Máximo Jaramillo ha dedicado años a investigar y explicar la desigualdad. Desde las experiencias que marcaron su infancia en el oriente de Guadalajara hasta la creación de Gatitos contra la Desigualdad, ha buscado acercar la evidencia a públicos más amplios mediante memes, datos y libros.
Por: Farah Medina /@_dtfarahm_
“Soy, sobre todo, diría curioso e interesado por temas de justicia social y desigualdad”, así se describe Máximo Jaramillo Molina, profesor de tiempo completo en la Universidad de Guadalajara, investigador y activista, quién cuando intenta explicar quién es más allá de su trabajo aparecen dos palabras que aacompañan gran parte de su historia: curiosidad y empatía.
“Soy una persona con mucha curiosidad, sobre todo tanto por entender cosas como por aprender cosas, y también con mucha empatía a distintas problemáticas sociales o cosas personales, lo que sea”. Máximo es, además, el creador de Gatitos contra la Desigualdad, una cuenta que a través de imágenes de sus propios gatos y memes ha llevado conceptos complejos relacionados con la desigualdad a un formato más sencillo y digerible.
Pero, el interés de él por explicar la desigualdad y otros tantos temas que, con el tiempo, se fueron mezcladando con ella, viene desde mucho antes de pudiera ponerle nombre a lo que veía. Antes de llegar a la academia estuvo presente en las calles del oriente de Guadalajara, donde creció;
“Siempre en las semblanzas pongo, por ejemplo, que soy tapatío, pero (…) soy tapatío del oriente de Guadalajara”.Crecer ahí, dice, fue importante para entender cómo comenzó a mirar el mundo.
“Para entender esa formación importa mucho el justo el lugar o el punto de la ciudad que me tocó conocer desde desde pequeño y habitar y es que al final cual son diferentes ciudades” explica, “Entonces, aunque nominalmente sea la misma ciudad son diferentes ciudades”.
Esa diferencia no estaba solamente en el territorio, durante su infancia, Máximo comenzó a reconocerla en su propio entorno, en sus compañeros de primaria y secundaria, en las dificultades que enfrentaban algunas familias y en las distintas posibilidades que tenía cada quien.
Todavía no lo nombraba como desigualdad, solo era una parte de lo que veía,“Lo que había por acá más bien era que seguramente también eso de alguna manera es desigualdad, pero como carencias con algunos estudiantes, compañeritos, en la primaria, en la secundaria”.
Aquellas diferencias fueron parte de las primeras preguntas que, con el tiempo, lo llevarían a querer entender el por qué. La curiosidad y la empatía fueron construyendo una mirada que, años después, terminaría convirtiéndose en investigación, activismo y también Gatitos contra la desigualdad.
A esa experiencia, se le sumó la familiar. Durante los años noventa, algunos integrantes de su familia participaron en manifestaciones, haciendo activismo. Él era todavía un niño. “Yo vengo de una familia que en cierto momento (…) se metieron a ciertos activismos en los 90s”.
Hasta cierto punto, esto, también , reconoce formó parte de la forma en que comenzó a mirar el mundo. En la preparatoria, Máximo comenzó a interesarse por temas relacionados con la pobreza y las problemáticas sociales.
Esto, cuando un profesor de historia comenzó a explicar el mundo desde los modos de producción de Marx. Estás clases terminaron influyendo en una decisión que vendría después: estudiar Economía.
Con el paso del tiempo, “el otro lado de la ciudad” como él le dice llegó, ya que comenzó a conocer otras zonas, otras condiciones de vida y otras formas de experimentar la ciudad de Guadalajara. “Hasta la universidad ya me tocó ver como que todo es más grande y había otras cosas del otro lado y otras zonas de la ciudad con otras condiciones”.
Pero aún, Máximo no hablaba de desigualdad. La pobreza, era su interés y la definición que encontraba para su visión. Durante la licenciatura llegó a realizar un análisis sobre cómo la concentración de las grandes empresas generaba más pobreza.
