“Nuestros desaparecidos son reales”: con teatro familias buscadoras protestan frente al FanFest

El colectivo de familias buscadoras Huellas de Amor llevó al espacio público una intervención teatral a un costado del FIFA FanFest  para visibilizar la crisis de desapariciones en Jalisco, y lo hizo a través de testimonios de quienes integran este colectivo de búsqueda. La pieza escénica buscó sensibilizar a la ciudadanía, así como alertar sobre las implicaciones de la crisis de desapariciones.

Por Vanessa Briseño /@nevervb

Las historias de las personas desaparecidas en Jalisco y el incansable andar de las familias que las buscan salieron temporalmente del ámbito privado para ocupar uno de los espacios públicos más concurridos de Guadalajara: el FIFA FanFest. 

Frente a la Catedral Metropolitana, en el corazón del Centro Histórico, el colectivo de familias buscadoras Huellas de Amor presentó una intervención escénica edificada a partir de testimonios reales. La muestra contó con el respaldo solidario de actores y estudiantes de artes escénicas.

El propósito medular de este proyecto es aproximar la dolorosa realidad de las desapariciones a la ciudadanía en general. La puesta en escena recupera las vivencias de madres, padres y hermanos que buscan a sus seres queridos, visibilizando el impacto profundo que deja la ausencia en el entorno familiar.

Judith Ramos, integrante de Huellas de Amor, explicó en entrevista para ZonaDocs que la propuesta artística nació hace varios años, cuando la agrupación realizó una primera versión del montaje. Con el paso del tiempo y la incorporación de nuevos integrantes al colectivo, la iniciativa volvió a cobrar relevancia.

“Entraron a mi colectivo muchas personas nuevas. Yo les mando el video que teníamos de la obra anterior y empiezan a decir que está muy chida, que les gusta, que la volvamos a hacer”, relató Judith sobre el entusiasmo que reactivó la producción.

A partir de ese interés colectivo, las familias acordaron unánimemente organizar una nueva jornada de presentaciones en la plaza pública. “Pues la volvemos a hacer, no pasa nada”, recordó respecto al acuerdo interno que les permitió retomar el proyecto.

La obra se nutrió de la participación de estudiantes de actuación, quienes asumieron la responsabilidad de interpretar los roles basados en los testimonios directos de las familias. Esta alianza estratégica se concretó gracias al acercamiento del colectivo con la comunidad académica de la Universidad de Guadalajara.

“Le dije a un maestro de la UdeG que si nos apoyaba… él me dijo: ‘Yo conozco una maestra que se dedica a eso’. Ella (Julieta Casavantes ) fue la que nos apoyó en esto”, detalló Judith sobre la red de apoyo institucional que hizo posible el montaje.

Para la organización, el lenguaje teatral representa un canal idóneo para sensibilizar a sectores de la población que nunca han tenido un contacto directo con el movimiento de familias buscadoras o con la problemática de la seguridad.

“Nuestro propósito es principalmente que la ciudadanía vea que son historias reales”, afirmó Judith, subrayando la urgencia de romper con la indiferencia social.

La portavoz del colectivo apuntó que un sector considerable de la sociedad civil desconoce los modos de operar de quienes cometen estos delitos. Por tal motivo, suele minimizarse el problema o, en el peor de los casos, atribuir la responsabilidad del suceso a las propias víctimas o a sus familias.

En este contexto, las familias consideraron prioritario que la obra desmenuzara situaciones de la vida cotidiana. La intención es alertar sobre los riesgos de enganche y reclutamiento forzado que acechan constantemente a niñas, niños y jóvenes en la entidad.

La elección de la explanada ubicada frente a la Catedral de Guadalajara obedeció a la estrategia de alcanzar a una audiencia masiva y diversa, aprovechando el flujo natural de peatones de la zona, más con la celebración de la Copa Mundial de Fútbol en la ciudad.

“Va a haber mucha gente aquí en el centro. Podemos tener más visibilidad y no nomás de aquí mexicanos, sino que también sean turistas los que vean la realidad que estamos viviendo aquí, no nomás en Jalisco, en México”, argumentó Judith.

La activista hizo hincapié en la necesidad de erradicar los prejuicios y los señalamientos que estigmatizan a las víctimas. Explicó que muchos de los expedientes involucran a adolescentes que simplemente aceptaron ofertas laborales legítimas o propuestas de estudio que consideraban seguras: “No es culpa de los niños ni es porque anden en malos pasos ni es culpa de los padres”, sostuvo con firmeza la integrante de Huellas de Amor.

