La frase “¿Y si sí?”, popularizada durante la conversación digital en torno a la Selección Mexicana en su paso por el Mundial 2026, fue retomada por organizaciones civiles para impulsar mensajes sobre justicia, derechos humanos y participación ciudadana. La estrategia consistió en trasladar un símbolo asociado al fútbol hacia causas sociales mediante campañas en redes sociales adquiriendo nuevos significados en el espacio público.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
Lo que nació en las tribunas y en las pantallas digitales como un mantra de fe para la Selección Mexicana de Fútbol ha dado un giro en la discusión pública nacional. La icónica frase “¿Y si sí?”, que inundó las redes sociales para alimentar la esperanza de la afición ante el escepticismo deportivo, migró de las canchas. Hoy, este fenómeno de la cultura popular ha sido adoptado, resignificado y transformado por colectivos, activistas y organizaciones de la sociedad civil en México.
Bajo esta óptica, el eco de la tribuna funciona como un recordatorio profundo sobre el verdadero peso de la esperanza colectiva en la idiosincrasia del país. Esta fuerza intangible, que se manifiesta con nitidez cuando una multitud empuja hacia un mismo propósito, demuestra que el optimismo compartido posee una potencia transformadora única. El fenómeno deja en claro que la capacidad humana para creer y sostener una ilusión común es igual de real e indispensable tanto dentro como fuera de la cancha; la diferencia radica únicamente en el destino que la sociedad decide darle a esa energía.
El origen del ecosistema digital de esta frase se remonta a la inercia masiva en torno al Mundial 2026. En ese momento, la porra operó como un conductor de electricidad social que unió a millones de personas bajo una misma sintonía. La campaña futbolística dejó una huella profunda en el imaginario colectivo que diversas organizaciones independientes supieron leer con precisión. A través de esta lectura, el activismo mexicano encontró una oportunidad única para canalizar una inercia mediática hacia debates estructurales urgentes.
Desde la perspectiva de la comunicación social, el fenómeno se consolida como un claro proceso de resignificación y hackeo de narrativa digital. Las organizaciones civiles identificaron que el mantra futbolístico poseía un alto índice de empatía y memoria colectiva preinstalada en la audiencia. Al extraer la frase del contexto de entretenimiento y trasladarla a problemáticas críticas, las agrupaciones generaron un efecto de contraste disonante en las plataformas.
Este choque entre el optimismo original de la porra y la realidad social funciona como un espejo para el espectador. De este modo, la estructura de los mensajes dirige a la opinión pública a cuestionar por qué la sociedad civil se moviliza con facilidad por un juego de noventa minutos, pero mantiene distancia frente a las deudas sociales del país. Se trata de una estrategia donde el activismo se sube a la inercia de un trend masivo para visibilizar lo urgente.
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Para comprender la dimensión de este movimiento, el concepto sociológico de la “efervescencia colectiva” introducido por Émile Durkheim aporta luces sobre el comportamiento de las audiencias. Esta categoría explica esos momentos en que una comunidad se reúne y experimenta una energía unificada tan intensa que los individuos se sienten conectados a algo superior. En el México actual, el fútbol opera bajo dinámicas similares, donde la frase “¿Y si sí?” se convirtió en el tótem verbal de esa energía comunitaria.
El verdadero hito comunicacional radica en que las organizaciones no intentaron recrear una efervescencia desde cero, lo cual implica un desafío complejo e imprevisto. En su lugar, el activismo tomó la decisión de apropiarse del símbolo remanente de esa energía para redireccionarlo hacia el espacio de lo público. Así, las campañas apelan a la memoria de ese estado de comunión para reclamar que la fuerza colectiva no se diluya tras el pitazo final de un partido.
Uno de los ejemplos de esta transición narrativa proviene del Colectivo Luz de Esperanza. Las familias buscadoras dieron continuidad a su estrategia digital previa mediante el uso de inteligencia artificial donde el colectivo recreó las tradicionales estampas de los álbumes de fútbol mundialistas, pero sustituyó los rostros de los jugadores por las fotografías de sus familiares ausentes.
