Pesimismo Esperanzador
Por Jorge Rocha, académico del ITESO / @JorgeRochaQ
Finalmente comenzó el Mundial de fútbol del año 2026 y está por terminar la primera fase de este torneo y más allá de todos los debates sobre los equipos favoritos, las decepciones y el funcionamiento de la Selección Mexicana, conviene hablar sobre los impactos económicos y políticos de este evento deportivo.
Si la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) fuera un gobierno, seguramente lo hubiéramos catalogado como un estado profundamente autoritario, que impone sus reglas a otras naciones, que les quita derechos a los ciudadanos de otros países (por ejemplo podemos hablar el caso de los palcohabientes del estadio ciudad de México) por tratar de imponer un sólo idioma para las conferencias de prensa, por poner los derechos de unas (sus) empresas por arriba de los derechos adquiridos de otras empresas, por secuestrar espacios públicos de las ciudades sedes, entre otros ejemplos.
Para organizar este Mundial, la FIFA se asoció con otro gobierno profundamente autoritario como Estados Unidos, que también trata de imponerles a otras naciones sus condiciones y que contraviene los derechos de ciudadanos de otros países, por ejemplo, tenemos el caso de la Selección de Irán donde las autoridades estadounidenses impidieron que los jugadores de ese país pudieran pernoctar en su territorio, poniendo como pretexto el conflicto que tienen con Irán. Estos dos entes autoritarios son los organizadores de este Mundial, donde como ya se dijo antes, Canadá y México son sólo actores secundarios. La zanahoria que ofrecen los organizadores es que habrá mucho negocio y derrama económica, pero esto es una promesa, hasta ahora, no cumplida. Sólo por señalar que en la Ciudad de Guadalajara se reporta que la ocupación hotelera hasta ahora apenas rebasa el 50%, sabiendo que esta misma semana se terminan los partidos en nuestra ciudad, es decir, lo que llegó, llegó.
La FIFA y los Estados Unidos hicieron una sólida alianza comercial que motivó un control del evento con el propósito de generar las máximas ganancias posibles, esto generó que, por mucho, esta justa deportiva se haya convertido en un evento profundamente excluyente y elitista. Es muy curioso ver como en las redes sociales, la asistencia a algún partido del Mundial se percibe como una forma de mostrar un alto estatus social, aunque antes nunca se haya asistido a un partido de fútbol.
Frente a este férreo control capitalista y político, las manifestaciones populares de regocijo por los triunfos de las diversas selecciones de los países, muestran que hay otra dimensión del fútbol, que está fuertemente asociada a la identidad de un país y que está fuera de los circuitos del control capitalista. De facto vemos dos mundos frente al Mundial, el evento elitista y excluyente de la FIFA y el mundo de la vida de las personas que celebran en los triunfos de sus selecciones, la identidad de sus países. Lo vimos claramente en la ciudad de Guadalajara cuando la Selección Mexicana venció por un gol a la Selección de Corea. La manera como se dio el triunfo no se corresponde con la algarabía social que provocó, pero a esta ciudad sin agua, colapsada por el tráfico, con una profunda crisis de inseguridad y con miles de personas desaparecidas, le hacia falta celebrar algo y tomó como suya esta victoria y la disfrutó al máximo. Ese es el doble Mundial que se está viviendo, el evento alrededor del estadio Guadalajara y el Mundial que se sufre y celebra en el centro de la ciudad y en la glorieta Minerva. La pregunta que queda entonces es ¿de quién es el Futbol? Una parte es de la FIFA que lo convirtió en un espectáculo capitalista y excluyente, la otra es de la gente, que sufre y goza a su Selección como parte de su identidad nacional. En los futuros mundiales ¿qué pasará? no lo sabemos, pero si las cosas no cambian, las distancias entre estos dos mundos seguramente se ensancharán.
PostData
En días pasados la consejera presidenta del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del estado de Jalisco (IEPCJ), Paula Ramírez, presentó su renuncia al cargo. Las especulaciones son muchas, sin embargo, desde mi particular punto de vista, Ramírez entregó buenas cuentas y ahora viene el proceso de relevo en esta responsabilidad. Será crucial para el estado, que la persona que se nombre desde el Instituto Nacional Electoral (INE) garantice la equidad en la contienda y que no cargue los dados para ninguna parte. Por el nivel de polarización política que tenemos, necesitamos a alguien con imparcialidad garantizada.
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