Red de Masculinidades Críticas
Por Erick Daniel Solís Avalos* / Vatos Trabajando / @vatos_trabajando (IG)
Seguramente, si tienes redes sociales o un ligero contacto con la sociedad, has tenido conocimiento de este caso famoso donde un profesor decidió cancelar su suscripción a la vida luego de que se le acusara por delitos de naturaleza sexual. El profesor, antes de hacer la desvivición (y en resumen) argumentó que lo hizo bajo la excusa de las “denuncias falsas”.
Miren, la idea no es atacar a una persona que ya no está viva y que no se puede defender, pero justo, a raíz de este evento, salió con particular fuerza a la mesa de discusión pública este tema de las denuncias falsas; que si arruinan vidas, que si la presunción de inocencia, que sí es un problema nivel Avengers, cosas de esa índole pero ¿qué tanto se está hablando desde la desinformación y que tanto desde el afán de monetizar y politizar?
Con motivo de esto, hoy es pertinente hablar de lo que realmente implica a ir a denunciar; primero con una explicación más desde el aspecto legal y después un análisis social de todo el contexto detrás de lo que implica denunciar, así como la realidad de lo que pasa en los juzgados, el Ministerio Público y hasta la policía, platicado de un abogado, de un amigo, de un compita.
Empezamos por el principio.
Vamos a tocar el tema como lo que es, así crudo. El sistema judicial penal está estúpidamente rebasado, no es una invención ni delirio mío y es más, cualquier abogado que se dedique a la materia penal les va a decir que está totalmente topado lo que pasa desde que se presenta la denuncia (o pasa un delito) hasta la sentencia.
Para darnos una idea de cómo están las cifras, veamos lo siguiente:

De un análisis de la información compartida por el INEGI, el ENVIPE y la organización México Evalúa, podemos extrapolar que, por cada 100 delitos que ocurren, 10 son los que llegan a denunciarse, es decir, presentarse ante el Ministerio Público para que inicie la investigación. De esos, 7 se investigan, es decir, que no toda denuncia se investiga, pues el Ministerio Público tiene la facultad de determinar si puede o no existir un delito.
Vamos con esas 7 carpetas de investigación que pueden tomar meses; entre que el Ministerio Público está rebasado, no tiene presupuesto y/o no están capacitados, 2 llegan a “judicializarse”, que no es otra cosa que el M.P. diciendo “Va, sí tenemos elementos para ir con el Juez” y de ahí el Juez califica si sí puede ser, y de ahí se gira una orden de comparecencia (ven, ándale) o de aprehensión (no te pregunte, ven).
Como existe un estándar probatorio súper fuerte en los juicios penales, bajo la premisa de que eres inocente hasta que se demuestre lo contrario, de esas dos humildes carpetas menos de una llegan a obtener una sentencia condenatoria.
O sea, desde ahí ya tenemos un problema, porque no todos los hechos que podrían ser delitos se denuncian, los que sí se denuncian, no todos llegan a un juez (llamado Juez de Control) y no todos los que llegan a un juez llegan a una sentencia condenatoria (emitida por un Tribunal de Enjuiciamiento).

Desde ahí ya la tenemos bien difícil; el sistema judicial le ha fallado y le falla a la ciudadanía por un montón de factores que podrían constituir hasta tesis, pero ese no es el enfoque de este artículo, sino más bien, el contexto que nos permite entender dónde estamos parados realmente cuando hablamos de este tema de las denuncias, o su hermano menor, la querella.
Qué es la denuncia.
Ya siendo más técnicos, la denuncia es el aviso formal que hace una persona a la autoridad con el fin de que se determine la situación legal de tal evento. Por lo general, la denuncia es la materia prima de la materia penal, pero también existen denuncias civiles, como cuando muere una persona y se “denuncia” al Juez en la materia competente para que se haga la distribución de sus bienes.
¿Y la denuncia falsa, apá? Bueno, haciendo una interpretación jurídica y social, la denuncia “falsa” puede tener dos enfoques:
- El bonito. Una denuncia hecha por eventos que no son necesariamente congruente con la realidad material de las, pero que carece de la intencionalidad del autor (la malicia) o escapa de su alcance de posibilidades (la culpa)
- El feo. Una declaración de hechos que no ocurrieron, o que se han simulado, con el declarado de que otra persona sufra consecuencias legales por ello.
