Promesas en rojo: lo que quedó del tianguis del Parque Revolución después del Mundial

La mañana del 24 de abril de 2025, personas vendedoras, emprendedoras y comerciantes llegaron al Parque Rojo como cada sábado para montar sus puestos. Habían comprado mercancía, preparado alimentos y organizado sus productos para una jornada de ventas. Sin embargo, lo que encontraron fue el parque rodeado de mallas y una negativa del Ayuntamiento de Guadalajara para regresar.

Esta es la historia de quienes tuvieron que reconstruir sus negocios después de perder el espacio donde, durante años, se habían ganado la vida.

Texto por Danna Peniche / @dannafer05, Jesús Coronado / @coronado3338 y Karen Meneses / @menezzzezzz

Edición de video por Karen Meneses / @menezzzezzz

El cierre del Parque Rojo en abril de 2025, no sólo significó para las personas comerciantes, vendedoras y emprendedoras perder una mesa, un carrito o algunos metros de espacio público. Implicó quedarse de un día para otro, sin el lugar donde habían construido clientela, rutinas, ingresos y, en algunos casos, proyectos personales y familiares de sostenimiento de la vida.

Después de protestas, reclamos y mesas de diálogo con el Ayuntamiento de Guadalajara, cientos de comerciantes fueron trasladados a distintos puntos de venta y mercados. Algunas llegaron al Tianguis Cultural frente al Parque Agua Azul; otras fueron enviadas a espacios como Mezquitán, Parque Verde, Parque El Refugio y otros puntos de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Más de un año después, el resultado no es uniforme. Hay quienes perdieron clientes y redujeron sus ventas. Hay quienes dejaron de vender. Hay quienes consiguieron mantener parte de su clientela y adaptarse a una nueva dinámica. Y también hay quienes encontraron en la crisis una oportunidad para hacer crecer su negocio.

Mientras tanto, el Parque Rojo fue remodelado y volvió a abrir sus puertas en marzo de 2026. El espacio físico regresó. El tianguis de los sábados, no.

Tras las remodelaciones, la infraestructura del parque ya no privilegia los espacios para que las personas puedan permitirse convivir libremente. Se retiraron mesas y bancas de cemento que antes existían.

El inicio del fin

Yuki, comerciante reubicada al Tianguis Cultural, recuerda que comenzó a vender antes de que el Parque Rojo se convirtiera en el tianguis que cada sábado recibía a cientos de personas. Entre maquillaje, accesorios y aretes, logró construir un negocio que, al día de hoy, sigue representando su principal fuente de ingresos. 

Ella tiene el apoyo de su esposo para manejarlo. Ambos requieren de las ventas para cubrir sus necesidades y gastos, entre los que se encuentran los gastos de la universidad de Yuki. Por eso, cuando el parque fue cerrado sin aviso previo, sin tomarles en cuenta, para comenzar su remodelación, lo que desapareció para ella y cientos de comerciantes, fue un espacio que durante años les había permitido trabajar y donde habían construido una comunidad, rutinas y sus fuentes de ingreso. 

Ahora sólo mantienen sus puertas abiertas los negocios que ya existían en torno al parque y el tianguis.

La manera en que las y los comerciantes se enteraron del cierre no fue la misma para todos. Hay quienes recuerdan haber recibido la noticia mediante compañeros o coordinadores; otras aseguran que “ciertas personas conocían la decisión antes que el resto”. Algunas y algunos llegaron al parque cuando ya estaba cercado. 

Tony, propietario de Hamburguesas Gogo, recuerda especialmente el momento porque había preparado su mercancía para el sábado. Había comprado carne, mandado hacer pan y adquirido insumos suficientes para preparar entre 250 y 300 hamburguesas para ese día. El cierre llegó antes de que pudiera venderlas.

“Ahora, ¿pues qué hago?”, recuerda haberse preguntado. Como para otras y otros emprendedores, el Parque Rojo era su único punto de venta. Hay quienes no acudían a bazares ni atendían otros eventos. Cada sábado sabían dónde colocarse y, sobre todo, sabían que siempre había personas que irían a buscarlos.

Este cierre rompió esa certeza.

Estación de MiBici, un servicio de transporte accesible para las personas que transitan las inmediaciones del Parque Rojo.

