Movimiento que habla
Por Michel Correa
Muchas personas, al escuchar la palabra feminismo, de inmediato se bloquean y lo asocian con un supuesto odio desmedido hacia los hombres. Sin embargo, la realidad es distinta: lejos de fomentar rencor, el feminismo siempre ha buscado un equilibrio. Durante siglos, las mujeres no fueron reconocidas como sujetas de derechos y precisamente; por ello, el feminismo lucha por el reconocimiento de aquello que les ha sido negado históricamente.
Mi propósito es mostrarte, de manera sencilla, qué es realmente el feminismo y cuál es su objetivo. Sin distorsionar la experiencia y con la intención de sembrar una semilla de reflexión, sin caer en conceptos reduccionistas.
El feminismo responde a las preguntas sobre la exclusión de las mujeres en los ámbitos políticos, sociales, culturales y económicos. La Ilustración trajo consigo el cuestionamiento y, en consecuencia, el discernimiento del orden establecido. La igualdad, la libertad y la fraternidad sonaban magníficas, pero seguían limitándose únicamente a las experiencias masculinas.
¿Por qué los derechos y las libertades se restringían solo a la mitad de la población? ¿De dónde surgían estas discriminaciones? El feminismo es una teoría política y una práctica social, pero también un ejercicio individual de reconocimiento propio. Implica apropiarse de nuestros derechos y cuestionar el status quo. Todo esto se entiende como la toma de conciencia de una misma.
Conciencia de las normas y formas de vida arraigadas que oprimen a las mujeres, que las violentan y que no las aceptan. Estructuras que niegan nuestra autonomía. Se refleja cuando por el mismo trabajo recibimos menos salario que los hombres; cuando los puestos de liderazgo en las empresas se diseñan pensando solo en ellos; cuando se nos responsabiliza de los abusos sexuales por la ropa que usamos o los lugares que transitamos, mientras el foco nunca está en quien ejerce la violencia; o cuando se nos rechaza por no querer tener hijos, como si fuera una obligación. Incluso los espacios sociales no están diseñados para nosotras. Como bien señala Lu Ciccia, a los cuerpos feminizados siempre se nos enseña a no ocupar espacio.
La toma de conciencia es reconocer el camino de aquellas mujeres que se atrevieron a desafiar y que, con sus acciones, abrieron las sendas por las que hoy transitamos, a quienes estamos profundamente agradecidas (Varela). Ejemplos claros son Elvia Carrillo Puerto, pionera en la lucha por el sufragio femenino en México; Marta Lamas, quien impulsó la despenalización del aborto; y Patricia Olamendi, promotora de la paridad de género en los cargos públicos. Sus aportes muestran que cada conquista de derechos ha sido fruto de la resistencia y la valentía de quienes se negaron a aceptar la opresión como destino.
Mucha gente cree que el feminismo consiste únicamente en mujeres que desean ser iguales a los hombres, y gran parte de esa misma gente lo percibe como un movimiento “antihombres”. En realidad, el feminismo es una teoría de justicia. Como plantea bell hooks, la interseccionalidad muestra que no basta con nombrar la opresión de las mujeres: es necesario reconocer cómo raza, clase y sexualidad se entrecruzan y generan experiencias distintas de desigualdad. Estas teorías han transformado el mundo porque permite nombrar la desigualdad y la violencia mientras que buscan que las mujeres decidan libremente cómo quieren vivir, siendo dueñas de su destino. El feminismo, en esencia, es un movimiento para erradicar la opresión sexista.
El sexismo, por su parte, es el prejuicio o la discriminación ejercida en función del sexo, género o identidad sexual. También llamado discriminación de género o sexual, se basa en la idea de que un sexo es superior a otro, promoviendo estereotipos y roles sociales tradicionales: las tareas “del hombre” y “de la mujer”, o las actitudes “femeninas” y “masculinas”.
Y es esta toma de conciencia la que nos permite comprender el patriarcado como sistema de dominación: de dónde proviene, cómo se sostiene y cómo la dominación masculina permea nuestra vida cotidiana, arrebatándonos el control de nuestras propias decisiones.
El feminismo busca que podamos elegir libremente la vida que deseamos llevar: decidir si queremos ser madres o no, dedicarnos al hogar o salir a trabajar, elegir a nuestros gobernantes, escoger la ropa que usamos, con quién compartimos nuestra vida, tener independencia económica, expresar nuestras opiniones, ser dueñas de nuestros cuerpos, estudiar, trabajar con libertad, ser tratadas con respeto y alzar la voz ante las injusticias.
El feminismo es todo eso y más: es lo que hoy me permite escribir en libertad, materializar mis derechos y ejercer el derecho de elección en todos los aspectos. El tema es vasto, existen tantas teorías que sería imposible plasmarlas todas aquí.
No temas al feminismo; al contrario, es un espacio que cuestiona y busca que las mujeres seamos más libres, que estemos más informadas y que la violencia estructural no penetre en nuestras vidas. Por eso espero que, a partir de ahora, puedas abrir más conversaciones internas y externas, trazar tu propio camino y vivir el feminismo desde tu experiencia.
Queda mucho por hacer. El primer paso es cuestionar, reflexionar, investigar, incomodarnos e informarnos. Solo así podremos movernos y abrir grietas en las estructuras que nos oprimen. Porque la transformación empieza en la conciencia. Y una vez que esa conciencia despierta, ya no hay marcha atrás.
Referencias.
- Definición.com. (s.f.). Definición de sexismo: origen, historia, manifestaciones y conceptos. Recuperado de https://definicion.com/sexismo
- hooks, b. (1984). Feminist theory: From margin to center. Boston, MA: South End Press. Recuperado de https://monoskop.org/images/f/ff/Hooks_bell_Feminist_Theory_From_Margin_to_Center_1984.pdf
- hooks, b. (2000). El feminismo es para todo el mundo. Trad. al español. Recuperado de https://drive.google.com/file/d/1H_3xRoFXI32lHzWNAZfkU97Q-5inYWav/view


