Tras una consulta con más del 90% de aceptación, la comunidad de San Francisco de Ixcatán, en Zapopan, inició el proceso para inscribirse en el Catálogo Nacional de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas.
Para sus habitantes el objetivo no es obtener el reconocimiento que el Estado otorga, es continuar con la defensa de su territorio amenazado por la contaminación, los basureros, la expansión inmobiliaria y proyectos geotérmicos.
Por Farah Medina / @_dtfarahm_
Fotografías cortesía comunidad de San Francisco de Ixcatán
San Francisco de Ixcatán, ubicado en la zona norte del municipio de Zapopan en Jalisco, cerca de la Barranca de Huentitán y el Río Santiago, es un pueblo, que según describen sus habitantes: es un lugar con miles de años de historia y tradiciones que han resistido al paso del tiempo, el crecimiento de la ciudad y los proyectos que amenazan su territorio.
Ahora, sus habitantes buscan su inscripción en el Catálogo Nacional de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas, como pueblo tecuexe.
Esta decisión fue respaldada por una consulta popular realizada los días 27 y 28 de junio, en donde participaron habitantes de San Francisco de Ixcatán, San José, La Soledad y Paso de Guadalupe.
Durante el proceso, se obtuvieron 319 votos a favor, dos en contra y un voto nulo, esto significa que más del 90% validaron el inicio del trámite ante el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
Esto, aseguran, no lo hacen para que el Estado reconozca su existencia. Su principal interés es impulsar diversos proyectos comunitarios para la protección de su territorio. José Casillas Martínez, presidente del Comisariado de Bienes Comunales de San Francisco de Ixcatán explica esto en entrevista con ZonaDocs:
“No es para que el gobierno nos reconozca como indígenas, nosotros nos reconocemos. Es un trámite administrativo con el Gobierno Federal que está en la ley, la ley indígena y que además nos permite defendernos mejor desde el punto de vista jurídico y frente a los grupos fácticos. No solamente los del gobierno. Y eso nos da un poco más de unidad”.
Según José, esta consulta es el término de un proceso interno de discusión comunitaria que comenzó en la Junta de Pobladores y posteriormente fue avalado por la Asamblea General de Comuneros. Lo que buscaban era hacer frente a las múltiples amenazas a su territorio, su historia y origen, mismas que las autoridades parecían olvidar.
Para la comunidad es importante resaltar la historia del pueblo Texcuece en Ixtacán. Su origen se remonta hasta antes de la llegada de los colonizadores españoles, cuenta José, pues hay evidencias arqueológicas y pictográficas que indican que las personas habitaron este territorio hace 2 mil 400 años.

Con el paso del tiempo , se otorgó a la comunidad su reconocimiento como pueblo y se les dieron títulos virreinales en 1692 y 1797 que reconocen más de 12 mil hectáreas como propiedad ancestral. Por su parte, las y los habitantes mantuvieron una organización agraria como comunidad indígena y un sistema basado en su Asamblea General de Comuneros.
Su ubicación cercana al Río Santiago la hizo el epicentro de intercambio y tránsito para múltiples pueblos originarios como cocas, caxcanes, zacatecos, guachichiles y wixaritari, “aquí era como ahorita Tijuana. Era una gran diversidad de culturas, lenguas porque está el paso del río”, relata José.
Sin embargo, esta diversidad y la ubicación cercana a una cuerpo de agua como el Río Santiago ha hecho de su pueblo un territorio víctima de explotación de recursos y contaminación. Por ello, el reconocimiento como pueblo tecuexe no solamente tiene un impacto cultural e histórico, también tiene un impacto político y territorial.
La inscripción en el Catálogo Nacional permitiría acceder a mecanismos para enfrentar procesos de despojo y exigir el cumplimiento de derechos colectivos reconocidos en la Constitución y en la legislación indígena vigente, “no esperamos que esto sea mágico y que el registro nos lo dé, pero nos da al menos unidad, unidad interna, nos da solidez para pelear nuestras causas y nos da identidad”, explica José.