El anuncio ocurrió en medio de una serie de transformaciones urbanas relacionadas con la preparación de Guadalajara para ser sede del Mundial de Fútbol de 2026 y el FIFA Fan Festival. El Ayuntamiento, a cargo de Verónica Delgadillo, argumentó que el Parque Revolución sería intervenido como parte de esas obras. Pero para la comunidad de comerciantes, la pregunta inmediata era otra: ¿dónde voy a trabajar?, pues las obras comenzaron un día después del desalojo.

Así comenzaron las protestas que incluyeron actos de represión y el abuso de la fuerza policial, luego las llamadas “mesas de diálogo” con autoridades municipales. 

Para algunas y algunos comerciantes, esas reuniones representaban la posibilidad de conservar su trabajo, para otros las alternativas propuestas significaban comenzar desde cero en esta reubicación sugerida por las autoridades municipales.

En abril de 2025, la presidenta municipal de Guadalajara, Verónica Delgadillo, aseguró que el gobierno trabajaba con los comerciantes para ofrecer alternativas que les permitieran continuar trabajando. “Queremos que todas las personas que quieren ganarse la vida de manera digna tengan el apoyo por parte del gobierno”, declaró en ese momento. También afirmó que se habían instalado mesas de trabajo en las que participaban distintas áreas del Ayuntamiento.

El discurso oficial hablaba de alternativas. Para las y los vendedores, sin embargo, aceptar una alternativa significaba abandonar un espacio donde ya tenían una clientela. Y cambiar de ubicación no necesariamente significa trasladar un negocio. Un negocio también depende de las personas que pasan frente a él.

Vanessa, nombre modificado para resguardar su seguridad e identidad, recuerda que, tras la reubicación, hubo periodos en los que las ventas fueron “nulas, nulas, nulas, nulas”. Varias personas, asegura que terminaron retirándose. Con el tiempo las ventas comenzaron a recuperarse, pero las y los comerciantes coinciden en que el nuevo espacio todavía no reproduce el flujo que tenía el Parque Rojo.

La ubicación había sido una parte esencial del negocio que tenían en este sitio. El Parque Rojo se encuentra conectado directamente con las líneas 1 y 2 del Tren Ligero, además de rutas de transporte y el flujo constante de personas que atraviesan el centro de Guadalajara. En el Tianguis Cultural, como lo explica Yuki, no sucede lo mismo, para las personas, sus clientes, llegar hasta los puestos reubicados implica, desviarse drásticamente de su rutina para acudir específicamente hasta ellos.

Puertas de entrada y salida de la Línea 1 y 2 del Tren Ligero, ubicadas en la estación Juárez.

“Quiénes somos sin el parque rojo”

El Parque Rojo no funcionaba como un tianguis convencional. 

Tony, dueño de Hamburguesas GOGO, cuenta que en sus primeros años, no existía un sistema de espacios formalmente designados como ocurre en otros tianguis. En un inicio, algunas y algunos comerciantes marcaban desde un día antes con cinta o gis el espacio que ocuparían los sábados. Con el tiempo, aparecieron coordinadores por zonas y se establecieron ciertas reglas informales, pero la dinámica continuó siendo autogestiva y, por lo tanto, distinta a la de un tianguis municipal tradicional. 

Según lo descrito por algunas de las personas comerciantes entrevistadas, ciertos grupos llegaron a controlar el tianguis del Parque Rojo, rentando los espacios a otros comerciantes y permitiendo que un mismo negocio tuviera diez, quince o incluso veinte lugares. Había disputas por los espacios, dificultades de organización, problemas de limpieza y una estructura de comercio que no estaba completamente formalizada, explican. 

Estas situaciones, aparentemente, llamaron la atención de las autoridades, quienes desde el año 2022 propusieron “regularizar el tianguis”. En aquel momento se hablaba de más de 700 puestos y de la necesidad de establecer mesas de trabajo para determinar cuántos podían instalarse sin afectar áreas verdes, movilidad y seguridad.

El cierre de 2025, entonces, no ocurrió sobre un espacio completamente ordenado. Pero tampoco ocurrió sobre un lugar vacío. Detrás de cada puesto había actividades económicas distintas. Había personas que vendían ropa usada, maquillaje, alimentos, productos artesanales, bisutería y objetos de diseño. Había artistas, masajistas, estudiantes y personas que utilizaban el comercio como una fuente principal o complementaria de ingresos.

Usi, artista y comerciante, recuerda que en la zona donde se instalaba había personas que vendían productos creados por ellas mismas: ropa, arte, decoración y bisutería.