Admite que esta investigación no llegó a su fin, sin embargo, al ingresar a la Maestría en Ciencias Sociales, sus profesores realizar la observación que cambiaría la forma de nombrar lo que llevaba tiempo intentando entender, “cuando entré a la a la maestría también tratando de de hacer ese proyecto de investigación, pues lo primero que me dijeron los profesores en la maestría es: ‘pues eso es desigualdad’”.
Ahora lo que había despertado su curiosidad años atrás se convirtió en un campo de investigación.

Gatitos contra la desigualdad
En octubre de 2018, Máximo inició Gatitos contra la Desigualdad. La necesidad de explicar temas complejos en redes sociales, sin embargo, inició antes, explica que antes lo de los “gatitos” existieron iniciativas propias que a través de memes intentaba explicar problemáticas sociales,“no tenían como algo en especial, eran páginas de memes… no tenía como una temática visual específica”.
Esta experiencia ayudó a formar el concepto que tiempo después se popularizaría, pero atribuye a esta dispersión en temática que realmente no tuvieran un mayor alcance, en aquel momento acababa de adoptar a sus dos primeros gatitos,
“En ese momento justo en octubre de 2018 adopté a mis dos primeros gatitos (…) Tenían 6 semanas de edad, eran hermanos, entonces estaban muy pegaditos y eran sumamente fotografiables”, dice riendo.
Desde este momento comenzó a compartir algunas fotografías en Instagram. Después pensó en abrir una página especificamente para compartir dichas fortografías. Luego de conversaciones con algunos colegas, su experiencia previa y en otros trabajos, apareció la posibilidad de usar aquellas fotografías para acompañar un proyecto que llevaba tiempo intentando construir.
Ya había visto otras páginas que utilizaban personajes o imágenes reconocibles para compartir discursos y contenidos críticos, pensó que la temáticas relacionada a los gatos era la oportunidad, sumado a esto, la experiencia de haber trabajado dentro del área de investigación había aprendido la importancia de convertir información compleja en mensajes más digeribles:
“Desde el área de comunicación siempre nos recalcaban mucho que teníamos que hacer cosas para compartir, pues mucho más digeribles (…) le llamaban como ‘Killer Facts, esa frase que resumiera muy bien el dato que tú querías compartir”.
Así, tomaron forma los primeros contenidos de Gatitos contra la Desigualdad, “Creo que el segundo, tercer meme que compartimos, era este de (…) las cuatro personas más ricas del país tienen tanta riqueza como el 50% más pobre de México”. recuerda. Con el tiempo, los contenidos comenzaron a crecer y evolucionar con los carruseles informativos, los que abordan mitos de diversos conceptos y acontecimientos y las explicaciones más extensas.“Luego eso se fue complejizando y creo que incluso cuando más despegó (…) fue cuando empecé a hacer como carruseles con más información”.
Los gatos pasaron a ser “la puerta de entrada”, para “tratar de traducir a un lenguaje muy sencillo, de repente, problemáticas que pueden ser muy complejas (…) que la información que se comparte, esté basada en evidencia empírica, en evidencia científica”.
Con el tiempo, y el avance del proyecto, el objetivo terminó siendo aún más amplio, “El fin último del proyecto era tal cual eso, tratar de divulgar la información de la desigualdad” pero durante su investigación doctoral encontró que “En gran medida justificábamos y legitimábamos en México y en general otros países la desigualdad porque muchas veces desconocíamos el grado o la amplitud de la desigualdad”.
En este sentido, las redes se volvieron la herramienta para hacerla visible, pero la herramienta también tiene sus propias reglas, límites e implicaciones para quién produce contenido e interactúa con las audiencias y la forma en que reciben la información; y es que a casi ocho años después de comenzar el proyecto, Máximo ya no mira las redes sociales de la misma manera.
Una de las dificultades que identifica es la velocidad con la que producía los contenidos y es que durante los primeros años podía responder rápidamente, “López Obrador decía algo en la mañanera a las 8 de la mañana y ya estábamos sacando un meme a las 9 o a las 11 de la mañana”. Esta rápidez también fue importante durante la pandemia, cuando el proyecto creció en algunas plataformas, pero admite que“Cada vez es más difícil mantener esa capacidad de respuesta”.
