El árbol de los higos

Movimiento que habla

Por Michelle Correa  / @michelle.correaa (IG)

El árbol de los higos de Sylvia Plath explica una duda que ha estado rondando en mi cabeza, quizá como parte de la crisis de los 20: dejar para siempre la adolescencia y transitar hacia una vida mucho más adulta. Las dudas existenciales y el constante dilema de no tenerlo todo resuelto hacen que la metáfora de los higos siga resonando años después de que se escribiera La campana de cristal.

Crecer se ha convertido en una experiencia de supervivencia sumamente difícil, donde resolver una duda genera dos más, que se van amontonando sin rumbo en la cabeza. ¿Cambiarme de trabajo? ¿Casarme? ¿Tener hijos? ¿Qué traumas tengo? ¿Se heredan? ¿Ya debería poder comprar un coche? ¿A qué edad debo comprar una casa? ¿A qué me quiero dedicar el resto de mi vida? ¿Me gusta lo que hago?

Son preguntas que me hago muy seguido, que incluso me quitan el sueño. Mucho tiene que ver con que soy una persona ansiosa y todo lo que pienso permanece mucho tiempo rondando en mi cabeza. La realidad es que las redes sociales también nos hacen daño: constantemente nos comparamos con el de al lado, que ya viajó, se casó, tuvo hijos, abrió un negocio o lo ascendieron de puesto.

Me pregunto seguido a qué se dedica la gente de mi edad que cada seis meses se va de viaje a destinos como Europa, Japón, Nueva York o Tailandia. ¿Qué es eso que ellos hacen? ¿Cómo generaron el dinero y la capacidad para no solo costear esos viajes, sino además tener los periodos vacacionales para disfrutarlos, si la mayoría de la clase trabajadora en México —a la que pertenezco— obtiene únicamente 12 días de vacaciones al año, con un aumento de apenas 2 días por año, según la Ley Federal del Trabajo?

La realidad a la que muchas personas de mi edad nos enfrentamos es que hoy hay demasiados higos de los cuales elegir y eso nos genera ansiedad de no elegir el correcto. Las mentes ansiosas crean —esto lo digo sin ningún sustento científico— alrededor de 80 posibilidades, por lo que es altamente probable que ninguna opción termine por satisfacernos del todo.

Así que, si tú también estás pasando por esto, me encantaría decirte que no tengo la solución perfecta. Pero más allá de eso, quiero compartirte algunos pensamientos que espero te ayuden a reflexionar y a tranquilizar un poco la mente.

Algo que sigo descubriendo y que me ha enseñado mi pareja, es que la vida está para intentarlo todo. Hace poco escuchaba la frase “mejor hecho que perfecto”. Nunca vas a estar listo para hacer algo nuevo y probablemente nunca te sientas lo suficientemente bueno para realizar tus sueños, pero lo tienes que intentar.

Inténtalo todo y ve comiéndote esos higos poco a poco antes de que se echen a perder. Sé que decir “inténtalo” es hablar desde una posición privilegiada: no es fácil renunciar a un ingreso mensual fijo, hay gente que depende de ti, o quizá no tienes el dinero suficiente para empezar tus proyectos, y la solución para ti no sea dejarlo todo de un día para otro. Pero no te desprendas de ese sueño ni de eso que quieres lograr.

Y si tienes el privilegio de poder intentar las cosas, utilízalo. A muchas personas les gustaría perseguir sus sueños de un día para otro. Prueba hasta encontrar eso que te gusta, eso que quieres y eso para lo que eres bueno.

Yo todavía no tengo todas las respuestas, pero sí te puedo decir esto: si una idea llega a tu cabeza una y otra vez, ejecútala en cuanto te sea humanamente posible. Está ahí por una razón, y eso no siempre significa el éxito asegurado, pero sí puede calmar un poco el miedo a no elegir el camino correcto si te atreves a intentarlo.

Sé que da miedo, pero el miedo no puede paralizarte. Siempre hay cosas muy chidas del otro lado del miedo, y si todavía no te convence, recuerda que nada es tan realmente importante. Qué privilegio es no tener que vivir en modo supervivencia y poder experimentar las cosas desde un lugar de curiosidad. No todas las personas tienen el tiempo de cuestionarse estos temas, y el hecho de que te cueste decidir qué quieres hacer te diferencia de cientos de mexicanos que comparten el mismo país que tú.

Nunca sabrás cuál es la elección correcta a menos que la intentes, y si fallas, la vida te da un regalo excepcional: la oportunidad de seguir intentando otra cosa hasta que lo logres. Las respuestas casi nunca llegan acostado en tu cama, a veces hay que salir a buscarlas.

A Esther Greenwood, la protagonista de Plath, la paralización terminó costándole todos los higos: se quedó viéndolos pudrirse sin decidirse por ninguno. Esa es, al final, la advertencia detrás de la metáfora y quizá la razón por la que sigue doliendo tanto, casi setenta años después.

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Es una columna escrita por Michelle Correa, abogada de profesión y periodista en formación, quien escribe para cuestionar y conversar.

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