Me parece importante destacar que la discusión casi nunca es en el primer escenario, sino en el segundo, presumiendo que existe una especie de…. ¿campaña? ¿Malicia colectiva? De personas, principalmente mujeres, que pretenden arruinar la vida de otra, generalmente hombres, por alguna especie de revanchismo y odio misándrico o algo de esa naturaleza.
Continuando con el análisis, vale la pena hablar, aunque sea de rápido, de lo que es la presunción de inocencia y como es esta primera “traba” para hablar de denuncias falsas.
Yéndonos desde la mera base, la propia Carta Magna establece que en la aplicación y entendimiento de los derechos humanos, una de sus características es que son interdependientes, o sea, no puedes aplicar a un caso uno sin considerar otros. Su protección no es aislada, tipo “hoy quiero uno de igualdad y aparte uno de libertad con cebolla, porfa”, todo es parte de una hermosa y revuelta ensalada jurídica.
Cuando hablamos, luego entonces, del tema penal, debemos considerar que dentro de dicho proceso hay un choque de dos derechos (y muchos otros, pero ya es materia de otro estudio), la libertad del presunto agresor versus la justicia de la posible víctima. Así de rápido; libertad es tener la disposición sin impedimentos de hacer lo que te nazca de los gametos, justicia es que a cada persona se le de lo que le corresponde con base en sus actos, sus ideas y sus pensamientos.
Como la libertad es uno de los derechos que más impacta la vida de las personas, las autoridades deben de tener la mayor seguridad posible de que, si se le va a privar a una persona de este derecho tan importante, pues más vale que sea porque se tuvo la certeza de que este persona, en efecto, se pasó de rosca (como dicen los chavos).
¡Ah! Pero perensén ¿cómo se supone que los operadores jurídicos van a empalmar o estudiar estos escenarios? Harto sencillo, pues existen una serie de mandatos constitucionales que fungen como reglas que estos individuos deben ponderar al estudiar un caso. Véamoslo como “reglas” del juego jurídico, siendo ejemplos de algunas de estas “reglas”:
- Principio de igualdad
- Principio pro persona
- Principio de proporcionalidad
- Presunción de inocencia.
Entendiendo esto, entonces, es factible decir que la presunción de inocencia es esta prerrogativa que reviste a los posibles agresores para que, dentro y fuera del juicio penal, siempre se parta el estudio del caso pensando en que son personas inocentes, debiendo demostrar el Ministerio Público, con el auxilio del asesor jurídico de la víctima u ofendido, que lo que le señalan que hizo la persona sí pasó y existen harto mucho muy elementos probatorios para decir que, sí, en efecto, se pasó de rosca.
Una de esas caritas de la presunción de inocencia es como un estándar probatorio, es decir, las pruebas que ofrezca el Ministerio Público y el asesor jurídico deben buscar responder esta pregunta ¿Esto derrota o demuestra claramente la culpabilidad del carnal? Mientras que las pruebas de la defensa deben de responder ¿Esto fortalece, mete duda o combate las pruebas de la otra parte? Chavos, no es nada fácil obtener una sentencia condenatoria, por lo que, desde ahí, ya tenemos un obstáculo para el aparente poderío brutal de las denuncias falsas.
¿Por qué entonces tanto temor por las denuncias falsas?
Si una denuncia rara vez llega a sentencia condenatoria, y además, existe un parámetro “protector” de los presuntos criminales ¿por qué hace tanto ruido a diversos (mal)informadores, podcasteros y personalidades de internet? Harto fácil. Representa una “falsa equivalencia” de problemáticas, una reducción absurda entre dos problemas y una respuesta a la justa causa de muchas mujeres que señalan la horrorífica violencia sexual que viven a raíz de nosotros los pene portantes.
¿Pero cómo así, tío Erick? Vamos a expresar el argumento utilizando los viejos silogismos, porque es bien bonito y porque ilustran con claridad el punto.
- Las mujeres sufren, en cantidades ridículas, violencia sexual, lo que constituye un delito que debe perseguir la autoridad.