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A través de sus publicaciones en redes sociales, el colectivo confrontó de manera directa la empatía selectiva de la población en el marco del torneo. En sus plataformas digitales, la organización realizó un cruce entre su esfuerzo previo y el famoso:“¿Y si sí?”:
“Perdió México, sí. Pero también quedó demostrado que, cuando sí nos unimos, somos capaces de hacer cosas enormes. Millones de personas salieron a las calles, llenaron plazas, abrazaron a desconocidxs y compartieron una misma emoción. ¿Y si esa misma fuerza la llevamos a exigir justicia por lxs desaparecidxs? ¿Y si sí nos unimos para buscarles, nombrarles y exigir que vuelvan?”.
De esta forma, las preguntas “¿Y si sí salimos a exigir justicia por lxs desparecidxs?” y “¿Y si sí apoyamos a las familias de personas desaparecidas? México también ganaría” configuran un discurso directo.
Por su parte, organizaciones enfocadas en la defensa de los derechos humanos y el desarrollo comunitario integraron la frase para apelar a la corresponsabilidad. La organización Fundar México lanzó a las redes sociales la interrogante “¿Y si sí les acompañamos?” como una invitación abierta a sumarse a las causas que defienden de manera cotidiana.
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En esa misma línea de acción, la Fundación Juconi México adaptó la tendencia digital bajo una consigna orientada al cuidado de los sectores más vulnerables. La institución publicó en sus canales oficiales: “¿Y si sí? ¿Y si todas todos nos convertimos en la red para proteger a las infancias y fortalecer a las familias?”. Su discurso se orienta a fortalecer los vínculos y las estrategias de cuidados para las infancias y las familias, donde el “¿Y si sí?” representa “romper los ciclos de violencia es un esfuerzo compartido”.
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Por otro lado la agrupación Jóvenes de la periferia, a través de formatos visuales en Instagram, retomó el trend con una postura crítica frente al panorama institucional. En un primer momento de su mensaje, el colectivo reconoció el éxito y la dedicación de figuras jóvenes del balompié actual como Gilberto Mora y Armando ‘Hormiga’ González.
“Nos da muchísimo gusto ver a jóvenes en el deporte. Admiramos la dedicación de Gilberto Mora, el Hormiga González y de todas las juventudes que la rompen en la cancha. Nos emociona verlos triunfar porque demuestran que cuando se confía en las juventudes y se les dan oportunidades reales, el talento explota. Pero el deporte profesional es solo una de las tantas ramas donde las juventudes muestran su potencial…”, manifestaron en su publicación.
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A través de ese reconocimiento, la narrativa de los Jóvenes de la periferia también hicieron un énfasis en apoyar y reconocer el trabajo de las juventudes en diversos sectores que van desde el activismo, el liderazgo social, el arte, la ciencia, básicamente “a todas las juventudes”. El colectivo utilizó el alcance de la etiqueta para lanzar una pregunta que cuestiona las condiciones de seguridad en sus territorios : “¿Y si sí nos atrevemos a apostar por el liderazgo y la seguridad de las juventudes que defendemos el barrio?”.
El mensaje de la organización avanza hacia una denuncia frontal contra el uso utilitario de sus imágenes por parte de agentes externos.
“¡BASTA de organizaciones que lucran con nuestras causas y rostro, pero nos niegan la toma de decisiones! No aceptamos más acciones adultocéntricas donde nos ven como cuota. Y más allá de eso: exigimos condiciones dignas y seguridad. No queremos vivir con miedo en un país que no nos protege, con un gobierno que nos ignora y que, con su omisión, nos hace daño. ¡El territorio es nuestro y exigimos vivirlo sin miedo!”, puntualizaron.
La mutación de la frase “¿Y si sí?” demuestra que las audiencias digitales en México no operan como receptores pasivos de los contenidos de entretenimiento. Al apropiarse del lenguaje de la cultura popular, el tejido asociativo derribó otra de las barreras de la indiferencia. Esta estrategia facilitó la inserción de agendas de alta prioridad en los mismos canales virtuales donde antes solo se discutía el marcador de un partido de fútbol.
Este recorrido deja en claro que los días de incertidumbre deportiva legaron una lección que trasciende el marcador: la urgencia de rescatar el poder de la esperanza colectiva. Si es posible activar esa vibración conjunta frente a una pantalla, el verdadero desafío de la sociedad civil radica en trasladar esa misma fe hacia la transformación estructural del entorno. El horizonte que plantean estas campañas demuestra que un México mejor para todos es viable, siempre y cuando las mayorías compartan esa misma expectativa con la mirada puesta en un bienestar común.



