La madrugada del 7 de julio de 2013 en Lagos de Moreno, Jalisco, seis jóvenes y un adulto fueron desaparecidos. Un mes después, gracias a sus familiares, quienes salieron a exigir a las autoridades su regreso, fueron localizados lamentablemente sin vida en el predio que hoy lleva por nombre “La Ley de la Verdad”, antes la Ley del Monte.
13 años han transcurrido desde que este municipio de la Región Altos Norte de Jalisco dejó al descubierto el horror que el crimen organizado genera en medio de un ambiente de desprotección e indolencia del Estado.
En el décimo tercer aniversario de exigencia de justicia y verdad, las familias de Ángel de Jesús Rodríguez Hernández y de Daniel Armando Espinosa Hernández comparten su posicionamiento y verdad.
Por Redacción ZonaDocs / @ZonaDocs
La madrugada del 7 de julio de 2013 en Lagos de Moreno, Jalisco, seis jóvenes y un adulto fueron desaparecidos. Cuatro de los seis muchachos (Ángel de Jesús de 19 años, Daniel de 22, Eduardo de 21 y Gerardo de 18) caminaban juntos por una de las avenidas principales de la ciudad rumbo a la casa de Daniel tras celebrar el cumpleaños de Eduardo, cuando, un grupo de sujetos armados a bordo de una camioneta con “torreta” les interceptó para llevárselos contra su voluntad. A los otros dos jóvenes, Cristian de 18 años y a Marco de 19, se los llevaron a cada uno de puntos diferentes; mientras que a Rodrigo el adulto–, lo extrajeron de manera violenta de su propia casa.
Luego de un mes de manifestaciones y protestas que buscaban llamar la atención del entonces presidente municipal Hugo René Ruiz Esparza Hermosillo, el Fiscal General del Estado Luis Carlos Nájera y el Gobernador en turno Aristóteles Sandoval, fueron localizados sin vida en un predio ubicado en una brecha que lleva hacia la comunidad de La Sauceda.
13 años después de estos eventos que marcaron la historia del estado y el país, la hermana, la madre y el padre de dos de estos jóvenes llaman a no olvidar y a reconocer que la justicia, pese al paso del años sigue siendo un camino sinuoso e incierto de transitar en México.

“No te recordamos por el día en que intentaron borrarte de este mundo, sino por todos los días en que sigues habitando el nuestro, porque tu historia no termina en la violencia que te arrebató de nuestro lado”.
Michel Rodríguez Hernández, hermana de Ángel de Jesús Rodríguez Hernández.
Cone, vives en nuestras conversaciones, en las risas que todavía nos provocan tus recuerdos, en las enseñanzas que nos dejaste y en el amor que sembraste en quienes tuvimos la fortuna de tenerte cerca. Trece años después, tu ausencia duele, pero tu presencia permanece en todo lo que nos regalaste mientras estuviste aquí. No te recordamos por el día en que intentaron borrarte de este mundo, sino por todos los días en que sigues habitando el nuestro, porque tu historia no termina en la violencia que te arrebató de nuestro lado.
Tu historia vive en la memoria, en la búsqueda de verdad y justicia, y en el amor que sigue pronunciando tu nombre. Te extrañamos con la misma intensidad, pero también te amamos con la misma fuerza. Y mientras exista alguien que te nombre, que te piense y que te lleve en el corazón, seguirás caminando con nosotros.
Hermano, yo seguiré contando tu historia y tú seguirás trascendiendo como hasta ahora.
Cone, gracias por regalarnos tu sonrisa que siempre vamos a tener en mente, y gracias por tus cálidos abrazos que seguimos extrañando y anhelando.
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“En este caminar de lucha para honrar tu memoria he visto muchas injusticias, indolencias, omisiones y demasiadas desapariciones y cada gobierno que llega es peor al anterior, pero me niego a la desesperanza, me niego a bajar la voz…”
Ana Teresa Hérnandez, madre de Ángel de Jesús Rodríguez Hernández.
Ángel de Jesús “conejito” ya han pasado 13 años sin ti, y cada 7 de julio mi corazón vuelve a hacerse pedazos, es un dolor que no se terminará hasta que deje de respirar.