- Los hombres sufren, en suficientes cantidades, denuncias falsas por mujeres rencorosas/dañadas/etc, lo que también es un delito y debe ser perseguido.
- Como ambos son delitos, y ambos son problemas, entonces no es un tema de violencia de género, sólo de delitos.
El argumento es más complejo que eso, pero si se disgrega los argumentos de estos personajes tan… inexpertos, por no decir maliciosos, la premisa va a en torno esto de que “¡Las denuncias falsas destruyen la vida de buenos hombres!” “Las mujeres también utilizan el sistema a su favor para acabar con hombres inocentes”!
Hijos mano, el presidente del país militarmente más poderoso del mundo ya ha sido oficialmente sentenciado por delitos de naturaleza sexual y ahí lo ves campante al tirano colo Fanta.
Chales mano, ahí tienes a Chris Brown, que agredió brutalmente a Rihanna hace unos cuantos añitos y sigue teniendo conciertos bien padriuris.
¿Y qué dicen las cifras? Bueno, primero, es bien importante decir que no existen estadísticas “claras” sobre lo que son las denuncias falsas en delitos sexuales, pero nuevamente podemos extrapolar información como se observa a través de la siguiente gráfica.

Esto es a nivel internacional, pues en México es muy difícil hablar de una estadística clara y concreta, por lo que cualquier persona que te venga a decir que tiene el dato duro y frío, o es ignorante o es un embaucador, y ninguna de esas opciones está chiquiti boom bombita.
Lo que sí podemos hablar es de los niveles de impunidad en los delitos sexuales y violencia familiar.
98.6% de los casos de violencia familiar quedan en impunidad ¡Santa madre! Si no lees esta estadística y sientes un profundo terror y asco, sino que tu primera reacción es pensar “pe-pe-pero las denuncias falsas!!!” Estás buscando defender el patriarcado más que entender realmente el tema ¿y la verdad? No te juzgo, hermano, porque es repugnante mirar las cifras y pensar en tantas mujeres violentadas y más aún pensar que somos parte del problema.
Más se diluye el debate si realmente nos ponemos técnicos:
¿Cuántas veces, al hablar de denuncias falsas, se habla sobre las carpetas que no son investigadas porque el sesgado Ministerio Público considera que no hubo violencia?
¿Cuántas veces, al hablar de denuncias falsas, se toca el hecho de que los Ministerios Públicos no están capacitados, no tienen recursos y no tienen personal y terminan archivando el expediente?
¿Cuántas veces se habla que, por los propios sesgos culturales y sociales, las autoridades absuelven, reducen la pena o reconfiguran el delito?
No, el debate siempre se reduce a un imbécil “pero es que también a los hombres nos pasa” Sí Ramiro, sí también nos pasa, pero si de verdad te preocupa la integridad de tus hermanos ¿no te parecería también bien importante abrir el debate sobre los hombres que viven violencia sexual? ¿O por qué tanto énfasis en una problemática tan estadísticamente insignificante?
Tengamos precaución aquí, sí existen hechos de denuncias falsas, el que suscribe ha visto directa y presencialmente un caso de esos ¿pero saben también que he visto? Mujeres asesinadas a golpes por un marido borracho y/o celoso y/o que no sabe recibir que no, mujeres violentadas sexualmente por grupos de hombres que eran sus amigos, mujeres violadas por sus propios maridos, por sus propios novios ¡Por sus propios padres y tíos! Y peor, a una sociedad en silencio que parece indignarle más el que una mujer haga ruido que el que un hombre sea atroz y esto se tilde de “pasional”.
Quiero cerrar, antes de que me de un aneurisma del puro coraje, con que no se trata aquí de anular a las víctimas que han existido de denuncias falsas, ni negar que por ahí existen mujeres que buscan aprovecharse del sistema legal para su beneficio, pero sí de que hablemos las cosas claras y señalemos el contexto en el que suele traerse el problema de las denuncias falsas y como, en el gran esquema estadístico, tratar de elevarlo a la misma categoría urgente que la violencia sexual que viven las mujeres es profundamente insensible e ignorante, en el mejor de los casos, o maquiavelíco y cruel en el peor de estos.
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Erick Daniel Solís Avalos, con cédula profesional 11320455, abogado y analista social con perspectiva de género.


