A un año de celebrar su décimo quinto aniversario, DOQUMENTA reflexiona sobre su trayectoria y el papel que ha desempeñado en la formación de públicos para el cine de no ficción. El crecimiento del festival ha sido resultado del trabajo colectivo y las alianzas construidas con el tiempo.
La edición 2026, bajo el lema “De una idea a una galaxia”, busca impulsar conversaciones a partir del cine documental y fortalecer la comunidad que da vida al proyecto.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
A una edición de que DOQUMENTA, Festival Internacional de Cine y Narrativas de No Ficción, alcance su décimo quinto aniversario, sus co-directores vuelven la mirada al camino recorrido. El propósito es reconocer la evolución de un proyecto que nació como un festival de cine documental y que, con el transcurrir de los años, se consolidó como un punto de encuentro entre realizadores, audiencias y organizaciones civiles.
La edición 2026, articulada bajo el lema “De una idea a una galaxia”, retoma esa memoria colectiva para reflexionar sobre la manera en que las ideas, las imágenes y las voluntades tejen redes capaces de transformar la realidad social.
En entrevista para ZonaDocs, Jennifer Margain y Aarón García del Real, codirectores del encuentro, expresaron que pensar en los quince años del proyecto implica asumir que su crecimiento nunca respondió a un plan rígido. Por el contrario, se debió a un cúmulo de coincidencias, alianzas estratégicas y esfuerzos compartidos que terminaron por dotar al festival de una identidad única.
La cercanía del aniversario representa, en ese sentido, una valiosa oportunidad para validar los logros obtenidos y proyectar las metas operativas de la organización a mediano plazo.
Aarón rememoró que, en los inicios de DOQUMENTA, resultaba impensable calibrar la dimensión que la iniciativa adquiriría quince años después dentro del circuito nacional de exhibición cinematográfica. “Creo que es muy gratificante, a mí no me deja de sorprender, la realidad es que sí, no había forma de imaginar a dónde hubiéramos llegado 15 años después”, afirmó el codirector.
Enfatizó que el equipo de trabajo se integró a partir de coincidencias orgánicas que, con el tiempo, permitieron afianzar una comunidad sólida en torno a las proyecciones. El codirector reconoció de igual manera que gran parte del trayecto estuvo marcado por complejidades financieras y logísticas que, leídas en perspectiva, hoy cobran un significado totalmente distinto.

Añadió que, si desde las primeras etapas hubieran previsto cada uno de los obstáculos que sortearían, muchas decisiones habrían parecido inalcanzables. No obstante, sostiene que el tiempo confirmó que el esfuerzo valió la pena y que el certamen adquirió un dinamismo propio que continúa impulsándolo.
Por su parte, Jennifer compartió un dilema ético y existencial que acompaña la producción de cada edición. Frente a un panorama nacional atravesado por múltiples tensiones y emergencias sociales, confesó que frecuentemente se cuestiona cuál es el sentido profundo de gestar un espacio dedicado al arte audiovisual.
La respuesta, sostiene la codirectora, emerge en el diálogo transformador que las películas detonan entre la audiencia y los creadores. “Creo que también ahí hay un activismo desde el arte y la cultura importante en la que nosotros nos hemos asumido con responsabilidad, con cuidado, con colaboración”, expresó.
Para Jennifer, la selección de los títulos funciona como un vehículo directo para incitar a la ciudadanía a la reflexión sobre su entorno: “Las narrativas sí cambian mundos”, aseveró con convicción, argumentando que esa afirmación se comprueba al atestiguar la reacción de los espectadores y de los cineastas al término de cada función.
Esa premisa conceptual conecta de forma directa con la temática elegida para DOQUMENTA 2026, De una idea a una galaxia, una consigna que invita a observar cómo un gesto individual aparentemente modesto puede expandirse hasta conformar un tejido colectivo de gran escala.