Judith insistió en que la opinión pública debe comprender a fondo el contexto de vulnerabilidad en el que desaparecen los menores de edad, evitando revictimizar a quienes resultan afectados por estas redes delictivas. “Sí tenemos mucha responsabilidad los padres porque sí tenemos que hablar con ellos, pero no tendría porqué existir esto, en primer lugar”, concluyó.

La dinámica escénica en la plaza se estructuró dando voz a las crónicas narradas por las propias familias. Mientras el elenco interpretaba corporalmente cada secuencia, las madres y padres tomaban el micrófono para relatar los hechos cronológicos que marcaron la pérdida de sus hijos.

 

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Esta combinación de testimonio vivo y representación dramática captó la atención de los transeúntes del centro histórico. Aunque algunos continuaron su trayecto, decenas de personas permanecieron hasta el desenlace de la función e incluso se acercaron a dialogar con el colectivo. 

Una de las historias compartidas fue la de Nayeli, narrada con entereza por su padre, don Jesús. Según expuso, su hija salió de casa tras engancharse con una supuesta vacante laboral que una mujer llamada Karla, conocida de una amiga de la joven, le había ofrecido.

La cita de trabajo fue programada en las inmediaciones de la Central Camionera de Zapopan. Ese fue el último punto geográfico donde se tuvo noticia del paradero de Nayeli, perdiéndose toda comunicación con ella desde aquel momento.

Con el transcurso de las semanas, la familia descubrió de forma independiente que la propuesta de empleo era un engaño estructurado. Ante la dilación en las investigaciones por parte de las fiscalías, sus padres comenzaron las labores de campo por sus propios medios. 

“Espero que los jóvenes entiendan que no pueden ser tan confiados y se cuiden lo más que puedan, porque aquí nadie está a salvo”, advirtió don Jesús durante su intervención frente al público.

Otra de las secuencias teatrales expuso el caso de Merari, relatado por su madre, Ruth. De acuerdo con el testimonio, la joven aceptó una oferta con mejores ingresos económicos con el fin de solventar los gastos de su hogar y proveer el sustento para su pequeño hijo.

Al igual que en el caso anterior, Merari fue citada en la Central Camionera de Zapopan. Tras acudir al encuentro de los supuestos empleadores, la comunicación con su círculo cercano se interrumpió de manera definitiva.

Ante la falta de avances oficiales en la localización, Ruth inició rastreos individuales que la llevaron a conocer el destino de su hija. Según la información recabada, Merari fue trasladada por la fuerza al rancho Izaguirre, un sitio de confinamiento controlado por células delictivas.

En ese lugar, la joven fue privada de la vida tras negarse terminantemente a participar en agresiones en contra de otras personas cautivas. Su madre denunció públicamente los tratos crueles e inhumanos ejercidos por la organización criminal en dicho predio.

A pesar de haber asistido a múltiples audiencias con las autoridades ministeriales para exigir justicia, Ruth reconoció la complejidad legal y forense para la restitución de los restos de su hija:

“Nunca voy a poder recuperar ni un hueso de mi hija, por eso ahora yo ayudo a las demás mamás a buscar a sus hijos y esposos”, manifestó la madre, transformando su agravio en un compromiso de solidaridad comunitaria.

Así mismo, el montaje representó el caso de un joven padre de familia. Su madre relató ante la audiencia que un comando de hombres armados arribó a su domicilio particular identificándose falsamente como agentes adscritos a la Fiscalía del Estado.

Los sujetos sustrajeron al joven frente a las miradas de su esposa y sus hijos menores de edad. Pese a que los perpetradores manifestaron explícitamente durante la irrupción que se habían equivocado de persona, la sustracción ilegal se consumó de todos modos.

Al igual que en los testimonios precedentes, los familiares directos de este joven iniciaron las labores de búsqueda inmediata ante la ausencia de una respuesta pronta y expedita por parte de las agencias investigadoras locales.

Entre estas, se expusieron más historias y los relatos visibilizados durante la puesta en escena mostraron metodologías distintas de operación criminal, pero evidenciaron denominadores comunes: la captación mediante engaños económicos, las citas en nodos de transporte y la falta de apoyo oportuno por parte de las instituciones gubernamentales.

Incluso después de un intento de desalojo por parte de las autoridades las familias resistieron en el espacio. Con esta intervención artística en lo público, frente a la Catedral de Guadalajara donde cientos de personas caminan a cada minuto, el lugar se transformó en un foro de memoria colectiva, utilizando el arte como un vehículo para recordar que detrás de cada cifra estadística persisten familias enteras que exigen respuestas y justicia. 

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Vanessa Briseno
Vanessa Briseno
Melómana por excelencia y apasionada de la lectura. Creo firmemente que el periodismo es una gran herramienta que te permite contar historias reales desde la verdad.

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