En este caminar de lucha para honrar tu memoria he visto muchas injusticias, indolencias, omisiones y demasiadas desapariciones y cada gobierno que llega es peor al anterior, pero me niego a la desesperanza, me niego a bajar la voz, porque en tu honor acompaño a otras madres que han padecido éste grave problema y que parece no tener fin.
Conejito tu esencia y tu rostro vive siempre en mi y aunque hay meses en que ya no quiero recordar tu desaparición y asesinato y todas las indolencias y revictimizaciones que vivimos, lo hago solo para mitigar éste dolor y que la herida cicatrice un poco.
Tienes una madre que nunca se rindió y que les cantó su precio a las autoridades, te busqué hijo y te encontré, ya la vida se encargó de poner a cada uno de los que te hicieron daño, en el lugar que se merecen.
HASTA QUE LA DIGNIDAD SE HAGA COSTUMBRE Y LA JUSTICIA PREVALEZCA. NI PERDÓN NI OLVIDO.
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“A trece años del asesinato de Daniel, tengo que ser honesto…la paz se siente como algo ajeno. ¿Cómo se puede estar en paz cuando el corazón de un padre sigue reclamando la presencia de su hijo?”
Armando Espinosa, padre de Daniel Armando Espinosa Hernández.
Hoy, al intentar poner en palabras lo que mi corazón siente al cumplirse trece años de la partida de mi hijo, Daniel Espinosa Hernández, me doy cuenta de que no hay palabras suficientes para describir lo que significa vivir con un vacío así.
Trece años no son solo una cifra en el calendario, son más de cuatro mil días de aprender a sobrevivir cuando una parte esencial de mi vida que fue arrebatada de la manera más cruel e injusta.
Le doy gracias a Dios por la fortaleza que nos ha permitido sostenernos a mí y a mi familia.
No ha sido una fortaleza que se siente como valentía, ha sido una resistencia silenciosa, un levantarse cada mañana cuando el mundo se sentía gris y pesado, simplemente porque no quedaba de otra.
Esa fuerza, esa capacidad de seguir respirando y de seguir buscando justicia a pesar del cansancio extremo, sé que viene de un lugar más allá de mis propias fuerzas humanas. Sería una mentira si dijera que he encontrado la paz. A trece años del asesinato de Daniel, tengo que ser honesto… la paz se siente como algo ajeno.
¿Cómo se puede estar en paz cuando el corazón de un padre sigue reclamando la presencia de su hijo? La paz, tal como la entiende el mundo, se me escapa. Lo que he tenido es resiliencia, es terquedad ante el dolor, es una fe que a veces vacila pero que se mantiene firme en la memoria de mi hijo.
Pero la tranquilidad del alma, esa paz que te deja dormir sin sobresaltos y vivir sin la sombra de la tragedia, es algo que todavía no llega. Daniel no es solo un nombre en una lista de jóvenes desaparecidos y asesinados, es la risa que nos falta en la mesa, son los sueños que no pudo cumplir, es la injusticia constante de haberle cortado el camino antes de tiempo.
Cada año que pasa, el dolor cambia de forma, se vuelve más profundo, pero nunca desaparece.
Mi familia y yo hemos caminado estos años sobre vidrios rotos, hemos visto cómo el tiempo avanza, cómo la vida sigue para los demás, mientras nosotros nos quedamos detenidos en aquel 7 de julio del 2013, en ese momento en que todo cambió para siempre.
La lucha por la justicia ha sido agotadora, a veces desesperanzadora, pero es lo único que nos mantiene vinculados a Daniel, manteniendo vivo su recuerdo frente a un mundo que tantas veces lo prefiere olvidar.
Hoy no pido respuestas fáciles, ni consuelos vacíos.
Sigo aquí, sigo siendo el padre de Daniel, y sigo esperando que, algún día, en algún lugar, la verdadera justicia nos permita finalmente encontrar un poco de descanso.
Daniel, hijo, te seguimos extrañando con la misma intensidad del primer día. Seguiremos adelante, no porque queramos, sino porque es la única forma que tenemos de honrar tu memoria.