Y es que Ixtacán enfrenta numerosas amenazas, la primera, explica José, es la ambiental.
Desde hace aproximadamente 50 años la contaminación del Río Santiago transformó la vida de las comunidades, la ganadería y la agricultura, “nosotros nos criamos y estamos vivos porque el río nos daba muchas cosas que comer y ahorita no”, dice, “desde hace 50 años se fregó todo”.
El Santiago, durante años, permitió la pesca, la agricultura y el abastecimiento de agua a los pueblos asentados en sus orillas, sin embargo, se convirtió en un cuerpo de agua contaminado, que ahora lejos de ayudar a los pobladores afecta la salud, la alimentación y la economía local:
“Toda el agua superficial está contaminada, toda. Lo único que nos queda limpio es el agua de los manantiales”.
Esto, para José es “un asunto de salud pública”, que no solo afecta a quienes han crecido a sus orillas, si no también a quienes habitan en el área metropolitana que además consume los productos que son regados con el agua del río.
Según relata, también se encuentran amenazados por los rellenos sanitarios, los cuáles se ven rebasados por los desechos de la zona metropolitana, “ya llevamos 30 años años peleando, quitamos un basurero, pero sigue emanando lixiviados 30 años después, se llama Copala” cuenta, “está muy cerca ahí del de Los Molinos 2 y Picachos y Jazar que están ya en otra cuenca y ya dañaron el río Milpillas”, afirma.
Por otro lado, también enfrentan la expansión urbana que avanza desde la zona metropolitana, describe proyectos inmobiliarios que buscan ocupar parte del territorio, “la otra amenaza es lo de los fraccionamientos de alta densidad, que ya los tenemos aquí encima (…) tienen intereses inmobiliarios más adelante, y está construyendo un fraccionamiento pues para ricos”.
Aunque José reconoce que existe el acercamiento con los gobiernos en turno y la reparación de carreteras, como la salida a Saltillo, cercana al pueblo, este tiene un interés , pero no es “por el bienestar de los pobladores de la región”.
“Como se pone muy denso el tráfico acá por la salida Teziutlán, la salida Colotlán, entonces esta salida es más práctica, la de Saltillo. Entonces ya se arregló, ya se pavimentó el camino de Ixcatán del crucero de Saltillo aquí. Ya llegó hasta el Panteón, pero no es por nosotros, no es porque les interesemos, es porque hay otros intereses económicos”, explica.
El pueblo también es amenazado por concesiones mineras y proyectos geotérmicos dentro del territorio ancestral reconocido, por años, describe José, las y los habitantes y organizaciones locales han identificado a los organismo y empresas que cuentan con los permisos de explotación y aprovechamiento energético, “las concesiones mineras que ya dieron, ya conseguimos los nombres de los de los titulares, están hasta por 50 años”.
Sumado a esto, la comunidad ha buscado la mejora de servicios públicos básicos como el agua, la electricidad, los hospitales y las escuelas, mismos que José describe como “batallas que han librado poco a poco”. Además de la espera que conlleva obtener el reconocimiento.
Actualmente, el Comisariado de Bienes Comunales se encuentra integrando el expediente que será presentado ante el INPI, este requiere de títulos primordiales, resoluciones agrarias, planos históricos, peritajes previos y los resultados de la consulta popular. Aunque aseguran la comunidad “no tenemos ninguna duda que lo van a aprobar. Porque reunimos todos los requisitos”, este proceso podría extenderse por casi 2 años.
Después de esto, deberán iniciar un segundo proceso ante la Comisión Estatal Indígena y el Congreso de Jalisco para obtener reconocimiento estatal.

José reiteran que aunque saben lo que conlleva el proceso, no esperan este reconocimiento para seguir con los planes de mejorar y proteger su territorio, “ya conocemos la esencia del Estado mexicano, y las cosas que hemos obtenido ha sido mediante la lucha, no mediante trámites administrativos (…) El edificio del centro de salud, el edificio de la telesecundaria, el actual edificio nuevo de la primaria ha sido mediante la lucha (…) Los pueblos no existen para ningún gobierno”.
Y es que José describe un abandonó institucional y gubernamental que para él sólo puede responder a la invisibilización que enfrentan los pueblos indígenas, “el mejor indígena, el indígena muerto (…) Siempre hablan del pasado y que los aztecas y que los mexicas y que los mayas. Pero de los actuales no”.
Mientras la comunidad espera por el reconocimiento como pueblo tecuexe, José explica y reiteró que lo esencial es comprender su historia y memoria, “el asunto es el territorio, tus muertos, tu historia, tu cultura”, finalizó.


