#ZonaDeOpinión
Por Elva Araceli Fabián G.
Hace poco nos tomó por sorpresa la inesperada partida de nuestra querida y admirada Sara Mendiola, defensora incansable del ejercicio periodístico, el acceso a la información y la libertad de expresión en México. Nos dejó muy pronto; no obstante, en su corta vida sembró cariño, ejemplo y esperanza en quienes tuvimos la fortuna de conocerla. Su generosidad, empatía y profundo compromiso con la defensa de los derechos humanos son un legado sin precedentes para los profesionales comprometidos con una causa que la sociedad suele olvidar: la lucha por la justicia para las y los periodistas perseguidos, amenazados y asesinados en un contexto de impunidad institucional y estructural generalizado.
Su liderazgo en la asociación civil Propuesta Cívica representó, sin lugar a dudas, un antes y un después en la forma en la que concebimos el acompañamiento hacia las víctimas y sus familiares, por parte de este tipo de organizaciones. Su habilidad para estrechar lazos con otras instancias nacionales e internacionales en la materia y trabajar de manera colaborativa con Artículo 19, Reporteros Sin Fronteras y Amnistía Internacional, entre otros; fue clave para exigir avances a las autoridades en las carpetas de investigación, gestionar recursos para proyectos de visibilización y memoria, así como consolidar proyectos integrales; entre ellos, el apoyo no solo legal, sino psicoemocional a las familias de las víctimas, eje central de prácticamente todas las acciones de la Asociación.
Sara, luchó incansablemente contra dos monstruos que todo lo devoran en este México nuestro de cada día: la impunidad y el olvido. Lo hizo desde su trinchera, el activismo, con su talento en la abogacía, sus convicciones firmes y bajo las reglas de un juego tramposo al que, de forma estratégica, logró ganar varias batallas; pero como ella decía la justicia a medias es impunidad completa.
A los periodistas, al sistema judicial y a los estudiosos de este tema nos hará mucha falta escucharla en espacios de análisis y balance sobre las condiciones en las que se ejerce la profesión en el país, uno de los más peligrosos para este oficio. Ella se entregó totalmente a esta causa en tiempo, cuerpo, alma y corazón; por ello, le agradecemos y recordaremos siempre todo lo que hizo y todo lo que nos dejó. Lo mejor que podemos hacer para honrar su memoria es continuar su lucha y seguir su ejemplo desde los espacios en los que nos encontremos; alzar la voz ante las injusticias y exigir rendición de cuentas a las autoridades.


