Red de Masculinidades Críticas
Por Ulises García Figueroa / @NuevasMasculinidadesMX
La machósfera es el ecosistema de comunidades digitales y fuera de línea que difunden desinformación y discursos de odio en un esfuerzo amplio antifeminista. Dicho conjunto de comunidades está mayoritariamente conformado por hombres, se presenta cada vez más abiertamente como pro-patriarcado y también es adherente a otros sistemas de opresión como el racismo o la homofobia. La visión del mundo que promueve este ecosistema de machismo y misoginia en español se construye y mantiene diariamente a través de la repetición de discursos específicos. A pesar de que se utilizan narrativas variadas, la mayor parte converge en relatos concretos que tratan de darle sentido al mundo a través de ojos antifeministas. Estos dichos recurrentes no son simples muestras de discursos de odio, sino que provienen de un trasfondo más elaborado y dañino en el desarrollo de las personas: son mitos.
En su uso cotidiano, los mitos se entienden como historias o informaciones que son falsas o que parten de la fantasía. En este caso, cuando hablamos de mitos y mitología, no partimos de ese uso sino del entendimiento de los relatos que le dan sentido al mundo independientemente de la información verídica o no que contengan dichas narrativas. Una mitología no es simplemente una colección de historias o datos falsos, sino toda una guía para comprender la realidad a través de relatos fundamentales que la explican. De esa manera cuando en el Anáhuac se veía la superficie de la luna en tiempos prehispánicos, se podía explicar su peculiar imagen a través del relato de Quetzalcóatl y el conejo que se ofreció de sacrificio como alimento para esa deidad: la historia le daba sentido a lo que se veía en el cielo y a partir de ello la realidad tenía una explicación independientemente de si era fidedigna o no. Los mitos no necesitan ser verdaderos o respaldados por evidencia científica para cumplir su función, mientras ofrezcan una explicación que le dé estructura a la realidad, pueden adoptarse como guía para experimentar el mundo.
Los mitos en la machósfera constituyen pilares fundamentales para justificar discursos de odio, violencia, prejuicios y desinformación porque las explicaciones primigenias que ofrecen impactan severamente en el sistema de creencias de los hombres misóginos y machistas. La mitología de la machósfera se compone de variados relatos con objetivos más o menos comunes y a veces hasta contradictorios: describir a las mujeres como las privilegiadas en el mundo al mismo tiempo que ser entendidas como seres inferiores, promover a las mujeres como las responsables de los males y sufrimiento que experimentan los hombres en su vida diaria y al mismo tiempo declarar la necesidad de verlas como seres que naturalmente deben seguir subordinadas a los hombres o hasta retratar a las mujeres como seres naturalmente malignos o naturalmente bondadosos e incapaces de la violencia. Esta mitología siempre excluye al patriarcado y otros sistemas de opresión como el capitalismo al momento de explicar problemáticas macrosociales a pesar de la evidencia disponible y también por ello esa mitología supone un peligro grande: no necesita ser respaldada por evidencia, simplemente debe “tener sentido” en los ojos de hombres que ya ejercen la misoginia y machismo.
La mitología de la machósfera crea escenarios ficticios o dinámicas sociales imaginarias que no corresponden con la realidad pero que funcionan muy bien dentro de la construcción de las narrativas antifeministas y normalizadoras de la violencia de género. A continuación algunos de los mitos más extendidos y su nula correspondencia con la realidad según la evidencia disponible.
Ginocentrismo: mito que explica que la vida gira en torno a las mujeres como protagonistas y que todo el mundo social funciona alrededor del privilegio de ellas. En la realidad, la vida propia de las mujeres es discutida legislativamente para negarles el acceso a salud sexual y reproductiva o hasta hay propuestas de quitarles el derecho al voto, se les acusa del declive en la tasa de natalidad como si el problema fueran ellas y se las presiona para tener más hijos, los espacios públicos siguen estando diseñados mayoritariamente para los hombres con la mayoría de cambiadores de bebés en baños de mujeres y hasta ahora la calvicie masculina recibe más fondos de investigación y desarrollo que la endometriosis.
