#ZonaDeOpinión
Por Anashely Elizondo / @Anashely_Elizondo
Sin pensarlo ni planearlo, de pronto el tiempo pasó y yo ya entendía -más o menos- todo.
Los chistes sobre sexo, los plazos e interéses de una tarjeta de crédito, lo que está bien (o no) decir frente a la gente, qué ropa usar en diferentes situaciones, cómo comportarme en juntas de trabajo, cómo ser menos egoísta e incluso hasta cómo amar mejor a los demás y a mí misma.
De pronto ya entendía lo que la comida chatarra le hace a mi corazón, lo dañino del azúcar, cómo la comida actúa una vez dentro de mi estómago. Entendía los impuestos, el predial, la renta, el ISR, las demandas colectivas, los sindicatos laborales, las estrategias de marketing, las mentiras más absurdas de la historia de mi país. Comprendí, a tientas, cómo se manejaba el mundo.
No sé cuándo ni cómo fui aprendiendo sobre eso, cuando empecé a ver todo con una mirada más crítica pero desde entonces ya casi nada me parece inofensivo. A mis 26 años, el mundo que me rodea parece ser una enorme trampa, una masa de mentiras que se expande con cada decisión que tomamos, con lo que decidimos -o no- comprar. He perdido ya la inocencia de las cosas y sé que Santa Claus es rojo no para distinguirse en la nieve del Polo, como pensaba de niña, sino para vender más Coca Colas.
¿Cuándo dejé de ver el mundo con inocencia y esperanza? ¿Por qué cada árbol que veo recién plantado pienso, de inmediato, que pronto morirá? ¿Por qué cuando veo un bebé, recién nacido, tierno y suave, pienso, de inmediato, qué no queda nada bueno que este mundo pueda darle? ¿Dónde quedaron aquellos deseos de descubrirlo todo? ¿Por qué ahora quisiera no saber nada?
Tal vez el mundo de ahora ya no tiene la magia de antes. O tal vez era mi mirada emocionada por aprender todo lo que ahora he conseguido saber. Ojalá no saber nada nunca más y volver a pensar, emocionada, que las personas fabrican juguetes para ver a las infancias felices y que el dinero no tiene (nunca) nada que ver con nada.

***
Súmate a nuestra campaña de donaciones solidarias:


