Irán y el fin de los pueblos “elegidos”

Secreto a voces

Por Rafael Alfaro Izarraraz

Con la firma por parte de Estados Unidos del “Memorándum de entendimiento” con Irán y cuyo contenido refleja hacia qué lado se inclinó el resultado de la batalla iniciada por EU e Israel el 28 de febrero pasado contra el pueblo iraní, de fondo lo que dice es el reconocimiento de la rendición de los estadounidenses ante Irán. Con la firma está implícito también algo igualmente significativo que no es otra cosa que la tan anunciada caída o derrumbe del modelo occidental de vida impuesto a los pueblos del mundo desde la invasión del continente ahora americano en 1492. Pero es no es todo, existe algo tal vez mucho más profundo desde el punto de vista del mito teológico de la supuesta existencia de dos pueblos elegidos derivado de una creencia en una “elección divina”.

Se empiezan a derrumbar los mitos de la historia universal escrita por las élites. Infinidad de pueblos resultaron de alguna manera, de acuerdo a su origen, cultura y tradiciones, elegidos, pero no todos derivaron el ser “elegidos” en unainsoportable existencia como Israel y EU, quienes han inventado el mito de una existencia distinta a los de otros pueblos que habitan la tierra porque se consideran, sin serlo más allá de sus tradiciones mítico religiosas, pueblos distintos o diferentes. Esa distinción proviene de un lugar mítico, a todas luces inexistente, desde el punto de la racionalidad pero que cabe desde la fe. Las creencias de los israelíes vienen de las reformas a la Torá del siglo VI (ver a Jesús Bonet) antes de la era cristiana. Entonces Israel es que el pueblo se declara “elegido por Dios”.

Como todos los textos de mitos fundacionales son el resultado de ajustes que llevan a cabo las propias élites religiosas. En el caso de Israel sostienen la creencia de que su Dios les concedió una especie de don en el que está implícito el convertirse en guía de la humanidad cuando ante el fin de todos los tiempos y haga su aparición el “Mesías”. Mito teológico del que están excluidos todos los demás pueblos que son vistos como objetivos a destruir para conseguir los fines de pueblo seleccionado. Y ese es el problema, es decir, que la supuesta elección coloca a estos pueblos en la creencia que, llevada a la práctica, implica el sufrimiento de otros colectivos que no se ubican en la lógica de “elegidos” por lo que resulta absurdo bajo cualquier lógica.

Otro pueblo que se inventó la idea de “elegido” son nuestros vecinos del norte. Sus creencias derivan de minorías protestantes que surgieron con las iglesias que se opusieron, bajo el liderazgo de Lutero, a la Iglesia católica. En 1620 llega a las costas de lo que ahora es América del Norte (en donde fundaron la colonia de Massachusetts) una embarcación conocida como el Mayflower. El nombre de la embarcación significa “Flor de mayo” y metafóricamente es el “reinicio”. Los puritanos calvinistas que se trasladaban a lo que ahora es los EU eran una corriente religiosa insoportable para la Corona inglesa debido a que consideraban a la iglesia anglicana (hegemónica en aquellaahora nación) como corrupta. Cuando dijeron, los puritanos,que se iban les abrieron las puertas con gusto.

Los puritanos radicales van al “nuevo mundo” con el fin de poner en práctica la idea de crear, con apego a la interpretación que hacen de la Biblia, un proyecto de sociedad “pura” y no manchada por la impureza de la iglesia anglicana que en algún momento estableció acuerdos con la católica. En la esencia de estas creencias está el germen de una sociedad distinta a la inglesa. Las élites que darían vida a los Estados Unidos retoman en su narrativa a esta corriente puritana cuya relación con el Dios los lleva convertirse en elegidos. Esta elección es distinta a la que prevalece en la cultura religiosa judía. Mientras que en esta ultima lo otorga Dios exclusivamente los judíos, en el caso de los puritanos lo otorga la fe que se deposita en Dios.

En el caso de los EU ocurre un matiz puritano y es el hecho de que, en la práctica, el pueblo “elegido” de corte “puritano” se convirtió en una selección de los de piel blanca y en la supremacía de estos de piel blanca sobre los que no son blancos de piel. Lo anterior, se traduce en ser elegido es igual a pertenecer a la población blanca, de origen sajón y protestante. Esto ha tenido un costo en el caso de los EU y el surgimiento de la Iglesia evangélica que le ha dado lugar a los no blancos y que es muy importante en los mismos EU. Junto con los supremacistas blancos, la iglesia evangélica cristiana es la que más influencia ha tenido en las alianzas con la ultraderecha estadounidense con el estado de Israel y el proyecto sionista del Gran Israel.

Las élites anglosajonas, blanca, los elegidos, son los que constituyen el núcleo puro cuya identidad de pueblo elegido se ha acoplado con el otro pueblo “elegidos” que es el israelí. Trump ha logado impulsar la alianza entre los evangélicos cristianos y los sionistas israelíes que no son todos los judíos, por supuesto. Sin duda ha sido un “éxito” político en este caso del actual presidente estadounidense. Entonces, tenemos a dos proyectos de pueblos “elegidos” que en el caso específico de Asia oriental han compartido la idea de que, como pueblo elegido, tomar el control de la aquella región cada uno con su propia agenda, pero ambos bajo el paraguas mítico religioso de ser pueblos seleccionados por la tradición de sus creencias divinas, en realidad de intereses de las élites que gobiernan a esos pueblos.

Como sabemos en el caso de EU el 4 de julio de 1776 emitieron una proclama de Independencia con respecto al poder de la metrópoli inglesa. Ahí se dice que todos los hombres son creados en las mismas condiciones de igualdad y que el Creador les concede ciertos derechos inalienables como el de la vida, la libertad y la felicidad. Así lo establece la Declaración de Independencia (escrita por Thomas Jefferson), de los EU negando los derechos que se atribuía el imperio inglés sobe los habitantes de la colonia en el norte de América. Enfadados los colonos ahora estadounidenses ante la intención de los dirigentes imperiales que intentaron cobrarle a los colonos los costos de la guerra sostenida ante Francia, mediante la Stamp act.

Para que se respetara la vida, la libertad y se consiguiera la felicidad, era necesario, decía la Declaración de Independencia, que se creara un gobierno con el debido consentimiento de los gobernados, quienes en todo momento tendrían el derecho de modificar la composición del gobierno si este último respondía a intereses ajenos a los postulados de vida, libertad y felicidad. En ese sentido “el pueblo tenga derecho a alterar o abolirla, y a constituir un nuevo gobierno” (Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos). Jefferson, nació en 1743, de ascendencia inglesa. Su padre se había establecido en Virginia, donde poseía una plantación y desde donde inició el ascenso social de la familia. Jefferson es un liberal alimentado por los filósofos liberales franceses y de manera particular por Montesquieu.

Como se puede apreciar, la norma constitucional, más allá de la influencia de los filósofos franceses, y que regulará a la naciente sociedad estadounidense, tendrá como trasfondo creencias cuyo fundamento se encuentra en las creencias puritanas y luego traducidas en la de un pueblo blanco, pero racista, como elegido. La relación de las élites de EU con las de Israel (el 80 por ciento de los que ahora se declaran judíos no son de origen semítico) no es casualidad. Existe un trasfondo mítico religioso en el que en ambos casos se traduce en la creencia en la superioridad de un pueblo que excluye a los demás en la práctica a través de métodos salvajes e inhumanos como ocurre en Gaza y, por el otro lado, en un pueblo cuyas creencias de selección se sustentan en el color de la piel, los blancos de origen anglosajón.

Esta creencia y sus fundamentos, en parte cubría a esos pueblos (Israel y EU) de un aura de protección divina a la que acudían de manera abusiva pues no existe Dios que proteja actos contrarios a la humanidad como lo ha reconocido y subrayado el papa. Utilizar a Dios para justificar el ataque a pueblos casi siempre indefensos y con relaciones asimétricas militarmente hablando, es un acto propio de dictadores y gobiernos sustentados en dictaduras. De tal manera que este es el gran efecto heroico del pueblo iraní: el de poner a esa falsa aura que supuestamente le concedía a ciertos pueblos una superioridad basada en la protección de Dios. La creencia de que Dios protege invasiones a pueblos indefensos se ha derrumbado.

De tal manera que la obra del pueblo de Irán, el haber derrotado a EU e Israel en dos batallas (la de los 12 días de junio de 2025 y la de los 40 días de 2026) no se circunscribe únicamente a la lógica del derrumbe de occidente. Es algo mucho más profundo. Es la derrota y la caída de uno de los mitos universales más influyentes en la vida cultural del mundo y su historia universalmente concebida. Es la historia de la humanidad la que se está reescribiendo. Y esto resultaba hasta hace poco impensable, pero en la vida real ha ocurrido, aunque sus efectos serán digeridos poco a poco por las futura generaciones. Lo que nos han permitido ver los iraníes es la manera en que la historia ha dado un vuelco al terminar con la idea de los pueblos elegidos como es el caso de Israel y EU.

 El mito de los pueblos elegidos se ha derrumbado por los suelos.

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