Para ella, el comercio cumplía una función que iba más allá de obtener dinero: “en ese momento era la fuente de mi ingreso principal”, explica. Su actividad artística depende de proyectos y llamados que no siempre son constantes. Vender en el Parque Rojo le permitía generar ingresos sin tener que abandonar completamente ese trabajo creativo ni incorporarse a un empleo con horarios fijos.

En otras palabras, el tianguis también funcionaba como una red de seguridad económica. 

Un comerciante dedicado a ofrecer masajes describe algo similar. En el Parque Rojo atendía a personas extranjeras y a gente que pasaba por la zona después del trabajo. Aunque parte de su clientela lo siguieron a la nueva ubicación, deja fuera a aquellas personas que simplemente podían encontrarse con su negocio en el camino. Esa diferencia entre “pasar frente a un negocio” y decidir viajar hasta él es un tema recurrente.

¿A cambio de qué…?

El gobierno de Guadalajara aseguró que no pretendía dejar sin alternativas a quienes dependían económicamente del tianguis. El 29 de abril de 2025, la presidenta municipal Verónica Delgadillo declaró que se darían opciones para que las y los comerciantes pudieran continuar trabajando. El secretario general del Ayuntamiento, Manuel Romo, explicó entonces que se habían convocado entre diez y doce grupos de comerciantes y que las alternativas dependerían del giro de los productos que vendían: podían incluir espacios en el Tianguis Cultural, en mercados municipales y en otros tianguis de la ciudad. 

La promesa, al menos en el discurso, era conservar la posibilidad de trabajar. Pero las condiciones para acceder a esos espacios no eran iguales para todas y todos.

Espacio en el que fueron reubicados los comerciantes del Parque Rojo al Tianguis Cultural, frente al Parque Agua Azul en Guadalajara.

En mayo de 2025, el Ayuntamiento informó que 253 comerciantes habían aceptado ser reubicados en el Tianguis Cultural y otros tianguis de Guadalajara. El gobierno atribuyó ese avance a las mesas de diálogo y señaló que las y los comerciantes debían de cumplir con los giros permitidos en los espacios disponibles.

Después del cierre, Usi observó que sus compañeras y compañeros comenzaron a dividirse en dos grupos: quienes aceptaron rápidamente las alternativas de reubicación y quienes decidieron mantenerse firmes y luchar por regresar al Parque Rojo. Entre estos últimos, cuenta, hubo decepción hacia quienes habían optado por irse.

Pero aceptar la reubicación no necesariamente significaba estar de acuerdo con las decisiones del Ayuntamiento. También podía ser una cuestión de necesidad. Con el negocio detenido y los ingresos suspendidos, quienes dependían de las ventas para sostener a sus familias necesitaban encontrar una alternativa cuanto antes. La cifra de 253, sin embargo, representaba solamente a quienes habían logrado incorporarse al esquema de reubicación. 

Desde el inicio del conflicto, las estimaciones sobre cuántas personas vendían en el Parque Rojo fueron mucho mayores. Una asociación de comerciantes hablaba de alrededor de 700 integrantes y estimaba que hasta mil 400 vendedores podían instalarse los sábados, aunque la mayoría no contaba con permisos municipales.

Explanada del Tianguis Cultural y la zona a la que fueron reubicadas las y los comerciantes del tianguis del Parque Rojo.

Entonces, ¿qué ocurrió con quienes no entraron en el esquema de reubicación? Para algunas personas comerciantes, las mesas de diálogo sí representaron una alternativa. Uno de ellos, Gabriel, quien incluso rechaza la idea de que el Ayuntamiento simplemente los haya expulsado.

“Sí nos dieron una alternativa”, reconoce. El problema, explica, era que la alternativa no funcionaba igual que el Parque Rojo. En el nuevo espacio tenía que resolver gastos y necesidades que antes podía solucionar de manera mucho más sencilla o autogestiva. En el parque podía guardar mercancía en casa de su abuela, ir al baño o desayunar ahí. Después de la reubicación tuvo que buscar dónde almacenar sus cosas y asumir gastos que antes no existían.

La diferencia entres ambas experiencias permite entender que una reubicación puede existir formalmente y, aun así, no ofrecer las mismas condiciones económicas. El Gobierno de Guadalajara también informó que, además de los espacios en tianguis y mercados, había programas de emprendimiento dirigidos especialmente a mujeres, con créditos preferenciales, asesoría y acompañamiento para incorporarse a la formalidad. Para quienes dependían de la venta informal como ingreso cotidiano, sin embargo, incorporarse a otro modelo no necesariamente era sencillo.

