La manipulación emocional puede aparecer en relaciones que también tienen momentos de cariño y romanticismo. Inés Velasco cuenta cómo las discusiones, la culpa y la presión sobre sus límites afectaron su relación con su familia, sus amistades y consigo misma. En México, el 35.4 % de las mujeres de 15 años o más reportó haber vivido violencia psicológica por parte de su pareja actual o última a lo largo de esa relación, según la ENDIREH 2021.
Por Jimena Cañez Marron
Al principio, Inés no identificaba su relación como un espacio en el que pudiera estar experimentando manipulación. Recuerda el inicio como una etapa romántica, llena de mensajes cariñosos, citas y conversaciones diarias. Se llevaban bien, comenzaron a coquetear y, con el tiempo, ella se enamoró. Nunca se había sentido tan amada como durante esa relación.
Sin embargo, con el paso de los meses, las discusiones comenzaron a ser frecuentes. Lo que inicialmente interpretaba como una forma de expresar sus emociones se convirtió en una fuente constante de estrés. La relación entre su pareja y sus padres era complicada, y ella sentía que tenía que responder a las expectativas de ambos lados.
En retrospectiva, reconoce que algunas conversaciones la hacían sentirse responsable de los problemas. Su pareja le decía que ella no lo consideraba su prioridad y que él hacía todo por estar con ella. También cuestionaba la relación de Inés con sus padres. Una de las frases que recuerda es que nadie más estaría dispuesto a tener una relación con ella debido a su situación familiar.
“Me hacía sentir que él me estaba haciendo un favor por estar conmigo”, recuerda sobre aquella dinámica.
La violencia psicológica no siempre se manifiesta mediante insultos constantes o amenazas evidentes. También puede aparecer en forma de humillaciones, culpabilización, presión emocional y conductas de control. La Organización Mundial de la Salud reconoce el maltrato psicológico y los comportamientos controladores como formas de violencia de pareja.
En México, la ENDIREH 2021, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), estimó que el 39.9 % de las mujeres de 15 años o más había experimentado alguna forma de violencia por parte de su pareja actual o última a lo largo de esa relación. La violencia psicológica fue la más reportada dentro de ese ámbito, con un 35.4 %. Estos datos muestran que la violencia dentro de las relaciones no se limita a las agresiones físicas.
En el caso de Inés, las consecuencias también alcanzaron sus relaciones familiares. Cuenta que llegó a estar peleada con sus padres durante aproximadamente dos años. En aquel momento pensaba que ellos eran el principal obstáculo para su relación y que los conflictos se debían a que ella no sabía poner límites. Después, al tomar distancia, comenzó a cuestionar esa interpretación.
También recuerda haberse alejado de una amiga con la que antes mantenía una buena relación. Aunque no puede determinar cuánto influyó su expareja en ese distanciamiento, hoy considera que es una de las cosas de las que más se arrepiente.
Otro aspecto que le costó procesar fue la presión que experimentó en la intimidad. Explica que, en ocasiones, cuando no quería tener relaciones sexuales, su pareja insistía repetidamente o le decía que sentía que ella ya no estaba interesada en él. Con el tiempo, terminó accediendo a algunas cosas que no deseaba hacer porque quería complacerlo.
Al hablar de esa experiencia, Inés reconoce que todavía tiene dudas sobre cómo interpretarla. Se pregunta hasta qué punto su pareja sobrepasó sus límites y hasta qué punto ella cedió por la necesidad de hacerlo feliz. Sin embargo, decir que sí después de insistencias o presiones no elimina la importancia de analizar si existió consentimiento libre de presión.
La relación terminó después de varios conflictos. Inés comenzó a cuestionarse si ambos querían el mismo futuro y se sintió profundamente lastimada cuando su pareja utilizó una discusión que había sido dolorosa para ella para hacer reír a sus amigos y burlarse de su situación. Días después, decidió terminar.
La separación no significó que comprendiera inmediatamente todo lo que había vivido. Durante un tiempo buscó sentirse elegida por otras personas, pero después de algunos encuentros se sentía insatisfecha y emocionalmente mal. Con el paso de los meses, comenzó a hablar sobre la relación con personas cercanas y a trabajar esas experiencias en terapia.
Fue entonces cuando empezó a reconocer aspectos que había idealizado por tratarse de su primer amor. Aunque recuerda momentos genuinamente felices, también pudo identificar las situaciones que habían afectado su bienestar y su percepción de sí misma.
Desde su experiencia, uno de los aprendizajes más importantes ha sido escuchar sus propias emociones. “Puedes amar a alguien mucho y aun así saber que no es la persona para ti”, reflexiona.
Su testimonio muestra que reconocer una relación dañina puede ser un proceso complejo, especialmente cuando existen sentimientos de amor y recuerdos positivos. Identificar la manipulación no requiere negar lo que se sintió, sino reconocer también las situaciones que causaron daño.
Para Inés, el consejo que le daría a alguien que atraviesa una experiencia similar es prestar atención a la incomodidad, al estrés y a la pérdida de confianza que puede aparecer dentro de una relación. No es necesario considerar a la pareja una persona completamente mala para reconocer que una dinámica está haciendo daño.