Jennifer detalló que en cada convocatoria han procurado centrar la atención en un matiz distinto del hecho cinematográfico; en esta ocasión, la prioridad fue visibilizar los lazos humanos que han permitido la sostenibilidad del festival durante casi una década y media.
Así mismo, recordó que la infraestructura operativa descansa sobre el compromiso de los equipos de voluntariado, realizadores que deciden volver a presentar sus obras en Querétaro y audiencias fieles que acuden puntualmente cada verano. Esta constancia ha modelado un ecosistema similar a un micelio o a una galaxia compuesta por múltiples estrellas.
Dicha metáfora resume además la postura del evento hacia el cine de no ficción: concebir la pantalla como un punto de partida para fundar alianzas. Más allá de concentrarse en la técnica cinematográfica, el festival se propone acondicionar espacios donde los relatos de las películas trascienden el recinto escolar o la sala convencional para traducirse en debates abiertos entre personas con trasfondos diversos.
Para Aarón, este intercambio genuino se activa justamente cuando la pieza proyectada confronta al espectador con un fragmento de la realidad que le resultaba ajeno o incómodo. “La conversación inicia cuando el documental te confronta con algo que no sabías o no querías saber”, comentó el codirector.
Desde su óptica, la cinematografía documental se caracteriza por sembrar interrogantes críticas antes que respuestas cerradas, convirtiendo esa confrontación en el germen de nuevas posturas éticas tanto individuales como colectivas. “Creo que son conversaciones necesarias”, remarcó sobre el rol democratizador de la pantalla.
Jennifer complementó que estos debates alcanzan un impacto público superior cuando el certamen formaliza alianzas con organizaciones de la sociedad civil, colectivos de búsqueda o investigadores especializados en las temáticas exhibidas.
En estos esquemas, las proyecciones no concluyen con los créditos finales, sino que encuentran continuidad en conversatorios y talleres que aterrizan las discusiones en propuestas de acción comunitaria:
“Cuando juntamos la proyección más un conversatorio con estas alianzas, entonces es cuando las conversaciones se hacen más grandes”, fundamentó.
A punto de cumplir sus primeros quince años de vida, Jennifer valoró que uno de los legados más relevantes de DOQUMENTA ha sido democratizar el acceso al cine de no ficción para sectores de la población que históricamente han padecido marginación cultural.
La meta de la dirección ha sido delinear una oferta gratuita, descentralizada e inclusiva para personas de todas las edades:
“Un logro importante ha sido la descentralización de la exhibición cinematográfica gratuita. Y que también sea accesible para todas las edades. Eso también es importante”, remarcó la codirectora.
Aarón coincidió con este diagnóstico y apuntó que, si bien en el país han proliferado los festivales cinematográficos, DOQUMENTA halló un espacio regional indispensable al atender un territorio donde la exhibición independiente no siempre cuenta con recintos permanentes.
Aclaró que el propósito institucional nunca ha sido monopolizar la agenda cultural, sino diversificar los canales para que más personas encuentren en la pantalla un espejo de su contexto.
Esta apuesta por la democratización explica la cuidada selección de las sedes. Aaron enfatizó que la organización procura deliberadamente salir de las salas tradicionales para colonizar plazas públicas, jardines del Centro Histórico, delegaciones y campos universitarios.

Esa versatilidad logística constituye el código genético del festival y responde al compromiso de derrumbar las barreras físicas y económicas de acceso al arte. “Siempre hemos buscado que la sala de cine no nos confine como la única forma de poder proyectar cine”, enfatizó el codirector.
De cara al décimo quinto aniversario, ambos directores vislumbran el porvenir del encuentro apuntalados por la propia comunidad que los respalda. Lejos de proyectar un festejo puramente protocolario, Jennifer espera que la conmemoración reúna a la diversidad de actores que han edificado el proyecto desde distintas trincheras.
“Nos imaginamos celebrar con esa red… las personas que hacen cine, las personas que están de jurado, las personas que gestionan cine, las personas que van a disfrutar el cine, las personas que hacen posible que este festival exista”, manifestó emocionada.
Para Aaron, el éxito de la organización no se cuantifica en el incremento irreflexivo de funciones o invitados, sino en la posibilidad real de dignificar las condiciones laborales del equipo y expandir el alcance social de la propuesta.
Celebró que, con el transcurrir de las temporadas, el encuentro haya conseguido convocar a representantes de casi la totalidad de la Selección Mexicana que integra la muestra oficial, una meta que en los primeros años lucía distante.
El codirector argumentó que, ante un eventual incremento de presupuesto, la prioridad no radicaría en alterar la esencia del proyecto, sino en fortalecer el andamiaje humano que sostiene la producción.
El plan es optimizar las dinámicas de trabajo internas e intensificar el impacto de la mediación cultural sin abandonar el modelo cercano que los ha distinguido desde su origen:
“La esencia sigue siendo la misma. Estás en la plaza pública proyectando la película, pero mejoraste todo alrededor”, puntualizó sobre la visión del proyecto a largo plazo.
Jennifer sumó un deseo adicional rumbo a los primeros quince años de trabajo: afianzar a la ciudad de Querétaro como un polo de atracción para la comunidad cinéfila nacional, promoviendo el turismo cultural y consolidando un punto de encuentro federal para creadores e investigadores de la no ficción.
Antes de dar por concluida la entrevista, Jennifer Margain sintetizó la calidez de la convocatoria con una invitación directa a las audiencias del país: “Les esperamos en los 15 años”.
Por su parte, Aarón García reconoció que el ejercicio de prospección sobre el futuro del evento ha servido como una pausa necesaria para la autocrítica institucional, concluyendo que la clave del crecimiento del festival reside en su capacidad para dejarse empujar por la propia comunidad que lo abriga.
La edición número 14 de DOQUMENTA se realiza del 5 al 9 de agosto de 2026 en distintas sedes de la ciudad de Querétaro, con funciones, conversatorios, actividades formativas y encuentros entre realizadores y públicos. La programación contempla películas nacionales e internacionales, así como espacios de diálogo con especialistas, organizaciones y personas creadoras, con el propósito de extender la conversación más allá de las proyecciones.
El programa completo, la selección oficial, los horarios y las sedes pueden consultarse en el sitio oficial del festival, www.doqumenta.org, donde también se encuentra disponible la información sobre las actividades que integran esta decimocuarta edición y las formas de participar en ellas.