Con el crecimiento, vino también las respuestas, tanto positivas, como negativas; personas queriendo desacreditarle, y quienes cuestionan la veracidad de los datos, “Siempre va a haber alguien que llegue con toda la legitimidad del mundo a decir que eso es erróneo y que tiene otros datos, pero para él, el problema no está en que las personas piensen distinto.
“No se trata de convencer a todo el mundo sino de dar la información con todas las bases que tenga y las fuentes y pues ya cada quien,al final de cuentas, decide en qué tanto quiere creer”, pero muchos de los comentarios con los que no coincide pueden convertirse en material para su trabajo, las personas se han convertido en una fuente de aprendizaje para encontrar nuevos temas a explicar y ampliar su visión.
Por otro lado, la página también genera reacciones positivas que Máximo destaca:
“ se ha aprendido mucho respecto al comportamiento de las audiencias, y es hay mucha gente que de verdad confía en el proyecto y a veces se escribe como, ‘Ay, estaba esperando justo que saliera la publicación de gatitos contra desigualdad para ver como qué approach tomar sobre esta polémica o sobre este tema.’ Y ese tipo de confianza o voto de confianza que dan creo que es parte de lo más grato que que se encuentra a lo largo de los años”.
Estos mismo años y las repercusiones del proyecto hicieron que Gatitos contra la Desigualdad tuviera la oportunidad de transformarse en un libro, luego de años de trabajo, Pobres porque quieren fue publicado, el libro que buscaba desmontar siete mitos sobre la desigualdad mediante datos, causas y posibles formas de transformar esas realidades.
El contenido partió de investigaciones previas de Máximo, “en realidad fue un libro que sobre todo tomaba mucho de lo que ya había investigado durante el resto de mi carrera académica. Sí tuvo datos nuevos, digamos, pero sobre todo era información que ya había trabajado y pues más bien era tema de ordenarlo, sistematizarlo y demás”.
Ahora que terminó un segundo libro dice que “ hay un montón de más cosas que analizar”. Entre ellas hay una que permanece desde hace años, las personas en situación de calle. Le interesa precisamente porque reúne varias de las dimensiones que ha estudiado.
“Es una intersección muy clara entre todos los análisis de vivienda que hacemos”, explica. Pero también están la política social, las percepciones sobre la pobreza y las ideas sobre quién merece determinados apoyos. “Todo el tema de política social o de percepciones de pobreza, de merecimiento, de discurso sobre las razones de la pobreza y demás”.
Sumado a esto están las problemáticas locales. Desde que regresó a Guadalajara, dice, comenzó a interesarse más por lo que ocurre en la ciudad, aunque también hay otras problemáticas locales que siguen pendientes.
Después de casi ocho años de Gatitos contra la Desigualdad, Máximo dice haber aprendido algo que acompaña también la manera en que se relaciona con otras personas y proyectos:
“no es necesario coincidir en todo para colaborar”, “Podemos ser aliados en muchas batallas, pero también ver de distinta forma algún punto en particular, alguna arista de la desigualdad en particular y eso no necesariamente está mal”.
Durante estos años, dice, su perspectiva sobre la desigualdad se ha ampliado. También su idea de qué fuentes pueden ayudar a entenderla. “Lo que ha aprendido es una mayor apertura a la diversidad de fuentes y de experiencias que pueden ser parte de lo que puede estar en Gatitos contra la Desigualdad”.
Los gatos fueron una forma de comenzar a hablar de desigualdad. Ocho años después, la curiosidad y la necesidad de respuestas siguen siendo una de las partes que es lo que mantiene vivo el proyecto y la forma de poder contarlo.
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Sigue aquí el proyecto de Max: Gatitos contra la desigualdad
https://www.instagram.com/gatitoscontraladesigualdad/?hl=es