Hipergamia: mito que explica que la naturaleza de las mujeres es emparejarse y casarse con hombres con mejor estatus socioeconómico y educativo que ellas, descartando a la mayoría de los hombres que están en condiciones similares a ellas. En la realidad, la homogamia o emparejamiento entre personas con estatus similar es la norma en la mayoría de las sociedades, incluso en aquellas con mayores disparidades como las latinoamericanas, presentando diferencias notables únicamente en la cuestión de edad, situación ligada a prácticas patriarcales también. Esto, aunado a la creciente presencia de mujeres en espacios de educación superior y la cada vez más nula movilidad social hace que la propuesta de la hipergamia sea insostenible en los números como ya se ha demostrado en disciplinas como la sociología y que incluso la homogamia descienda ante el aumento de la hipogamia en algunas latitudes, donde las mujeres tienen mayores estudios que sus parejas hombres.
El muro: mito que explica que las mujeres tienen una fecha de caducidad en cuestión de fertilidad o atractivo y que a partir de cierta edad “pierden valor” de manera consistente, señalando generalmente los 30 años como esa fecha límite. En la realidad, ese relato sirve como una narrativa de presión hacia las mujeres para que elijan pronto a hombres de su entorno a pesar de lo incompatibles, misóginos o incluso violentos que sean. Ninguna persona de “devalúa” con el paso de los años y al sostener esos dichos excluyen a los hombres bajo esa misma óptica a pesar de que la calidad de esperma sí declina con el pasar de los años y los hombres son quienes menos autocuidado tienen sobre su salud en general e higiene.
Hibristofilia: mito que explica que las mujeres naturalmente se ven atraídas por los hombres peligrosos o fuera de las normas sociales de convivencia, haciendo que los “hombres buenos” no sean valorados porque las mujeres prefieren a los hombres malos. En la realidad, este discurso se opone directamente al de la hipergamia que también circula en la machósfera. Por otro lado, en la distinción de “hombres buenos” y hombres malos, de fondo está la cuestión del sexismo benevolente de los “buenos” y el sexismo hostil de los malos, ofreciendo dos opciones dentro de la misma condición de misoginia y machismo. Según el índice de normas sociales de género de la ONU, en el caso de México 9 de cada 10 hombres tienen por lo menos un prejuicio fundamental en contra de las mujeres, lo que haría que esos supuestos abundantes hombres “buenos” fueran, en el mejor de los escenarios, 1 de cada 10.
Microquimerismo: mito que explica que las mujeres “almacenan” el ADN, o incluso esperma, de exparejas en su cuerpo y que eso influye en futuras gestaciones que pudiera tener con una nueva pareja. En la realidad, el microquimerismo es un fenómeno materno-fetal donde células pasan de un cuerpo al otro durante la gestación, es decir, no tiene nada que ver con exparejas o pareja del momento, sino con la gestación y el desarrollo del feto a través del cuerpo de la madre. La versión de la machósfera carece de cualquier evidencia científica y constituye uno de los esfuerzos más grandes de desinformación en torno a un fenómeno que sí es estudiado por el campo de las ciencias de la salud.
Denuncias falsas por violencia de género: mito que advierte a los hombres sobre el “peligro inminente” de las supuestas denuncias falsas de violencia de género que hacen las mujeres en contra de hombres y que les destruyen a ellos sus vidas y carreras profesionales en un sistema de justicia que favorece por completo a las mujeres. En la realidad, en la mayor parte de los delitos de toda naturaleza ni siquiera se presenta una denuncia y así es que hay agresores comprobados son incluso presidentes o deportistas con acusaciones graves mantienen sus carreras activas. En el caso de México, el INEGI reporta que más del 90% de los actos delictivos no se denuncian y sólo el 6.8% tiene una carpeta de investigación. En Latinoamérica, las cifras de denuncias falsas que terminan en una sentencia es menor al 1% y en el caso mexicano, la privación de la libertad es un tema de discusión que realmente está en el terreno de la prisión preventiva oficiosa y los sistemas ineficientes de justicia más que de la narrativa de las supuestas denuncias falsas por violencia de género. Este mito es particularmente peligroso porque en realidad funciona como un esfuerzo legislativo antifeminista que además de desincentivar la cultura de la denuncia termina cobijando a los agresores.
Este es un vistazo rápido a parte de la mitología que circula en la machósfera y que le da sentido al mundo a través de la mirada misógina y machista de millones de hombres dentro y fuera de internet. Los esfuerzos para desmantelar la machósfera son urgentes y para ello instituciones, gobiernos y plataformas deben actuar decididamente, pues este ecosistema digital y fuera de línea supone un peligro social enorme y un entorno propicio para la promoción y el ejercicio de la violencia de género.