No todas las personas vendían lo mismo, no todas tenían permisos, no todas tenían la misma documentación, no todas contaban con capital para invertir y no todas tenían una clientela que pudiera seguirles.

Gabriel calcula que solamente alrededor de la mitad de las personas que conocía continuaron vendiendo. El resto dejó la actividad comercial. Entre quienes tuvieron mayores dificultades menciona a vendedores ambulantes de comida y a personas mayores que dependían del transporte público para llegar al Parque Rojo.

Reubicadas… pero ¿a qué costo?

Un negocio puede cambiar de dirección sin dejar de existir. 

Pero también puede desaparecer poco a poco cuando sus clientes dejan de encontrarlo.

El Parque Rojo tenía una ventaja difícil de trasladar: su ubicación.

Estaba conectado con las líneas 1 y 2 del Tren Ligero y con distintas rutas de transporte. Tony considera que esa accesibilidad fue parte fundamental del crecimiento que tuvo su negocio. Su público era principalmente joven y el parque le permitía encontrarse con personas que llegaban desde diferentes puntos de Guadalajara. Después de la reubicación, incluso quienes conservaron sus negocios tuvieron que convencer a sus clientes de hacer un viaje diferente.

Para algunas personas, las ventas disminuyeron.

Para otras, se volvieron irregulares.

Y para algunas más, el comercio dejó de ser una opción.

Ximena Reséndiz, quien ha investigado las dinámicas económicas de mujeres que vendían en el Parque Rojo, a través del fenómeno de las “nenis” explica que algunas de las comerciantes que conoció se trasladaron a otros espacios porque dependían económicamente de esa actividad. Otras dejaron de vender porque para ellas representaba solamente un ingreso secundario.

La diferencia importa.

Perder un ingreso adicional no significa lo mismo que perder el dinero con el que se pagan los gastos cotidianos. Y entre las personas entrevistadas para este reportaje hay quienes muestran precisamente esa diferencia.

Yuki, explica que sus ventas son su principal ingreso y que con ellas paga deudas personales y parte de su universidad. Ella llevaba años en el Parque Rojo, incluso antes de que existiera la estructura que posteriormente conocerían quienes acudían al tianguis. Comenzó como ambulante, vendiendo aretes desde una pequeña caja, y pasó por distintas zonas del parque hasta que su actividad comercial creció.

Para ella, el tianguis no era solamente un lugar donde colocar mercancía.

Era una fuente de ingresos construida durante años.

Para Reséndiz, el problema puede observarse desde una perspectiva todavía más amplia. Durante su investigación sobre las mujeres que comerciaban en el Parque Rojo, encontró que algunas dependían de esa actividad debido a situaciones de violencia económica. Para ellas, vender no era simplemente una manera de obtener dinero adicional, sino una forma de generar ingresos propios que les implicaban autonomía e independencia frente a sus violentadores. 

La especialista sostiene que estas poblaciones suelen quedar fuera de la mirada institucional y cuestiona que, en lugar de reconocer su actividad económica, las autoridades opten por desplazarlas. Su lectura también incorpora a mujeres y disidencias que habían encontrado en el Parque Rojo espacios de comercio y comunidad. Y plantea una interpretación más incómoda sobre las transformaciones de la ciudad. Reséndiz utiliza el concepto de “blanqueamiento de la ciudad” para describir una lógica en la que aquello que no encaja con la imagen que se quiere proyectar simplemente se desplaza fuera de la vista. 

“Si no se ven no existe”, resume.

Durante años, el Parque Rojo fue un espacio donde convivían vendedores, estudiantes, artistas, jóvenes, colectivos feministas y distintas expresiones culturales. Esa diversidad también formaba parte de la identidad del lugar.

Uno de los comerciantes entrevistados considera que esa mezcla era precisamente una de sus características: ahí podían encontrarse distintas tribus urbanas y expresiones culturales que difícilmente convivían de la misma manera en otros espacios.

La remodelación modificó esa dinámica.

El Parque Rojo regresó. El tianguis de los sábados, no.

Desde antes de concluir las obras y la apertura del espacio en marzo de 2026, el Ayuntamiento había señalado que el lugar sería destinado a la convivencia ciudadana y que no se permitiría nuevamente la instalación de puestos comerciales como ocurría anteriormente. La administración argumentó que el parque no tenía vocación comercial y que su transformación buscaba recuperar áreas verdes, juegos y espacios para la convivencia.

