y los memes, que cosa más exquisita, se volvieron el lenguaje universal. Hubo un tiempo, no hace mucho, en que ver el Mundial y los Juegos Olímpicos y los eventos globales era una cosa divertidísima porque había, o al menos así lo percibía yo y seguramente esté equivocado, una consigna general: divertirse y encontrar el mejor contenido relacionado con el momento en cuestión.

Pero todo cambia y de un tiempo para acá la vivencia de eventos como el Mundial en redes sociales se ha vuelto cada vez más agotadora. Sigue habiendo memes, claro, y los celebro: sigue siendo una gozadera el ir y venir de fotos, montajes, reels y demás contenidos a cual más diversos, divertidos e interesantes. Uno de los que más me ha gustado en estos días fue un reel que vi pasar por mi feed en el que informaban que miles de jordanos se habían reunido para seguir el partido de Jordania contra Austria en un anfiteatro romano construido hace más o menos 1,900 años. Historia por todos lados: en esas gradas milenarias y en la cancha de Santa Clara, donde el equipo jordano marcó el primer gol de su historia en un Mundial.

Pero al mismo tiempo que uno se encuentra historias maravillosas, como la del portero caboverdiano Vozinha que le pintó canas a la poderosa Selección Española, también hay que lidiar con la enorme cantidad de contenido genérico clickbitero muchas veces generado… o mejor dicho, ya en su mayoría generado con inteligencia artificial y que busca alimentar teorías consipiroparanoicas como aquella que sostiene, desde 2022, que hay una conjura en la FIFA para hacer que Lionel Messi gane incluso cuando pierde y para perjudicar a Cristiano Ronaldo. O sea, no digo que no sea posible: si algo nos ha enseñado la FIFA es que no conoce los escrúpulos y que es capaz de cualquier cosa con tal de seguir llenando sus arcas, pero la cantidad de falacias que lee uno mientras sigue los partidos es abrumadora… y francamente muy aburrida.

Y junto con todo esto, un rancio nacionalismo cristalizado en un festín de xenofobia y racismo en las secciones de comentarios de cada post, que se convierten en un campo abierto para que cada quien saque sus mejores insultos para pelear con desconocidos usando como pretexto un partido de fútbol. A veces, cada vez más veces, resulta imposible distinguir entre los seguidores de un equipo y las políticas migratorias de Donald Trump. El problema es cuando estas discusiones de redes sociales trascienden, para mal, el espacio digital: hoy (jueves) por la mañana se dio a conocer la noticia de que un aficionado colombiano que celebraba el triunfo de su selección fue asesinado a golpes en la zona de Chapultepec luego de una discusión.

Escribo esta colaboración horas antes de que inicie el partido entre México-Corea del Sur. Hasta ahora, todo es fiesta: en todas partes se celebra la hermandad y la gran relación que hay entre ambos países (relación que Ulises Bernal, del Colegio de Ingenieros Civiles y Topógrafos de Jalisco llevó al extremo al burlarse de los ojos de una influencer coreana). Si México gana, todo será felicidad; si pierde, seguramente veremos una gran cantidad de contenido tratando de vengar en las redes lo que no se pudo defender en la cancha.

Eso sí: independientemente del resultado, gane o pierda la Selección Mexicana, en México sigue habiendo más de 130 mil personas desaparecidas y sus familias siguen buscándolas, aun a pesar de los intentos de estos días por fingir que la crisis no existe y por bajar la atención que se presta a sus reclamos. Que no se nos olvide.

Comparte

La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Quizás también te interese leer