#ZonaDeOpinión
Por Aline Zunzunegui- Coordinadora Nacional de Fight Inequality Alliance México / @fiamexico_ y @fightinequality
¿A dónde se fue mi dinero?
No es que tenga la edad suficiente como para decir: “antes todo era más barato” o “en mis tiempos las cosas costaban menos”. Pero con mis escasos 34 añitos sí puedo decir algo; la economía es una fuente constante de estrés.
Porque no solo se trata de pagar lo básico. Se trata de que cada vez cuesta más imaginar una vida con pequeños gustos como salir a cenar sin hacer cuentas antes, comprar algo que no necesitas pero que te hace feliz, irte de vacaciones, cambiar el celular cuando ya no funciona, ahorrar para un proyecto personal o simplemente tener un poco de tranquilidad a fin de mes.
¿Por qué sentimos que nuestro dinero no alcanza?
Porque quizá no se trata solamente de que las cosas cuesten más. Se trata de que el aumento de los precios no siempre va acompañado del mismo aumento en nuestros ingresos.
Hoy muchas personas hacemos la misma compra de siempre, con la misma lista de productos, y al llegar a la caja aparece una sorpresa, el total es más alto y entonces el carrito debe estar más vacío.
La gasolina cuesta más. El supermercado cuesta más. La renta cuesta más. Los servicios básicos cuestan más.
Tan solo en los primeros meses de 2026, algunos productos de la canasta básica han tenido variaciones importantes. Alimentos como la papa, el aguacate, la cebolla y otros productos frescos registraron aumentos relevantes en distintos momentos, mientras que otros productos como el jitomate y el huevo han tenido cambios de precio asociados a factores de producción y oferta. El aumento del costo de vida no termina en la despensa.
La inflación también alcanza productos como el shampoo, el detergente para la ropa, el jabón, el papel higiénico, las toallas húmedas y las toallas sanitarias, que han aumentado de precio en los últimos años. Estos son gastos que rara vez aparecen en las conversaciones sobre inflación, pero que representan una parte importante del presupuesto familiar. Para muchas mujeres, por ejemplo, la higiene menstrual no es una opción, es una necesidad; sin embargo, cada incremento en estos productos significa destinar una mayor parte del ingreso a cubrir algo tan básico como el cuidado personal.
Aunado a ello se incluye la renta, el transporte, los servicios como el agua, el mantenimiento del hogar y los productos de higiene. Aunque la inflación parece moderada en las estadísticas, la realidad es que no consumimos solo un producto sino varios, entonces al final en la vida diaria se suma el incremento de todos los productos al mismo tiempo y el resultado es inevitable; cada quincena rinde menos, ahorrar se vuelve más difícil y vivir con tranquilidad financiera parece un lujo cada vez más lejano.
Podemos seguir visualizando porcentajes de aumento, cifras pero lo más importante son las historias de la vida cotidiana, lo vital son las personas que dejan de comprar fruta porque esta mas cara, La familia que cambia la carne por opciones más económicas. La joven que posterga independizarse porque la renta consume demasiado de su salario. La persona que trabaja más horas y aun así siente que llega al mismo lugar.
El incremento del costo de vida se vive cuando abres la aplicación del banco y haces cuentas antes de aceptar una salida con amigos. Cuando tienes que decidir qué gasto puedes esperar. Cuando un ahorro que parecía una meta empieza a parecer imposible.
Y no todos vivimos el aumento del costo de vida de la misma manera. Para una persona con grandes ingresos, que suba el precio del supermercado puede ser una molestia, pero para millones de familias significa ajustar la alimentación, endeudarse o renunciar a necesidades básicas. Entonces hablar del costo de vida no es solamente hablar de precios, es hablar de desigualdad en la vida diaria.
Porque una sociedad donde cada vez más personas tienen que hacer malabares para vivir mientras una minoría concentra cada vez más riqueza no tiene un problema económico únicamente, tiene un problema de prioridades.


