La calle del Turco
Por Édgar Velasco / @Turcoviejo
Foto: Mario Marlo / @MarioMarlo
Primero fue el bombazo y luego, la nube de gas. Después vinieron el ardor en los ojos y la piel, la garganta cerrada y las horcajadas. Recuerdo esos momentos como si hubiera estado en un salón con nubes estroboscópicas: fragmentos de gente gritando, oscuro, agachada, oscuro, jalando aire, oscuro, casi vomitando: los ojos me ardían si los tenía abiertos y me ardían si los tenía cerrados. Y luego, las manos anónimas: frente a mí aparecieron manos con botes de agua para enjuagarnos la cara. Y el regreso con una convicción: “¡Somos más!” “¡No nos vamos!”.
Al igual que más de diez mil personas, acudí a la marcha para exigir agua limpia. Al igual que muchas de las personas que llegamos hasta Casa Jalisco, me tocó uno de los ataques con granadas de gas lacrimógeno 5220 Riot CN Smoke, cargadas con cloroacetofenona (CN), un compuesto que irrita severamente las mucosas, los ojos y el sistema respiratorio. En el colmo del cinismo, vi los chorros de agua para atacar a gente que marchaba para exigir agua en sus casas. ¿Qué sigue? ¿Que los antimotines compren guanacos como los carabineros de Chile? ¿Esa fue la enseñanza de las capacitaciones que recibieron previo al Mundial?
La crisis por el abasto de agua limpia en la zona metropolitana de Guadalajara sirvió además para que se cayeran muchas máscaras: primero, la del gobernante benévolo abierto al diálogo que estaba tratando de impostar Pablo Lemus; y después, la de la gente que justifica —y abiertamente celebra y se ceba en— los actos de represión y abuso de autoridad ejecutados por la policía estatal, con uniforme o sin él.
Sobre el primero, se cayó la máscara buena onda de alguien que el jueves prometió seguridad para la manifestación y el domingo no dio la cara en todo el día mientras la policía mojaba, gaseaba, apedreaba, detenía, incomunicaba, montoneaba y torturaba personas —vamos, como en canción de Botellita de Jerez. Lemus ignoró un problema que viene creciendo desde hace mucho tiempo, ocupado como estaba en ser “la sede más mexicana” del Mundial. Fútbol y conciertos ocuparon toda su atención y, pero todavía, los recursos del estado. Y en el día más difícil, se quedó callado. Si el gobernador todavía no sabe cómo subirle el olor a un video, ahora ya sabe cómo subir la indignación de una sociedad harta de ver cómo algo tan indispensable como el agua limpia no ha sido una prioridad para sus gobernantes durante mucho, demasiado tiempo.
Sobre lo segundo, los días posteriores a la marcha han servido para darse cuenta de la cantidad de gente que disfruta del abuso de autoridad: todos los días salen cuentas y páginas de Facebook y “medios informativos” con una abierta agenda oficialista. ¿Cuánto está costando la pauta de publicaciones para hacer eco del discurso oficial? El viernes y el sábado comenzaron publicando que el agua milagrosamente estaba llegando limpia a las casas —el premio al pendejazo del sábado 10 de octubre se lo lleva la cuenta que, para ilustrar el milagro, posteó la foto de una cubeta con agua limpia que descargó de un anuncio de Mercado Libre.
Luego de la refriega del domingo, la pauta oficial se ha invertido en cuentas que buscan desacreditar a las y los manifestantes, justificando la excesiva y desproporcionada reacción de la policía retomando el argumento que consolidó Enrique Alfaro: hay fueras malvadas y oscuras que vienen de fuera para dañar a la inmaculada sociedad tapatía. Antes se sabía que los reventadores —que han estado entre nosotros todo el tiempo— eran gente del mismo gobierno, infiltrada para boicotear la movilización popular. Ahora, gracias a la polarización del país, el enemigo número del biempensante tapatío promedio es Morena. Y están tan convencidos que se cobijan en el meme para afirmarlo: no tienen pruebas pero tampoco tienen dudas.
El bot, la cuenta pautada y el biempensante tapatío le hacen el caldo gordo a la administración de Movimiento Ciudadano, que se aprovecha del repelús que provoca Morena: se da por descontado que quien protesta lo hace manipulado por el partido guinda. Valdría la pena preguntarles: si tanto miedo, odio, fobia —o lo que sea— le tienen a Morena ¿qué están haciendo para articular una oposición que evite que “entren” a Jalisco?
Eso abre otros frentes de discusión: si de verdad les preocupa tanto, deberían comenzar ya a articular opciones porque, luego de lo que ha venido pasando, Movimiento Ciudadano tiene un pie fuera del gobierno. ¿Cuál ha sido la estrategia? Nadar de muertito: Verónica Delgadillo y Juan José Frangie han salido limpios de todo este cochinero porque han nadado de muertito en las aguas puercas a las que Lemus prefirió darle el trago para no quemarlos de cara a lo que resta del sexenio o, por lo pronto, al proceso electoral de 2027.
Morena también debería tomar cartas en el asunto: va a ser patético que ganen terreno para terminar postulando a perfiles de impresentables como Carlos Lomelí, José María Martínez o Claudia Delgadillo. Mejor nadota.
La que termina ha sido una semana agitada, pero los temas del agua y del descontento social están lejos de encontrar solución. En cuanto al primero. La propuesta de solución de Pablo Lemús al problema del agua es un intento de privatización disfrazada ridícula por burda: pretende dejar en manos de la iniciativa privada la operación del suministro de agua, tal y como hicieron con los centros de verificación vehicular y la línea 4 del Tren Ligero, esquema que ha demostrado, en los hechos, ser privatizado.
Y en cuanto al segundo, lo ocurrido el domingo pasado no ha hecho sino enardecer los ánimos de la sociedad, que ya convocó a una segunda marcha para el próximo domingo 18 de octubre. A la exigencia de agua limpia se ha sumado una más: la revocación de mandato. Los ánimos están encendidos y vamos a ver qué tanto aprendieron Lemus y sus policías de lo que pasó el domingo pasado.
¿Ustedes van a marchar el domingo? Si ahí nos vemos, ahí nos saludamos.


