Secreto a voces
Por Rafael Alfaro Izarraraz
La familia de , tecladista de la banda Camilo Séptimo, vivió una experiencia que ha sacudido al país. No es el primer suceso y tal vez no será (todos quisiéramos que sí) el último de características tan dolorosas y dramáticas para una familia como el asesinato de Jonathan, su esposa (embarazada), hija (de tres años), la mascota, además de una empleada de la familia. En apariencia, una de las causas del suceso fue la existencia de 30 millones de pesos en bitcoins en torno a cuya cifra algo tenía que ver la visita nocturna, lamentable, de Diego Sebastián. Jonathan Meléndez y Diego Sebastián (que participó en la consumación del delito) mantenían una disputa en torno a un USB que guardaba la clave del manejo de las criptomonedas. Un hijo de Meléndez pudo esconderse y sobrevivir. Lo anterior se deriva de la acción de las autoridades tras la detención de dos implicados en el hecho: Diego Sebastián (socio del músico ultimado) y Gerardo N. La víctima, había avisado un conocido que tendría la visita de Diego y sabía de la importancia de esa cita y de las implicaciones que tendría. Si no contestaba el teléfono, dijo, que se diera aviso a la policía.
La pregunta es ¿por qué? ocurren estos hechos tan lamentables e increíblemente salvajes propios de una cultura o contracultura para ser más precisos. En qué parte del pensamiento nace la idea de cometer tremenda atrocidad y cuál es el trasfondo social profundo, más allá de una disputa que en nuestros tiempos no es menor desde el punto de vista económico. Dice Mumford (El mito de la máquina. Técnica y evolución humana) que nuestro cerebro es tan potente que posee una dinámica interna que irradia al organismo de tal manera que siempre está por encima de las condiciones del entorno. Esa cualidad no siempre es manejable por las y los humanos. O sea, la sociedad puede ser víctima del manejo del pensamiento. Cuando esa capacidad no se maneja bien pueden ocurrir males o conductas que se salen del molde creado por el pensamiento civilizatorio. En el caso que nos ocupa, el pensamiento que es una función del cerebro donde se lleva a cabo una síntesis de lo que recibe, y especula con respuestas, se salió de control. Es explicación no justificación, como veremos. Lo anterior, con la información que se ha difundido en los medios de comunicación, cuya fuente son las autoridades del gobierno federal como del Estado de México, Atizapán, donde ocurrió el suceso.
Lo anterior tiene sus límites como explicación si no lo contextualizamos. De seguro en la biografía personal de cada uno de ellos, tanto el socio del artista como el otro sujeto que participó en el asesinato, tienen su propia biografía personal a la que un poco más adelante se tendrá acceso y de la que podría incrementar la información y tener una mayor certeza de lo ocurrido. Lo que tenemos de contexto es lo siguiente. La manera en que se ejecutó infelizmente a la familia tiene un fondo que, sin justificación alguna por supuesto, tiene una causa que es el conflicto por dinero (todavía es una hipótesis desde el punto de vista de la investigación que no ha emitido un dictamen, es muy pronto) cuya cifra asciende a 30 millones de pesos. La manera en que fueron ejecutados los dos adultos (de acuerdo a la información) con un disparo directo a la cabeza mientras permanecían atados cabe en el manual como parte de un acto de cualquier grupo criminal, con sus matices. Ha existido y persiste una cultura del delito a pesar de los avances. A dónde queremos llegar. Pues al hecho de que existe una cultura del delito heredada de la época en que gobernaba el PRIAN en asociación con las políticas antidrogas de EU que son un aliciente y ejemplo para replicar conductas delictivas. Esta fue la secuencia de un hecho que subyace en las historias de carteles e impunidad asociado a intereses y la cultura de la violencia estadounidense.
Pero todavía la sociedad respira un aliento de impunidad y de permisividad con respecto de ciertas conductas que no deberían de tolerarse o que se les otorga demasiada laxitud en el trato. Por un lado, tenemos a un personaje como Alejandro Moreno que posee una riqueza cuyo origen las autoridades de Tabasco han vinculado al hecho de que ocupó un puesto como Gobernador de la entidad y abusó de su cargo. Más tarde como líder del PRI y con la representación popular de los plurinominales, no solo ha tenido acceso a dinero sino también a la existencia de un dispositivo de seguridad que es el “fuero” creado en la época del partido único con el fin de proteger políticas y comportamientos delictivos. Está claro. La sociedad observa esta especie de espectáculo de los políticos mexicanos que a pesar del cambio permanecen en la impunidad. La sociedad pantallizada observa la presencia de un modelo que no acaba por irse y que sigue siendo ejemplo. Los políticos de la 4t pues deben tener en mente que son objeto de la mirada de la sociedad y que su mente también es modelada con el tiempo. Todavía un segmento de la sociedad cree que existen resquicios mediante los cuales se puede eludir la justicia.