Ya no se trata solamente de dónde venderán quienes fueron desplazados. Se trata de qué tipo de espacio público se quiere construir. Y también de quién cabe dentro de él. Las y los comerciantes entrevistados han pedido mejores condiciones en sus nuevas ubicaciones, pero también han planteado necesidades concretas: mayor difusión, mantenimiento, árboles y sombra, baños y espacios adecuados para trabajar.

No todas esas demandas significan necesariamente que el Parque Rojo deba volver a ser exactamente lo que era. Significan que la ciudad -gobierno y sociedad- no puede dejar de mirar las consecuencias de haber eliminado una dinámica económica que durante años existió en ese lugar.

Sergio, por ejemplo, tenía una marca propia de ropa que diseñaba y vendía en el Parque Rojo. Después del cierre se quedó con poca mercancía de su marca y comenzó a vender ropa usada para generar ingresos.El cambio muestra una de las consecuencias menos visibles de una reubicación forzada: no siempre se abandona el comercio, pero sí puede abandonarse el negocio que una vez existió.

La mercancía cambia. El público cambia. El lugar cambia. Y, con ello, cambia también la identidad comercial.

Pero existe otra historia: la de quienes encontraron una manera de crecer.

Tony comenzó en el Parque Rojo vendiendo hot dogs. Al principio vendía apenas tres o cuatro en jornadas de seis o siete horas. Mientras el negocio crecía, comenzó a grabar videos y compartirlos en redes sociales. Uno de esos videos, relacionado con una discusión sobre el acceso a la electricidad para conectar su plancha, alcanzó millones de reproducciones.

La difusión cambió el negocio.

En una semana, recuerda, el video llegó a alrededor de cinco millones de visitas. El siguiente fin de semana llevaba 40 salchichas y las vendió en aproximadamente 2 horas. Pero Tony no atribuye todo a internet. También reconoce que el Parque Rojo era fundamental. 

Después del cierre, Tony de Hamburguesas Gogo comenzó a participar en bazares y finalmente abrió un restaurante. Pasó de vender una vez por semana a tener un negocio formal, con cocina profesional, permisos y alrededor de diez personas trabajando durante los fines de semana.

El cierre, en su caso, terminó convirtiéndose en un punto de inflexión.

Pero su historia no demuestra que las y los comerciantes tuvieran las mismas oportunidades.Su caso permite mirar otra realidad. Si la difusión puede ayudar a impulsar un negocio, ¿qué habría ocurrido con otras y otros comerciantes si hubieran recibido la misma visibilidad?

Tony consiguió llevar a sus clientes consigo porque había construido una audiencia antes del traslado. Otras y otros comerciantes tuvieron que empezar prácticamente desde cero.Por eso, una de las demandas que actualmente aparece entre quienes fueron reubicados es que las personas sepan dónde están. 

En abril de 2026, comerciantes reubicados en Mezquitan denunciaron que sus nuevas ubicaciones no tenían el mismo flujo de clientes que el Parque Rojo y solicitaron al Ayuntamiento mayor difusión para sus negocios. Algunos señalaron que el espacio tenía potencial, pero que no había recibido la promoción necesaria para atraer al público.

La discusión no debería reducirse a elegir entre “comercio” y “espacio público”.

Porque quienes vendían también forman parte de la ciudad.

El reto está en determinar si es posible ordenar el comercio sin desaparecerlo, recuperar áreas verdes sin eliminar las actividades económicas y mejorar un espacio público sin convertir a quienes trabajaban ahí en el costo invisible de la transformación, en esto coinciden las y los comerciantes que fueron entrevistados.

La historia de Tony demuestra que la difusión puede transformar un puesto en una marca. Las historias de quienes perdieron ventas muestran que no todos tuvieron esa misma posibilidad.

La pregunta, entonces, no es solamente si los comerciantes deberían regresar al Parque Rojo. Es si una ciudad que transforma sus espacios también tiene responsabilidad sobre las personas cuya economía estaba construida alrededor de ellos.

¿Puede recuperarse el espacio público sin dejar fuera a quienes durante años hicieron vida en él?, ¿Puede una ciudad verse más limpia sin hacer menos visibles a las personas que viven de su comercio? Y, sobre todo, después de todo lo que se prometió durante las mesas de diálogo:

¿Qué quedó realmente para quienes tuvieron que irse?

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Este reportaje fue realizado en el marco del Bloque de Producción periodística convergente del Tec de Monterrey Campus Guadalajara, del cual ZonaDocs fungió como Socio Formador.

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