La calle del Turco
Por Édgar Velasco / @Turcoviejo
Foto por Mario Marlo / @Mariomarlo
¿A qué huele el agua en la casa del gobernador? ¿Y en la de la alcaldesa? ¿De qué color sale el líquido en la casa del director del SIAPA? ¿Cuántos filtros se están pagando en las casas de cuántos funcionarios con cargo al erario? ¿Qué cosa es necesaria que pase para que todos los órdenes de gobierno se tomen en serio el tema del agua en Jalisco y, seguramente, en buena parte del territorio nacional? ¿Por qué nunca se habla de responsables y castigos y sanciones?
Los reportes por el agua de pésima calidad que está llegando a los domicilios del Área Metropolitana de Guadalajara no son nuevos. Tienen por lo menos tres años que se volvieron cotidianos: agua turbia, con color a tamarindo, con mal olor. Pero lo que pasó en la última semana se volvió escandaloso: agua fétida, con un persistente y penetrante olor a aguas negras, comenzó a salir en muchas colonias de la ciudad; en otras, de plano salió agua digna de un pantano.
Pareciera que, orgulloso del estado del río Santiago y de sus trabajos de “rescate”, el gobierno de Jalisco decidió compartir con los hogares tapatíos la experiencia de vivir cerca de su cauce, llevando hasta los domicilios particulares la Río Santiago Experience con solo abrir el grifo.
En abril del año pasado fui hacer una cobertura por los reportes de los y las vecinas del Arroyo Seco, quienes denunciaban la pestilencia de cuerpo de agua a causa de las aguas negras. Escribí entonces: “¿Cómo se cuenta un olor? ¿Cómo le transmites a las personas que esas líneas que están leyendo tienen un hedor insoportable, que las fotos que acompañan esos párrafos, apestan? ¿Cómo le haces entender a la gente que no importa cuántas palabras lea, cuántas imágenes contemplen, qué tan gráficas sean, porque nada va a poder reproducir ese olor que se te mete por las napias, que te impregna la ropa, que se queda encerrado en el auto, que se te mete tan adentro que ya no sabes si es el agua o el aire o tu alma lo que hiede? ¿Cómo?”. Bueno, pues ahora no sólo estaba ahí, oliéndolo en la distancia, sino debajo del chorro, haciendo un esfuerzo titánico para no vomitar. Lo viví yo, lo vivimos muchas personas.
El martes, acorralado por la denuncia social y la convocatoria para una megamarcha el próximo domingo, por fin “dio la cara” Pablo Lemus, gobernador del estado, acompañado de las y los presidentes muncipales y del SIAPA con cara de falsa consternación. Hipócritas. Siguiendo la escuela de su predecesor, Enrique Alfaro, el actual gobernador limitó la comparecencia a un video, ahorrándose las preguntas de la gente o de los medios de comunicación. Cobarde.
En su video, Lemus Navarro anuncio la instauración de los tandeos como política pública para responder a la contigencia. Antes, “explicó” que la crisis se debía a unas descargas ilegales que habían ido a dar a la presa de Las Pintas, cuya agua contaminada había llegado a los hogares sin tratamiento.
¿Responsables de las descargas? Ninguno.
¿Responsables de no detener a tiempo la distribución de esa agua puerca? Ninguno.
¿Sanciones, castigos o consecuencias contra las personas responsables? Ninguna.
Si lo que sale de los grifos en buena parte de la ciudad es agua pestilente, las “explicaciones” dadas por el gobernador tienen el tufo hediondo de la corrupción y de la impunidad.
Y luego, la “solución”: Pablo Lemus anunció los tandeos como política pública por durante al menos seis meses. Spoiler: va a durar más. ¿Qué hay agua contaminada saliendo por los grifos? Bueno, pues entonces que no haya agua. El gobierno y las autoridades encargadas de gestionar el tema —el SIAPA y las Comisiones Estatal y Nacional del Agua— llevaron el tema hasta la peor encrucijada posible: ¿Qué quieren: tener agua puerca o no tener agua? Por que, vaya, no se puede tener todo en la vida.
Ahora bien, ya lo he escrito aquí y lo han dicho muchas personas antes que yo en muchos espacios: la crisis que estamos viviendo ahora es consecuencia de años, muchos años, de abierta negligencia en el tema del agua. No se actualizó la infraestructura, no se vigilaron las descargas, no se sancionó a quienes violaron las leyes ambientales. Y por lo que se ha escuchado en estos días, eso último tampoco va a pasar. Hay quienes creen que está bien contaminar los cuerpos de agua porque no hay consecuencias.
Por otra parte, me sigo preguntando cómo fue que se dieron cuenta que estaba llegando agua puerca a la red y no hubo nadie que se encargara de cerrar la llave. ¿Negligencia? ¿Incapacidad técnica? ¿Ignorancia? ¿De verdad no hubo nadie que dijera: “Esta agua está puerquísima, cierren las llaves aunque se corte el suministro”. ¿Cuánta dejadez debe caber en esas personas para quedarse de brazos cruzados y no detener lo que, ahora sabemos, sí era posible evitar? Si la solución inmediata era dejar de tomar agua de la presa de Las Pintas, ¿por qué se tardaron tanto tiempo para hacerlo? Criminales.
Ojo: esta semana la gota que derramó el vaso fue el agua pestilente, pero desde hace mucho tiempo se ha venido denunciando la pésima calidad del agua: hay evidencia documenta de que el líquido tiene metales pesados y, en muchos casos, presencia de materia fecal y bacterias como e coli. Y de eso poco o nada se ha dicho por parte de las autoridades, que han optado por negar los reportes y decir que todo está bien con el agua —pero, si es posible, mejor no usarla.
Y bueno, tampoco está de más recordar que no hace mucho Enrique Alfaro anduvo pavoneándose porque, según él y su esquizofrenia, iba a cerrar su administración garantizando el agua para los próximos 50 años. Su “solución” no duró ni dos años y además el agua se pudrió.
Por los tiempos en que ocurrió, el anuncio de las medidas pareció más un intento por desactivar la protesta convocada para el domingo que otra cosa. No va a pasar: el descontento social alcanzó niveles muy altos, como ha quedado demostrado en los bloqueos que tuvieron lugar esta semana en la avenida Colón y a los que la autoridad respondió de la peor manera: enviando a los antimotines. En sentido contrario, lo único que ha pasado estos días es que se ha reafirmado la convicción de la gente de ir el domingo a protestar. Allí nos vemos.

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