Vamos a otro escenario. El del dinero no en cuanto a su origen sino en torno a su valoración social. En el mundo occidental como lo mencionaba insistentemente López Obrador el dinero (el becerro de “oro”) se convirtió en el “Dios” más importante de la sociedad no solo de México sino de la cultura occidental. No conocemos los trasfondos de los 30 millones de pesos, pero haciendo abstracción de ello por un momento debido a que no se conoce la información todavía, surge la pregunta de ¿qué tanto pudo haber pesado en la mente de los asesinos la disputa del dinero a tal grado que esa idea lo o los llevó a ultimar a una familia de manera tan salvaje como se hizo? La respuesta es que para quienes o quien cometió el delito el dinero es su “Dios”. Y en dónde apareció por primera ocasión ese desbordado interés por el dinero a tal grado de convertirlo en una figura inmaterial pero que se materializa en actos horrendos. La historia está llena de ejemplo, pero para efectos de la sociedad occidental, surgió en la Europa que salía del medioevo y que creó el pensamiento de la gran máquina que fue el capitalismo. Para sus inspiradores tempranos, existía algo que no estaba a discusión más allá del prestigio: la obtención de ganancias luego de la inversión. Y en el delito que se relata está presente el dios del dinero y la ganancia.
Dos planos y su relación con la cultura y la civilización. Uno, cuál es la diferencia entre Cristóbal Colón cuando llegó a la isla de San Salvador y luego de observar las evidencias de la existencia de oro y de darle vuelo a la creencia de que había encontrado el metal precioso en la superficie de la tierra, luego de la resistencia de los americanos originales, decidió cortarles los brazos, asesinarlos, entre otras medidas criminales que tomó en aquel momento. O bien, la invasión de Venezuela por parte del gobierno de Donald Trump y apoderarse del “oro negro”, el petróleo y de las minas de oro que poseen los venezolanos y que son de las más ricas del mundo. Para ello, secuestró a un presidente, asesinaron a 30 guardias de origen cubano que protegían a Maduro y se lo llevaron (a Maduro) a una prisión de Nueva York. Cualquiera me puede replicar en términos de qué tiene que ver Colón con lo ocurrido en Atizapán de Zaragoza. Pues el punto es que la cultura es (más allá del lenguaje, el territorio, la historia común), entre otras definiciones, comportamientos y conductas de una población que se rigen por creaciones culturales inmateriales en su concepción pero que se materializan en delitos. Eso es parte, la más importante, de la cultura occidental.
La población que vive en una cultura dominante y hegemónica toma la información y la incrusta en su estructura cultural y mental que recibió desde su infancia en la escuela, la familia, el trabajo y así sucesivamente, que son espacio de protección. En ese contexto socio cultural prevalecen los resabios de culturas antiguas, lo que es rescatable por la sociedad que no es un ente pasivo sino activo debido a que posee una capacidad de su cerebro que lleva a cabo operaciones más complejas de lo que uno se imagina y, asimismo, existen fuerzas sociales que están en constante actividad demoliendo lo que no es útil para pervivencia humana, el individuo, su familia y su entorno social. Si los ciudadanos no tienen protección contra la cultura del delito y del becerro de oro, caen en la parte débil del poderoso pensar del cerebro.
Estamos ante una nueva era. Será dramática como se puede apreciar en el escenario mundial. La caída de EU parece que tiene en su presidente al principal promotor y no existe fuerza capaz de detenerlo, de momento. Las mentiras en torno la existencia de un supuesto control de la guerra petrolera contra China estacionada en la que lleva a cabo contra Irán lo está llevando en la quiebra y caída brutal de la economía estadounidense. El otro estrecho, el de Bab el mandeb, ha sido tomado por Ansarala (los hutíes) y que ahora (junto con Irán) en el 35 por ciento del comercio de crudo en el mundo. El precio del barril por dólar está por encima de los cien dólares. Las reservas de EU de petróleo que ayudaban a mantener los precios controlados se ha agotado. Rusia, a la que ha acudido Trump para invadir el mercado con petróleo ha sido objeto, su industria petrolera, y parcialmente afectada por Ucrania. Aunque mantiene en general las operaciones petroleras, dice Putin: ellos lo pidieron y ahora se lo ganaron. China y Rusia, pero sobre todo Irán y ahora los de Ansarala tendrán millonarios ingresos debido al control de un estrecho más todavía más importante que el de Ormuz.
En Atizapán hemos vivido algunas de las secuelas de aquello que va en picada y que demanda una nueva salida civilizatoria.


